Iglesia y Revolución en Cuba

Iglesia y Revolución en Cuba

Si pudiéramos echar un vistazo a la famosa biblioteca del olvido de Nabokov, seguro que encontraríamos miles de libros sobre la revolución cubana y sus consecuencias, incluido, por supuesto, el mío, Regreso a Barataria. Encontraríamos mucha política ficción, mucha psicología, mucho libro de humor, muchísimas hagiografías del Líder Máximo, asombrosos ejemplares más propios de la astrología o el esoterismo…

De entre los libros de asunto cubano que se salvarían de esa particular quema encontraríamos varias memorias y algún ensayo histórico como el que me dispongo a comentar, Iglesia y revolución en Cuba. Enrique Pérez Serantes (1883-1968), el obispo que salvó a Fidel Castro.

Habituados a unas versiones unilaterales de la historia en la que los implicados callan, por ejemplo, por miedo o desacuerdo, para la confección de esta obra el profesor Uría ha buceado en documentación cubana y estadounidense, en testimonios de cubanos de la Isla y de cubanos del exilio y en el archivo personal del arzobispo Pérez Serantes en Santiago de Cuba, que se abrió por primera vez precisamente para posibilitar la elaboración de este estudio. El resultado es un libro que aúna el rigor histórico con la capacidad de tratar con acierto un tema específico –que a algunos les parecerá menor– sin perder de vista un contexto complejo y mucho más amplio.

Son muchos los que, medio en broma medio en serio, culpan a monseñor Pérez Serantes, arzobispo primado de Cuba entre 1948 y 1968, del infierno que padece Cuba desde 1959. Su intervención ante las autoridades batistianas tras el ataque al cuartel Moncada (1953) fue decisiva para que el entonces líder rebelde Fidel Castro salvara la vida.

Desde ese momento, la historia es bien conocida. Lo que quizás muchos ignoran es la decisiva intervención de los católicos (jerarquía y laicos) en la revolución cubana. Fue el mismo Fidel Castro quien pidió al prelado que le acompañara en el histórico discurso que pronunció 1 de enero de 1959 en Santiago de Cuba, en el que prometió democracia, justicia y pan. Y lo hizo no sólo como agradecimiento a quien años atrás le había salvado la vida, sino como reconocimiento de la contribución de tantos cristianos –en su mayor parte católicos– al derrocamiento de Batista. Fue un reconocimiento… y un guiño a unas gentes que empezaban a vislumbrar la amenaza comunista que encarnaban los barbudos de Sierra Maestra (no todos; Huber Matos, por ejemplo, jamás fue comunista).

Las dudas no tardaron en convertirse en certezas y la colaboración inicial dio paso al enfrentamiento y a la persecución anticristiana. Pérez Serantes enseguida se puso, una vez más, del lado de la libertad. Le siguieron miles de cubanos defraudados con el giro comunista de la revolución, y todos terminaron aplastados por la poderosa máquina totalitaria del régimen.

La Iglesia se volvió a quedar en el lado de los más débiles. Se enfrentó al injusto régimen de Batista y al que le sucedió, que llegó predicando la libertad pero inmediatamente mostró su verdadero cariz totalitario y que no dudaba en encarcelar a los sacerdotes críticos en centros de readaptación.

El del papel de la Iglesia en la vida política, sobre todo cuando ésta tiene lugar en un Estado que vulnera sistemáticamente los derechos humanos, no es tema fácil. Desde estas páginas hemos reivindicado el difícil papel de la Iglesia en Cuba, siempre en la cuerda floja, siempre en la compleja situación de mantener su espacio de libertad en la Isla-Cárcel –espacio que la propia Iglesia abre a todos los cubanos (creyentes y no creyentes)– sin dejar de denunciar las violaciones constantes a los derechos humanos. En el otro lado se encuentra el interés del régimen por tender puentes con la única institución cubana verdaderamente no gubernamental que sobrevive en la Isla.

