Experimentos en Twitch y ‘ciclón Ayuso’ en Facebook: así es el 4-M digital

Experimentos en Twitch y ‘ciclón Ayuso’ en Facebook: así es el 4-M digital

Los partidos vuelven a volcarse en sus redes sociales para tratar de llegar a todos los rincones del electorado. Una herramienta que ha ganado peso por la pandemia.

Por J. Bocanegra

El entorno digital lleva años siendo clave en las campañas de los partidos políticos, pero la pandemia ha agudizado más si cabe el peso de las redes sociales en las estrategias ante la imposibilidad de realizar actos masivos con los candidatos. El último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre las elecciones de la Comunidad de Madrid recoge que este tipo de plataformas será el principal medio de seguimiento de la información política entre los electores más jóvenes, algo que no pasa desapercibido en las formaciones, que buscan seducir a este electorado con algunos movimientos poco transitados y otros más explotados en contiendas previas.

Para el 68,6% de los menores de 25 años que el próximo 4 de mayo podrán votar a sus representantes en la región, la primera vía de comunicación sobre los comicios serán las redes. Así lo recogía el CIS publicado esta última semana, elevando esta categoría por encima de la televisión, que se establece como el segundo medio preferido y al que también recurrirá el 59,4%, y muy alejado de la prensa digital (47,3%). También son importantes entre los menores de 35, con casi el 50%, pero por detrás de la tele y los periódicos ‘online’. Las estrategias esbozadas por el momento dejan patente el peso que tienen, aunque no hay señales que apunten a que se puedan expandir mucho más por ahora.

Probablemente, el último gran revulsivo en el sector ha llegado con Twitch, la red para emitir vídeos en directo empleada generalmente por ‘gamers’ y que ahora otros sectores tratan de importar a sus entornos. La plataforma ha entrado en la campaña madrileña, aunque solo dos partidos tienen una cuenta abierta en ella: Vox y Más Madrid. Los primeros se están limitando por el momento a subir sus principales intervenciones públicas y con escaso contenido propio, por lo que hasta la fecha no ha sido una de sus prioridades. El caso del partido que encabeza Mónica García es distinto.

Más Madrid ha tratado recientemente de acercarse. Primero con Íñigo Errejón, fundador de la organización, y ahora, ya en campaña, con el partido optando por charlas con sus candidatos. En las últimas horas, han puesto en marcha un programa que tiene vocación de ser diario y en el que tratarán de exponer los temas que la formación quiere meter en agenda. Por el momento, la acogida ha sido relativamente baja, con poco más de 1.100 seguidores y menos repercusión que Errejón, que empezó en Twitch a finales de enero. La mayoría de sus vídeos no superan las 1.000 visualizaciones.

Fuentes de la campaña digital del partido inciden en que es una apuesta en la que se han volcado y creen que puede ser un formato para profundizar en las cuestiones que quieren poner sobre la mesa. Entienden que con dirigentes con una media de edad inferior a la del resto de partidos, entre los que algunos están ya hechos a la plataforma por dinámicas personales, puede beneficiarles sobre el resto de competidores y elevar Twitch en una herramienta interesante para sus intereses. Durante la campaña, prevén montar colaboraciones con personas influyentes de la plataforma, aunque no precisan con quién.

El ‘ayusismo’

César Calderón, consultor político y CEO de Redlines, tiene muchas dudas de la viabilidad de Twitch en este contexto, por las dificultades para captar audiencias y por la necesidad de hacer un contenido en exclusiva para ella si se quiere rentabilizar con visualizaciones. Iago Moreno, sociólogo especializado en comunicación digital y que ha trabajado como asesor para Más Madrid, cree que está probado que Twitch funciona con otros fines, pero que está por ver su eficacia en comunicación política. “Se está utilizando como antes se usaban los directos de Instagram. Twitch necesita mucha constancia y esto es algo que ha hecho bien Errejón, pero otra cosa es que vaya a llegar a funcionar en campaña para Más Madrid”. También algún integrante de las listas de Podemos ha dado sus primeros pasos recientemente.

En la derecha, hay un patrón claro que marca los mensajes: el tirón de Isabel Díaz Ayuso. La repercusión que genera la presidenta parece estar muy por encima de la del resto de candidatos. Según información obtenida por el proyecto de investigación SN-Disorders de la Universidad Complutense, que monitoriza el uso de las redes en periodo electoral con datos obtenidos a través de CrowdTangle, la diferencia es “abismal”. En la última semana, los grupos de Facebook favorables al PP han generado 100.000 interacciones dirigidas a la presidenta, por unas 10.000 vinculadas a Pablo Casado. En el caso de Vox, el rol es el inverso: Santiago Abascal ha provocado unas 30.000, por tan solo 5.000 de Rocío Monasterio.

Vox, que en los últimos años se había convertido en el gran agitador y dominador en redes, ha optado por un claro continuismo en esta contienda. Con mensajes agresivos y dirigidos principalmente a la izquierda, sigue apostando por vídeos cortos sobre sus actos cargados de sentido épico con bandas sonoras que bien podrían haberse sacado de ‘Los Vengadores’ y en los que casi siempre se centran en su presidente, dejando en segundo plano a la candidata madrileña, Monasterio.

