¿Desarrollo sin democracia?

La legitimidad de la promoción exterior de la democracia.

El concepto de Democracia actualmente no se encuentra limitado al de “una forma de gobierno”, como de su raíz etimológica pueda extraerse –demos (pueblo) y kratos (poder)-, sino que determina un “estilo de vida”, un modo de vivir basado en el respeto a la dignidad humana, los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunidad, así como el respeto a la libertad.

Rafa Rubio

Sobre el aborto, Ollero, los Catedráticos y la independencia del Tribunal Constitucional

Desde hace un par de días, tras una noticia publicada por El País, se viene hablando de la idoneidad del Magistrado Andrés Ollero para actuar como ponente de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo. El debate no es nuevo y se plantea tras la recusación en el año 2007 del Magistrado Pablo Pérez Tremps para intervenir en las deliberaciones y la votación de la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña.
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Despedida de Oswaldo Paya

Nunca pensé escribir estas líneas. Confieso que, como todos los que alguna vez hemos estados interesados en Cuba, alguna vez he intentado imaginar lo que dirían los periódicos el día después del “hecho biológico”, pero que Oswaldo Paya fuera a morir sin ver la llegada de la democracia a Cuba no entraba en mis planes:

El 26 de julio de 1953, Bayamo se convertía en un símbolo para los revolucionarios cubanos… Un grupo de jóvenes armados trataron de tomar al asalto el cuartel Carlos Manuel de Céspedes. Los libros de historia cubanos años después contarían como: “La gesta del 26 de julio de 1953 fracasó en el plano militar, pero políticamente resultó exitosa, porque inició el método de la lucha armada como vía para conquistar la libertad, e hizo nacer la organización que encabezaría la lucha y creó condiciones para la victoria.”
Años después la capital de la provincia de Granma, en la que nació Pablo Milanés, ha vuelto a los medios de comunicación de todo el mundo por el fallecimiento de Oswaldo Paya.

Conozco Bayamo, pasé allí un mes. Es un lugar cercano a Santiago de Cuba, en el que no hay mucho que hacer (lo conté en Recuerdo a Barataria) . Todavía recuerdo con horror mi viaje desde La Habana en el tren lechero (que para en todas las puertas) y mi sensación, y la de mis compañeros, al llegar a la estación. ¿Qué vamos a hacer aquí? Y es probable que muchos se pregunten lo mismo, qué hacía Oswaldo Paya recorriendo las deterioradas carreteras cubanas, a más de 700 km de su casa.
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Oswaldo Payá, enamorado de Cuba

Oswaldo Payá, enamorado de Cuba

Muchas veces me dijo que estaba convencido de que moriría antes que Fidel Castro. Nunca le creí, sorprendido de que ni siquiera él pudiera evitar esa exuberancia verbal cubana. Una vez más, tenía razón.

Oswaldo Payá amaba Cuba, por eso decidió quedarse cuando todo le empujaba a irse. Se sentía encerrado en su isla, pero siempre entendió que los muros de la isla-cárcel no tenían el tamaño suficiente para impedirle vivir con libertad y que el que algunos se quedaran era necesario para que todos los que un día se fueron pudieran regresar.

Decidió hacer política cuando comprendió que para el que quiere cambiar las cosas no hay nada peor que no hacer nada y que para lograr un gobierno justo no bastaba con salir a la calle pidiendo libertad. Trabajó siempre para ofrecer una alternativa posible a la dictadura de los Castro. Confiaba en la fuerza del comportamiento de los hombres libres, y, sin un ápice de ingenuidad, nunca rehusó abrir camino por los estrechos senderos que le ofrecía una legalidad que sabía meramente formal. Miraba con cierta envidia la transición pacífica en España, que conocía en profundidad. Quizás de ahí le venía su empeño de ir de “la ley a la ley” manifestado en su intento de presentarse como candidato a diputado en la Asamblea Nacional en 1992, y, sobre todo, en el lanzamiento del Proyecto Varela, que utilizaba la Constitución Cubana para convertir en leyes el derecho a la libre expresión, a la libertad de prensa y a la libertad de asociación. También el derecho de los ciudadanos a tener sus empresas, la modificación de la ley electoral nº 72 y la celebración de nuevas elecciones, y la amnistía para todos los presos políticos.

Creo que no tenía eso que los gurús del marketing político denominan carisma, pero demostró a lo largo de su vida ser un líder de talla internacional.

Entendía que el liderazgo era cuestión de claridad de ideas, de trabajo en equipo, y consiguió liderar un auténtico movimiento social que recorría Cuba de extremo a extremo. Hizo del MCL una gran familia, y cuidaba de sus miembros como hermanos, les llamaba constantemente, los visitaba en sus casas, y, cuando recibió algún premio internacional, compartió el dinero del premio, imprescindible para la supervivencia de aquellos expulsados de sus trabajos por ser “amigos de Payá”.

Era una referencia moral indiscutible, por eso era una amenaza tan seria en un régimen donde la corrupción lo contagia todo, llegando hasta los últimos rincones de la sociedad. Su fuerza le venía del convencimiento de estar luchando por lo más justo y lo mejor para el pueblo cubano, y de ahí que sorprendiera a todos los que tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente por su inmensa tranquilidad. Paz en el país de “Patria o muerte”, en un ambiente en el que la tensión forma parte del aire, y en unos tiempos en los que vivir deprisa parece obligatorio.

Es posible que esta paz fuera consecuencia de su fe. Una fe vivida, que daba sentido a su integridad y su honestidad. Una fe que le permitió sufrir por la incomprensión de la jerarquía de la iglesia cubana, sin perder nunca la paz.

Quizás era esa misma fe la que le permitía hablar de su muerte con tranquilidad. Muchas veces me dijo que estaba convencido de que moriría antes que Fidel Castro. Nunca le creí, sorprendido de que ni siquiera él pudiera evitar esa exuberancia verbal cubana. Una vez más, esta vez para desgracia de los que están convencidos de que la gente buena hace el mundo mejor, tenía razón. 

Publicado en Libertad Digital