De ahí el interés de este libro. El recientemente fallecido monseñor Pedro Meurice –sucesor de Pérez Serantes en la sede santiaguera–, que tuvo la oportunidad revisar este libro antes de su muerte, tras contribuir activamente a su elaboración, no dudó en considerarlo un apoyo imprescindible para entender el actual estado de debilidad de la Iglesia católica en Cuba. Su actuación no es siempre bien recibida, y algunos cuestionan incluso resultados como la deportación masiva de los prisioneros de la Primavera de Cuba, que han pasado más de siete años en prisión. Este libro da pistas para comprender mucho mejor las raíces de esa aparente contradicción, una constante que, con pequeños altibajos, marca la historia de Cuba y de la Iglesia desde 1959.

IGNACIO URÍA: ENRIQUE PÉREZ SERANTES (1883-1968). EL OBISPO QUE SALVÓ A FIDEL CASTRO. Encuentro (Madrid), 2011, 620 páginas.

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Chile votó: el cambio ganó al miedo

Chile votó: el cambio ganó al miedo

Dice Manuel Castells que toda elección es una lucha entre el miedo y la ilusión: el resultado dependerá de quién elija cada bando y la situación del campo de batalla. En las elecciones chilenas, el escenario se ha presentado con toda crudeza: se optaba entre un proyecto de cambio, tras el agotamiento de Concertación, después de veinte años en el poder, y el miedo al fantasma de Pinochet y una caricatura de la derecha que no se parecía en nada al modelo presentado por la Coalición por el Cambio.

Quizás lo primero que sorprenda a cualquier observador ajeno a la política chilena sea ver cómo la Concertación, el partido de la presidenta Bachelet, que contaba con un 80% de aprobación popular, ha podido desaprovechar esta ventaja y salir derrotado en la contienda. Esta situación se entiende mejor si se conoce la desconcertante asimetría entre la espectacular aprobación de la presidenta, la de su gobierno (40%) y la de su partido (20%). Algo que la propia Bachelet detectó prácticamente al principio de su mandato, y que le llevó a impulsar una forma de hacer política ajena a los partidos, algo que, junto a la buena gestión de la crisis, que le permitió gozar de esos niveles de apoyo pero que contribuyó a que la imagen de su partido y su gobierno tocara fondo.Esta crisis de confianza en el partido que ha dominado la política chilena desde 1999, y que quedó reflejada en el triunfo aplastante de Sebastián Piñera en la primera vuelta, no garantizaba el éxito de un proyecto político que desde la llegada de la democracia no había gobernando en Chile, y así lo ha demostrado el ajustado resultado. De ahí que, desde que se conocieron los contendientes de la segunda vuelta, el equipo de Eduardo Frei pusiera aún más énfasis en su estrategia del miedo, vinculando el proyecto de la Coalición con la dictadura de Pinochet y señalando la fortuna de Sebastián Piñera, y sus diversos intereses empresariales, como una amenaza no sólo para el Estado social, sino incluso para el Estado de Derecho; le pintaba como un Berlusconi latinoamericano que amenaza la pluralidad informativa.La gran incógnita era saber si los 1.379.219 votantes de Marco Enrique Ominami, candidato disidente de la Concertación y conocido popularmente como MEO, eran votos progresistas o votos por el cambio, y si bien parece que la mayoría se decidió finalmente por el candidato de la Concertación, la denuncia del cansancio del modelo sobre el que se ha sostenido el gobierno que caracterizó su campaña ha tenido un efecto neutralizador de la dinámica del miedo –que hace 5 años se denominó el “mal menor”– y proporcionado al candidato liberal-conservador más de 500.000 votos, que le han bastado para superar el 50% de los apoyos.

Esta vez el mensaje de cambio ha tenido más fuerza que el enfrentamiento ideológico. Siguiendo con las categorías de Castells, podríamos decir: en una situación económica estable, la ilusión pudo con el miedo.

Una de las novedades de esta campaña ha sido la utilización masiva de herramientas tecnológicas. Los principales candidatos han hecho un extraordinario uso de la red; no sólo para informar, sino para conversar y movilizar a sus simpatizantes. Con presencia en las redes sociales más implantadas en el país (Facebook, Twitter, Youtube, Flickr y Fotolog), han mantenido una comunicación abierta y constante con los ciudadanos, como ha quedado de manifiesto en los numerosos debates y foros multidireccionales que protagonizaron.

