Obama’s secret weapon

Obama’s Secret Weapons: Internet, Databases and Psychology,
by Sarah Lai Stirland,
Wired.com.
October 29, 2008.

El NYT o la Casa Blanca, ¿quién influye en quién?

El día 11 de octubre, dos meses antes del anuncio de normalizar relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, el New York Times publicaba un editorial sorprendente en el que abogaba de manera directa, y sin motivo aparente, por el fin del embargo. El editorial, coherente con la línea del periódico hasta la fecha, sorprendía por el momento, en plena batalla electoral de las midterms norteamericanas. En una decisión sin precedentes el periódico decidía además publicar una versión integra del editorial en castellano, y el editorial, oportunamente divulgado por los medios de comunicación oficiales y el propio Fidel Castro, recibió un amplio eco en la isla.

Una semana después el periódico insistía en el tema cubano, con otro editorial en el que ensalzaba el papel de los médicos cubanos en la lucha contra el ébola. En lo que se convertía en la segunda de una serie de siete editoriales (que incluían la petición de un canje de prisioneros) que llegarían hasta el día 15 de diciembre, dos días antes del anuncio, cuándo el NYT se refería directamente a la situación de la economía cubana y a cómo Obama con una serie de medidas podría ayudar a mejorar la economía de Cuba.

Lo explicaba unos días antes Ernesto Londoño, editorialista del NYT, a la Cadena Ser. Según el editorialista de origen colombiano, incorporado recientemente al periódico procedente del Washington Post, las editoriales buscaban influir en la administración “en un momento en el que la Casa Blanca va a tener que tomar decisiones”. Además, consciente de la dificultad de que un Congreso republicano levantara el embargo apuntaba a una serie de medidas que podría adoptar de manera directa el Presidente norteamericano: “Puede reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba, puede flexibilizar un poco más las restricciones de viaje y los mecanismos para que las personas en EUU envíen dinero a Cuba, tanto a sus familia e inviertan en los nuevos negocios en la isla”.

Como señalaba Carlos Alberto Montaner la sucesión de acontecimientos no parece casual, y la pregunta es si el New York Times ha sido capaz de marcar la agenda de la Casa Blanca, o ha sido esta la que ha ido sembrando de interés e información al equipo editorial del Times para tantear primero y preparar después a la opinión pública norteamericana.

En la entrevista citada, el editorialista del NYT anunciaba que la serie no iba dirigida sólo a Estados Unidos y que continuaría con “una serie de llamados al gobierno cubano”, quedamos a la espera, y confiamos en que la normalización iniciada no incluya el silencio del periódico norteamericano en este tema.

Aquí podeis acceder a los editoriales:
11.10 Tiempo de acabar el embargo:

19.10. La impresionante labor de los médicos cubanos

26.10 Los cambios electorales respecto a Cuba

3.11 Un canje de prisioneros

9.11 Desventuras al derrocar un régimen

17.11 La fuga de cerebros

15.12 La economía de Cuba en una encrucijada.

Elecciones USA 2012: ¿un cambio definitivo?

Se ha escrito mucho sobre las elecciones norteamericanas, los factores claves para la victoria de Obama, el desastre republicano, el uso de las tics (especialmente del BIGDATA). A mi me interesa más mirar al futuro, y ver hasta que punto de los resultados de estas elecciones es posible extraer conclusiones sobre la situación actual de la sociedad norteamericana, y sus consecuencias electorales para los próximos años.

Sobre este tema me han interesado un par de artículos, elaborados desde perspectivas ideológicas muy diferentes:
– Este de Karl Rove en el WSJ
– Este de Andrew Kohut del Pew Research Center, publicado también en el WSJ

– Y éste análisis de Democracy Corps (Carville&Greenberg)

La tesis de fondo fue abordada en 2008 (antes de las primeras elecciones presidenciales que ganó Barack Obama) por Morley Winograd y Michael D. Hais (consultores demócratas con larga trayectoria profesional), que en “Millennnial Makeover” planteaban hasta que punto, tras el dominio ideológico republicano de los últimos 40 años, las circunstancias sociodemográficas y las innovaciones tecnológicas estarían dando paso a una nueva etapa política en Estados Unidos, que se prolongaría al menos durante unos 40 años.

Elementos como los resultados de 2008 y 2012; el voto joven, que en 2008 votó mayoritariamente a Obama; o el peso cada vez mayor de los latinos, también volcados en el candidato republicano serían síntomas de que la próxima etapa debería ser demócrata pero una lectura a fondo de los datos, como la que realizan los artículos anteriores, ofrecen resultados contradictorios. No hay duda que la sociedad norteamericana está cambiando de manera importante, y no hay duda que hoy en día son los demócratas los que mejor representan esos cambios, pero, frente a lo que pueda parecer, se trata de elementos que no se contradicen frontalmente con los principios del partido republicano por lo que, mi impresión, es que no podemos dar el partido por finalizado.