Fuentes de la formación rechazan comentar sus tácticas, pero la mayoría de sus consignas van dirigidas a polarizar con PSOE y UP, tanto en Twitter como en Instagram, las dos plataformas más empleadas por los partidos españoles junto con Facebook, en la que se concentran capas de mayor edad. Donde no han terminado de despegar es en TikTok, una plataforma a la que muchos apuntaban como clave para el futuro de la comunicación política y a la que Vox se lanzó sin dudarlo, aunque parece haberla dejado aparcada recientemente y no se atisba movimiento vinculado con la Comunidad de Madrid. “España es de los pocos países hispanohablantes cuya vida política no ha saltado a TikTok”, comenta Iago Moreno.

Isabel Díaz Ayuso, en una imagen de este viernes. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso, en una imagen de este viernes. (EFE)

El analista observa que la campaña de los de Abascal en redes, como ocurrió en Cataluña, va a estar centrada en trasladar hitos significativos como el del acto de Vallecas: “Van a necesitar mucho la calle, no creo que vayan a tirar mucho más de digitalización de lo que están haciendo”. “Tienen poco más que desarrollar“, asegura el experto. El partido lleva meses tratando de incorporarse y simpatizar con el sector de ‘streamers’ y ‘gamers’, en el que arraigan fuertemente postulados vinculados a la derecha, y podrían tratar de incorporarlo a la campaña. En los últimos tiempos, el debate generado por el traslado de figuras del sector a Andorra para pagar menos impuestos ya elevó a Vox como el único partido que respaldaba abiertamente a los implicados, en un claro guiño.

Recientemente, el PP ha dejado claro su interés por moverse también en estos lares, impulsando a cargos del partido para ser entrevistados por ‘streamers’ de éxito ya consolidado, como Teodoro García Egea hizo en las últimas semanas con InfoVlogger, un ‘youtuber’ que ya dedicó un especial en defensa de Díaz Ayuso y en contra de “los voceros del régimen”. Varios diputados populares se mueven desde comienzos de la pandemia en charlas que son emitidas en directo en YouTube, muchas de ellas compartidas con homólogos de la formación de Abascal. El objetivo: que en un ecosistema en el que sus ideas proliferan, no se lo lleve todo Vox. Los ‘streamers’, eso sí, no solo son objeto de deseo de la derecha, y un ejemplo de esto fue el mensaje que en Nochebuena dedicó Pedro Sánchez a Ibai Llanos, con un perfil más progresista y 5,6 millones de seguidores en Twitch.

Los populares, más allá de los intentos de saltar a esos espacios, se han decantado por aprovechar el tirón de Díaz Ayuso y centrar gran parte de los mensajes en torno a su figura. Poniendo al servicio de la contienda la maquinaria de un partido con semejante implantación en la región, fuentes de la campaña reconocen que están canalizando el éxito que ha supuesto el ‘ayusismo’ y aprovechando la ola de creación de contenidos ajena al partido que se ha producido en torno a su figura. La formación cuenta en estos momentos con más de 12.600 voluntarios que colaboran en un canal de WhatsApp enviando ideas sobre la campaña: 500 han formado un grupo dedicado exclusivamente a la generación de imágenes y mensajes destinados a ser difundidos en redes sociales.

Más plana es la estrategia en redes de Ángel Gabilondo, el candidato socialista y de largo el más mayor (72) de los presidenciables madrileños. Con una campaña basada en la no confrontación y en la ‘sosería‘, parece mucho más difícil crear un contenido que genere expectación atendiendo a las dinámicas de las distintas plataformas. Ha centrado la apuesta en compartir las intervenciones del exministro de Educación en el día a día en Twitter, Facebook y YouTube. Lo único fuera de lo común es un ‘podcast’ en el que se aborda un tema en cada capítulo y se recogen intervenciones de Gabilondo y otros dirigentes en foros previos.

“Cuando apuestas por una campaña seria, hacerte el gamberro en redes no es lo más recomendable. Es donde más dificultades están teniendo para hacer una campaña estratégica y que llame la atención”, reflexiona Rafael Rubio, profesor de Derecho Constitucional de la UCM y que analiza la campaña en el grupo SN-Disorders. “Le está costando encontrar su hueco“, apunta el experto. Enrique Cocero, analista que formó parte del equipo de Soraya Sáenz de Santamaría y CEO de 7-50 Strategy, entiende que mientras que figuras como Díaz Ayuso y Mónica García pueden tener cabida en formatos de ‘streaming’ informales, es mucho más difícil que pase con Gabilondo.

 

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¿Agoniza la época oscura del ‘lobby’? Un dilema tras 30 años de vacío legal y opacidad hermética

¿Agoniza la época oscura del ‘lobby’? Un dilema tras 30 años de vacío legal y opacidad hermética

El ‘lobby’ en España atraviesa una dicotomía: su alta profesionalización del lado de las consultoras y agencias, que piden regulación a gritos, choca de frente con la idea del ‘lobbismo’ rancio que sobrevive auspiciado en la falta de transparencia.