En este punto destacan especialmente dos estrategias: la de Marcos Enríquez Ominami, quien utilizó la red para pasar de una candidatura prácticamente sin expectativas y desconocida para la mayoría de los chilenos (la mayoría de las firmas posibilitadotas de su candidatura se logró a través de internet) a obtener el 20% de los votos en la primera vuelta; y la de Sebastián Piñera, que se sirvió de la red para quebrar el estereotipo que le asociaba a la época más oscura de Chile y afirmar su imagen de candidato abierto, con propuestas… Abrió múltiples canales no sólo para escuchar, sino para conversar con sus simpatizantes, con estrategias que tuvieron en cuenta a todos los segmentos poblacionales y un mensaje que caló hondo en los chilenos: yo voté por el cambio.

La alternancia en el poder es una de las muestras más evidentes de madurez democrática, y aunque los resultados parecen consolidar la transición democrática iniciada hace 20 años, algunos ya se han apresurado a señalar que el reto de Chile es consolidar una nueva derecha, algo que no deja de ser sorprendente… un día después de que la derecha haya ganado las elecciones. La Coalición, con un líder alejado de la imagen tradicional de la derecha chilena y un historial democrático intachable, supo reinventarse, refundarse, presentándose ante la sociedad como una formación unida, con un proyecto, con ideas que van más allá de la conquista del poder. (Algo que a mí me recuerda mucho a la refundación del Partido Popular y a la labor de José María Aznar durante la década de los 90).

En mi opinión, es la Concertación, que ha gobernado el país durante los últimos 20 años, que se ha demostrado un proyecto agotado, dividido y sin un verdadero proyecto nacional, incapaz de plantear nuevas alianzas, nuevos objetivos, nuevos liderazgos, la que deberá iniciar un proceso de refundación, que auguro largo y doloroso y que ha empezado hoy mismo, con la petición de renuncia de los presidentes de los principales partidos de la Concertación. Deberá ser una renovación de ideas y de personas. Ayer, mientras se conocían los resultados, las profecías que tienen forma de dominios en internet empezaron a volar apuntando a Michelle Bachelet, Patricio Alwyn o Insulza, pero más bien parece que, solucionada la afrenta de MEO a los votantes de la Concertación, estas elecciones suponen el final de una generación política, ¿la de la transición?

Michelle Bachelet.Aunque algunos señalan que los resultados de las elecciones celebradas ayer dejan el país dividido, la realidad es que no hay una gran diferencia con otros resultados; la que ha obtenido Piñera es una ventaja ligeramente inferior a la obtenida por Bachelet en 2006, y superior a la de Lagos en el año 2000. La realidad es que Piñera se encuentra con un país líder en América Latina, con una democracia estable, unas instituciones sólidas y una economía saneada. Tras la llegada de la democracia, Chile ha demostrado una madurez y una capacidad singular que le ha permitido convertirse en modelo para sus vecinos.

Las enormes posibilidades humanas y naturales del país hacen que los chilenos estén deseosos de dar el salto a las grandes ligas, jugar en la Champions. En lo político, eso pasa por la consolidación de las instituciones (en la que la alternancia desempeña un papel importante) y la modernización del Estado; en lo económico, por la consecución de la equidad social y el desarrollo sustentable. Chile esté abocado a un cambio de ciclo, y, aunque hablar de reforma constitucional resulte precipitado, tras la Constitución de 2005, en la sociedad existe un amplio deseo de cambio.

Sebastián Piñera ya ha empezado a trabajar. Entre sus proyectos se cuenta la lucha contra la pobreza –con la fundación del Ministerio de Desarrollo Social, que pondrá en marcha el Ingreso Ético familiarque va a beneficiar a un millón de familias, y la creación de 200.000 nuevos y buenos puestos de trabajo al año en el período 2010-2014–; una reforma tributaria para bajar los impuestos a las pymes; la incorporación de 10.000 nuevos policías al combate contra la delincuencia; la creación de una red de 50 liceos mixtos de excelencia en las principales ciudades; la construcción de 10 hospitales concesionados y 76 consultorios; la entrega de 600.000 soluciones habitacionales, el acceso a una licencia de maternidad de hasta 6 meses y una serie de medidas para mejorar la participación ciudadana y la transparencia que incluirán la inscripción automática, el voto voluntario y las primarias para la elección de los dirigentes políticos. Además, ya ha encargado a un grupo de 15 asesores, coordinados por Cristian Larroulet, un informe sobre las medidas que el gobierno pondrá en marcha durante los primeros 100 días, y que será entregado en los próximos días. El objetivo es adecuar los objetivos programáticos planteados por los grupos Tantauco a las necesidades inmediatas de la población, especialmente en Seguridad, Hacienda, Obras Públicas, Trabajo, Vivienda, Salud, Educación, Defensa y Relaciones Exteriores.