Os comparto la presentación que, dando vueltas a estas ideas, hice hace unos días en la Universidad de Navarra:

Voto latino: ultimátum y aviso a navegantes

Voto latino: ultimátum y aviso a navegantes

Los republicanos no tendrán muchas más oportunidades, y pueden perder el voto hispano para siempre.

Cuando Barack Obama ganó las elecciones de 2008, fue tal la impresión causada dentro y fuera de Estados Unidos, que algunos teóricos se apresuraron a anunciar un cambio duradero en el panorama electoral norteamericano. Los motivos eran fundamentalmente demográficos, singularmente el peso de jóvenes y latinos en el censo electoral.

Esta teoría pareció debilitarse en las midterm elections de 2010, cuando, frente a este tipo de vaticinios, el Partido Republicano recuperaba el control del Congreso y amenazaba seriamente la mayoría demócrata en el Senado. Y parecía tambalearse definitivamente cuando, tras su comentada actuación en el primer debate presidencial, donde logró romper los estereotipos firmemente creados por la campaña de Obama, Mitt Romney se puso en cabeza en las encuestas, manteniendo el liderazgo prácticamente hasta las últimas 72 horas. El huracán Sandy, que monopolizó la agenda de los medios, dando toneladas de publicidad gratuita al presidente Obama, y una impresionante maquinaria política, creada en 2008 y que había mantenido un perfil bajo desde entonces pero que en ese momento entró en acción de manera contundente, se encargaron de devolver las cosas a su sitio.

Hoy, las imprescindibles encuestas a pie de urna ponen de manifiesto que, si probablemente esos autores se precipitaron en 2008, en 2012 la teoría amenaza hacerse realidad.

Echando un vistazo al panorama electoral, podemos afirmar que es muy probable que Barack Obama no hubiera sido reelegido sin el histórico resultado que ha obtenido entre los votantes latinos en estados como Colorado, Nuevo México, Nevada, Ohio, Pensilvania e incluso Florida (excepción hecha de los cubanoamericanos).

Al tratarse de estados decisivos, la situación marca una tendencia que no tiene marcha atrás. No se trata sólo de un aumento del número: los hispanos son ya más de 50 millones –el 16,3% de la población, según el censo de 2010–, sino que ha aumentado su implicación en la política (registro electoral, donaciones, voluntariado y, finalmente, votación). Se trata de una manifestación inequívoca de un fenómeno que resulta determinante: el porcentaje de hispanos registrados para votar se mueve entre el 50 y el 90%, y en algunos lugares incluso supera al de votantes blancos registrados.

Todavía es muy pronto para acertar con los porcentajes de voto segmentado, pero todas las encuestas a pie de urna parecen indicar que los latinos registrados acudieron masivamente a las urnas y se decantaron masivamente por Obama, en unos porcentajes sólo igualados por Bill Clinton en 1996 (76%).

Aunque no hay duda de que los republicanos han invertido más dinero que nunca en tratar de atraerse el voto latino, las causas son mucho más profundas y tienen que ver con aspectos tácticos como la tardanza en poner en marcha la campaña latina, el miedo a la desmovilización de su electorado WASP y, sobre todo, la actitud de determinados republicanos, tanto en las primarias como en varias elecciones locales, de los que Romney no quiso distanciarse. Cuando lo intentó, ya con la nominación en la mano, era demasiado tarde.

Frente a lo que a veces se piensa, no es un problema del Tea Party (dos de cuyos miembros con más proyección son latinos: Ted Cruz y Marco Rubio) ni de programa electoral, o de medidas concretas (sin ir más lejos, McCain, que no consiguió sino un 31% del voto latino, había tratado de liderar la reforma migratoria desde el Senado); se trata fundamentalmente de una retórica que desde 2006 ha superado el discurso del control de la inmigración para caer en la agresión verbal, demagógica, gratuita y violenta, que ha hecho olvidar el eficaz trabajo que el maestro Lionel Sosa y su discípulo Cesar Martínez desarrollaron para Ronald Reagan y George W. Bush, y que lograron que un porcentaje de latinos superior al 40% se identificara con los valores conservadores del Partido Republicano, que tan bien deberían encajar en personas que se dejan la vida no solo por llegar sino por salir adelante, y que en ese salir adelante tiran habitualmente de dos países, el de origen y el de acogida.

Los republicanos no tendrán muchas más oportunidades, y pueden perder este voto para siempre. No basta por promover a sus líderes latinos a nivel nacional (algo que ya intentaron sin éxito con el senador Mel Martínez), ni con invertir más dinero en el público latino durante las elecciones: necesitan tener una posición clara, firme, y un discurso que deje a un lado la demagogia.

Se trata de una lección, prácticamente de un ultimátum, no sólo para los republicanos norteamericanos, sino para algunos que, en nuestro país, se agarran a planteamientos tácticos y de trazo grueso que estratégicamente están condenados a resultar contraproducentes. Bien harían en tomar nota.

Publicado en Libertad Digital