El gran reto del nuevo equipo de gobierno será demostrar su eficacia en temas como los citados, y que, en ellos, los que van de progresistas no tienen el monopolio de nada.

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Navarro-Valls, Entre la Casa Blanca y el Vaticano

Navarro-Valls, Entre la Casa Blanca y el Vaticano

Rafael Navarro-Valls es catedrático de Derecho Canónico en la Universidad Complutense. El estudio de la Iglesia, especialmente de su legislación, es su profesión; la vida y milagros de los presidentes norteamericanos, y por extensión la vida política norteamericana, su gran afición, a la que se dedica con la pasión y el acierto del experto.

Resultado de imagen de entre la casa blanca y el vaticano navarro vallsEstas son sus grandes pasiones, y sobre ellas publicó Del poder y la gloria en 2004; ya entonces jugaba con el paralelismo entre el poder político “que se concentra en la Casa Blanca de Bush” y el espiritual, con un Juan Pablo II que se sentaba “junto a la Gloria de Bernini”. Recientemente, con distintos protagonistas en uno y otro lugar, dio a la imprenta Entre la Casa Blanca y el Vaticano, que bien podríamos considerar una segunda parte de Del poder…

Entre la Casa Blanca…, fruto en gran parte de las colaboraciones de su autor en el diario El Mundo, logra superar las dificultades que presentan habitualmente las colecciones de artículos: aparecen fuera de tiempo y de contexto, los materiales de que se componen no guardan relación entre sí, por lo general llaman la atención únicamente al historiador o el coleccionista…;  ésta, en cambio, es una recopilación que destaca por su actualidad e interés. El secreto, además de en una acertada organización de los escritos, lo encontramos en la afición de Navarro-Valls a llegar al fondo de los asuntos, a trascender la contingencia y preguntarse sobre los cómos y los porqués.

Entre la Casa Blanca… es un repaso de la política norteamericana de los últimos cinco años. Hay aquí un análisis crítico pero razonado del segundo mandato de George W. Bush; y también, claro, hay espacio para el interrogante Obama, que sigue siéndolo, a pesar del Nobel de la Paz… Los comentarios de Navarro-Valls sobre la campaña presidencial norteamericana de 2008 son de gran interés y en buena medida esclarecedores, sobre todo los que abundan en la cuestión religiosa y el peso de los valores en dichos comicios.

Benedicto XVI.De Washington pasamos al Vaticano y alrededores, que el autor ha tenido el privilegio de conocer de cerca gracias a su condición de hermano del portavoz de la Santa Sede. La entrañable y personal despedida a Juan Pablo II abre la puerta a la bienvenida a Benedicto XVI, a un análisis de los viajes más relevantes del Sumo Pontífice (Turquía, USA, Australia, Francia) y a la reflexión acerca de los asuntos que copan su agenda y atención: la globalización de la justicia y el amor, la relación con el Islam, la familia… y Jesús de Nazaret, siempre en el centro de todas sus enseñanzas.

El análisis del Papa y los asuntos pontificios dejan, a su vez, paso a algunos de los temas más debatidos en los últimos años. Son especialmente reseñables las reflexiones relacionadas con la justicia, la libertad religiosa, la familia y la educación…; las páginas dedicadas a la objeción de conciencia en temas como la Educación para la Ciudadanía, la venta de la píldora del día después o el aborto, o la participación en la celebración de un matrimonio homosexual, que califica como “delicado punto de sutura entre la Iglesia y el Estado”. Sin duda, Navarro-Valls se encuentra entre los máximos especialistas de nuestro país en estos temas, y lo demuestra a lo largo de unas páginas llenas de rigor intelectual, antropológico y jurídico. Las atinadas reflexiones sobre laicidad y laicismo también merecen una mención especial, así como la situación de la iglesia en España y su papel en cuestiones como la Ley de Memoria Histórica, las modificaciones legislativas favorables al aborto o regularizadoras del matrimonio homosexual y la propuesta de reprobación del Papa en el Parlamento español.

En definitiva: Entre la Casa Blanca… recoge una serie de reflexiones entretenidas, interesantes, cultas, atinadas, respetuosas acerca de algunos de los temas más importantes para nuestro futuro, que representarán un aliciente para quienes quieran participar en el debate público desde posiciones que chocan frontalmente con el pensamiento políticamente correcto.

RAFAEL NAVARRO-VALLS: ENTRE LA CASA BLANCA Y EL VATICANO. Eunsa (Pamplona), 2009, 360 páginas.


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La hija del ministro

La hija del ministro

La hija del ministro no es otra novela más sobre los años de la II República y la Guerra Civil, con una diferencia, acaso, en el enfoque del drama humano. Ni siquiera se trata de una respuesta literaria a una ley de memoria histórica parcial para contar la historia desde el otro lado. No. Es una novela histórica en la que la obra, los personajes, sus aventuras están por encima de la historia, que no deja de estar muy presente, de ser un personaje más.

Resultado de imagen de La hija del ministro: la apasionante novela de una aristócrata que conoció el amor, el odio y el dolor en tiempos de la RepúblicaSu autor, Miguel Aranguren, un joven pero brillante escritor que puede presumir de una producción numerosa, diversa y acertada, se atreve en esta su primera novela histórica con uno de los periodos más convulsos de la historia de España, el que trascurre entre 1920 y el final de la guerra. Y lo hace desde una perspectiva poco habitual, la de una familia acomodada, cercana a la Familia Real, cuyo paterfamilias asume como ministro en el último gobierno de la Monarquía.

La excusa narrativa es sencilla, quizás innecesaria pero eficaz: la chica de servicio de una señora anciana, Elvira Bossana, cuya vida ha sido un misterio para todos los que la han conocido, va descubriendo, a través de unos diarios que permanecían ocultos, la tremenda historia de su señora y la familia de ésta. Poco a poco va descubriendo las tensiones que tuvieron que sufrir por ser monárquicos en las horas bajas de la Monarquía y en las altas de la República; las burlas que hubo de sufrir el cabeza de familia por ser un servidor público íntegro en unos tiempos en los que la política se asociaba a las prebendas, los privilegios y las arbitrariedades; los peligros que afrontaba cualquier persona por ser católica en plena ola de persecución religiosa; lo arriesgado que resultaba ser empresario durante la revolución del proletariado. Y lo dramático que resulta amar en tiempos revueltos.

Se trata de una novela-novela, en la que brillan las cualidades de Aranguren, que ya comentamos aquí mismo a cuenta de otra de sus obras (La sangre del pelícano): la agilidad narrativa, los personajes con vida propia, la pericia descriptiva (del Madrid de los años veinte, de la vida de los alrededores de la Corte, del Ministerio)… Pero también hay precisión histórica; de hecho, no es fácil evitar la curiosidad de identificar a los distintos personajes, especialmente al padre de Elvira, el Duque de Paraná, ministro durante la dictablanda de Berenguer, hombre íntegro y de profundas convicciones; a sus numerosos hijos, que se van involucrando progresivamente en actividades primero militares y luego políticas, entre el orgullo y el disgusto de su progenitor; a sus hijas, que no salen indemnes de otras batallas, las del amor, lo que genera situaciones dramáticas. Hay otros personajes bien perfilados, como el portero de la finca en la que vivió durante años la familia Bossana, que va acumulando odio revolucionario, al que dará salida por las calles de Madrid tras el estallido de la guerra; o el tío-abuelo de Elvira, un bon vivant de la época en el que las buenas intenciones y la debilidad avanzan en lucha constante. También hay guiños a otros personajes, los sacerdotes que se jugaron la vida, tantas veces hasta perderla, por seguir ejerciendo su labor espiritual o social (se descubre entre las sombras, bajo el nombre de Mariano, con el que le gustaba subrayar su amor a la Virgen, al fundador del Opus Dei, que en esos años iniciaba su andadura en los arrabales de Madrid).

Detrás de estos personajes se encuentran diversas historias. Trágicas historias de amor, como la que sirve de hilo argumental a la novela, tronchadas por la guerra, por la muerte o, lo que es peor, por la traición. Historias de heroísmo y entrega en defensa de unos nobles ideales. Historias de odio y venganza, de perdón y arrepentimiento… Como cada vez que lee sobre los acontecimientos de la Guerra Civil, uno se pregunta cómo pudimos llegar a esto, cómo es el hombre capaz de convertirse en una bestia y devorar a sus vecinos, a sus compañeros de trabajo… Pero en este catálogo que nos brinda Miguel Aranguren nos encontramos con una variada gama de reacciones humanas ante la diversidad que también comprenden el sacrificio, la entrega o el auténtico heroísmo, que supera a la naturaleza humana.

Es en este punto donde se encuentra la principal carencia de la novela, cuando Aranguren aborda los sentimientos desbordados en una época en que la vida era una incógnita y un regalo. En ocasiones el autor se queda un poco corto, en otras resulta excesivo, poco creíble, de novela; como si le faltara todavía un poco de vida, no de años, para transmitir con crudeza las grandes pasiones, las emociones, el sufrimiento… Aun así, uno termina estas páginas casi sin darse cuenta y con un cierto regusto dulce; como si siempre quedara una esperanza, aun en medio de las mayores desgracias, de alcanzar la felicidad.

MIGUEL ARANGUREN: LA HIJA DEL MINISTRO. La Esfera (Madrid), 2009, 506 páginas.

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¿Quién es John McCain?

¿Quién es John McCain?

Hace un par de años, el senador John McCain era el niño bonito de los medios de comunicación norteamericanos. Esta sintonía, unida a su independencia y a su forma de ser extrovertida, le habían convertido en el segundo político más popular de los Estados Unidos, por detrás de Bill Clinton. Desde que decidió intentar convertirse en el presidente número 44 de la nación, y sobre todo desde que se convirtió en el candidato del Partido Republicano, las cosas han cambiado.

Resultado de imagen de quien es john mccain libro barahonaAparte de en su constante presencia en los talk shows, la popularidad de John McCain descansaba en su independencia, en la firmeza con que defendía sus ideales, en su infatigable capacidad de trabajo, en su disposición a las empresas bipartidistas y en su respaldo a causas populares… y no tan populares. Ahora bien, ha medida que ha ido avanzando esta campaña electoral, la más larga y cara de la historia –y una de las más emocionantes–, los medios han empezado a cuestionar su independencia y su sinceridad, y le han acusado de confiar demasiado en la intuición, de tener un carácter inestable y poco reflexivo y, en fin, de ser un peligro para el futuro del país.

¿Por qué se ha producido tal cambio? ¿Qué ha pasado? Ha pasado que McCain ha osado enfrentarse al nuevo ídolo de masas… y de tantos periodistas: Barack Obama.

Si en Estados Unidos los efectos de este tratamiento informativo se ven atenuados por el historial del senador republicano, que lleva más de 40 años bajo los focos, en España McCain sigue siendo un perfecto desconocido, y a la hora de informar de él los medios han solido recurrir a la mentira o desplegado su ignorancia. De ahí que ciertos sondeos no resulten sorprendentes. Y de ahí que no pueda ser más oportuna esta biografía, firmada por Fernando Alonso Barahona y publicada por Ciudadela.

El título, ¿Quién es John McCain?, es todo un acierto. En una España para la que sólo existe el candidato demócrata, viene a recordar al personal que a las elecciones de noviembre concurre otro candidato, un candidato con un historial de décadas y que sigue teniendo posibilidades reales de ser el próximo inquilino de la Casa Blanca. Pero es que lo sería incluso en una versión en inglés y para norteamericanos, pues pone de manifiesto la condición poliédrica de una de las figuras más difíciles de clasificar del panorama político estadounidense. He aquí el gran logro de Barahona, que ha escrito estas páginas a la carrera, como intentando no descolgarse del endiablado ritmo de la campaña electoral: ha conseguido arrojar luz sobre la compleja y muchas veces incomprendida personalidad de John McCain.

La vida del senador por Arizona ha dado para varios libros y para una película (Faith of my fathers). Nacido en Panamá, en una base naval norteamericana, McCain procede de una familia muy ligada a la milicia desde tiempo inmemorial. Él también tomó las armas; y con ellas acudió a Vietnam, donde fue cogido preso por el enemigo y sometido a malos tratos y torturas en una cárcel que los propios prisioneros de guerra norteamericanos renombraron, con amarga ironía –dato que algunos no han querido captar durante la presente campaña–, Hanoi Hilton.

Esos años cambiaron su vida, como no podía ser de otra manera. Ya de vuelta a la patria, con aura de héroe y una manera muy distinta de ver las cosas, McCain tardó poco tiempo en seguir los derroteros de la política. Gracias al apoyo de la familia de su segunda mujer, Cindy, pronto se convirtió en congresista por Arizona. De la Cámara de Representantes pasó, en breve, al Senado, donde sustituyó al mítico Barry Goldwater.

Su vida política ha estado marcada por su independencia y el vigor con que ha defendido sus posiciones, lo que en ocasiones le ha llevado a tomar decisiones sorprendentes. Así, nos encontramos con que este defensor de la vida desde el momento de su concepción ha votado a favor de la financiación de investigaciones con células madre embrionarias; con que este ex militar con fama de halcón se estrenó en el Congreso votando en contra de un aumento de tropas en el Líbano que proponía su amigo y por entonces presidente de la nación Ronald Reagan; con que este republicano conservador ha hecho del medioambiente una de sus obsesiones (desde 1996); con que este senador republicano fue el abanderado del cambio de la legislación que afectó a la financiación de las campañas electorales. Etcétera.

McCain se considera un republicano y, en muchos aspectos, un conservador. No oculta su admiración por Ronald Reagan y por Theodore Roosevelt: este último, 26º presidente de los Estados Unidos, hizo de la independencia su bandera hasta el punto de romper con su partido y postularse como independiente en unas presidenciales, en las que, por cierto, obtuvo más votos que el candidato republicano, algo hasta entonces inaudito.

McCain nunca ha ocultado sus deseos de convertirse en presidente, y ya en 1996 empezó a sonar como candidato a la vicepresidencia de Bob Dole. En el año 2000 decidió aspirar directamente a la candidatura republicana. Sin apoyos dentro del partido, su campaña sorprendió por el éxito que cosechó entre los independientes –allí donde podían votar– y por el uso que hizo de internet –fue el primero en recaudar fondos on line.

A pesar de no ser el favorito, se hizo con la victoria en New Hampshire, aunque su derrota en Carolina del Sur le hizo abandonar la carrera. Eso… y la agresiva campaña de mentiras –que muchos atribuyen a Karl Rove– que hubo de soportar: se le tildó de homosexual, se puso en duda su estabilidad psicológica, se le atribuyó la paternidad biológica de Bridget, la hija que adoptó con su mujer en Bangladesh (en concreto, se dijo que la niña era fruto de una relación del senador con una prostituta negra)… El recuerdo de este juego sucio le hizo distanciarse durante años de la figura y las políticas del presidente Bush: la reconciliación definitiva no se produjo hasta el 69º cumpleaños de McCain, que celebraron juntos.

El biografiado de Barahona volvió a sorprender a todos cuando anunció su intención de presentarse a las elecciones presidenciales de este año, el 72º de su vida. No partía, ni mucho menos, como favorito en las primarias republicanas, pero acabó haciéndose con la nominación. Lo que vino después puede que ya lo conozcan; si han seguido el blog de Alberto Acereda, Pablo Kleinman y David Jiménez, lo doy por seguro.

En este annus horribilis para el Partido Republicano, McCain ha conseguido mantenerse al nivel de Barack Obama en las encuestas y logrado resucitar por momentos esa alianza liberal-conservadora que parecía muerta… y enterrada por George W. Bush. McCain ha sabido defender los principios básicos de sus políticas, y con la elección de Sarah Palin ha vuelto a ilusionar a las bases más conservadoras del partido, que ven en la gobernadora todo lo que no terminan de ver en el senador.

La crisis económica le ha puesto en una situación muy difícil; de hecho, su campaña y su candidatura parecen heridas. Pero, no lo olvidemos, John McCain ha logrado salir de situaciones mucho peores…

FERNANDO BARAHONA ALONSO: ¿QUIÉN ES JOHN McCAIN? Ciudadela (Madrid), 2008, 240 páginas.
 
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