Por Alejandro Mata

“Con las leyes pasa como con las salchichas: es mejor no ver cómo se hacen”, solía decir el político alemán Otto von Bismarck. ¿Hasta qué punto en España somos conscientes de cómo se hacen las leyes? Un ejemplo: ¿cuánto peso está teniendo el ‘lobby’ inmobiliario en la futura ley de la vivienda? O más concretamente, cuánto de ‘lobby’ hay en que un ministro rechace controlar los precios del alquiler, alegando que la vivienda “es un derecho, pero también un bien de mercado”. No hay una respuesta clara, lo único que hay es un agujero legal que lleva 30 años engendrando opacidad. Entre tanto, el ‘lobby’ “nuevo” se ha ido profesionalizando, diferenciándose del ‘lobby’ de “amiguísimo”, exigiendo una regulación y dejando atrás el intrusismo y la mala imagen que le persigue. La situación es tal que el propio Gobierno ha anunciado que priorizará la tramitación de la ley que regulará a este colectivo. A España se le presenta una oportunidad: ¿estamos ante el fin del ‘lobby’ a las sombras?, ¿o será otro intento fallido?

Los ejemplos estadounidense y europeo demuestran que la regulación del ‘lobby’ no es el bálsamo de Fierabrás, pero es un paso muy importante. Sin ir más lejos, este mes el ministro de Política Territorial y Función Pública, Miquel Iceta, informó que iba a agilizar la norma que regulará a este colectivo. Un compromiso que se recoge en el IV Plan de Gobierno Abierto y que persigue crear un registro obligatorio de grupos de interés que hagan ‘lobby’ con la Administración del Estado.

Actualmente los servicios de consultoría de ‘lobbing’ mueven en España unos 100 millones de euros al año, si se cuentan los contratos de empresas españolas en el extranjero. Al poner el foco en la Unión Europa, que tiene su propio registro donde aparecen los datos de quienes ejercen esta actividad, allí compañías españolas como Telefónica invierten casi 2 millones de euros al año en hacer ‘lobby’, gastando más que IndraRepsolBBVA o Iberdrola. De hecho, la compañía de telecomunicaciones es la que más veces se ha reunido en Bruselas, de todas las empresas españolas, para ejercer presión.

A escala europea, según el Registro de Transparencia existen 12.320 entidades ‘lobbistas’ de todo tipo; las más mayoritarias son los organismos empresariales y asociaciones con intereses comerciales, que son 6.570. De todas estas entidades, empresas como GoogleMicrosoftFacebook Huawei se sitúan entre las diez compañías que más gastan y más reuniones mantienen para intentar influir en las políticas de la Unión Europea.

Los gigantes tecnológicos, a la toma de Bruselas

Belén Balanyá, cofundadora del Observatorio Europeo de Corporaciones, plantea que más que la nacionalidad de las empresas la clave es la temática. “Los gigantes tecnológicos, que hace una década no estaban tan presentes, han tomado BruselasSu presencia y despliegue son enormes, como se puede ver por la cantidad de dinero que gastan y el número de reuniones con la Comisión”.

La experta contextualiza que la UE ha regulado en la última década temas que son clave para el interés de este sector y en el que las empresas han empleado sumas millonarias en campañas para intentar moldear esas regulaciones. “Desde la reforma en 2013 de las leyes de la UE sobre protección de datos han entrado a fondo. Por ejemplo, han empleado muchos recursos en debilitar las propuestas sobre protección de datos. Pero también para evitar multas por evasión de impuestos y comportamientos monopolísticos. El mercado digital único y el ‘copyright’ son otros temas claves“.

Estas cifras, a pesar de estar muy poco detalladas, simbolizan que hay un sector en auge en el que las entidades españolas también están participando y que el desinterés político está entorpeciendo una actividad democrática que necesita ser regulada. La Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI) es la entidad que está capitalizando las principales sinergias de la regulación del sector. María Rosa Rotondo, fundadora y presidenta de la asociación ‘lobbista’, no considera que se deba diferenciar entre ‘lobby’ bueno y malo, porque todo lo que está mal hecho está penado por ley.

“Todo lo que no debe saberse no debe hacerse”

“La regulación va a traer profesionalización, pero no va a erradicar las malas prácticas de la misma manera que la existencia del Código Penal no erradica los crímenes y los asesinatos”, plantea que lo que realmente sucederá es que se dará encuadre a una profesión. Señala que esto es algo que en Europa ya no es debate. “Como dijo un coronel, ‘todo lo que no debe saberse no debe hacerse’“, apostilla.

María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)
María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)

“Creo que las instituciones europeas son muy sólidas en la defensa de los intereses europeos. Muchas veces la defensa de nuestros intereses supone tomar decisiones tan contraintuitivas como por ejemplo darle poder a Huawei“. A pesar de eso, la ‘lobbista’ piensa que Bruselas está más que preparada para hacer frente a las contraofensivas norteamericanas y chinas. “Si estas contraofensivas existen es porque Europa legisla a lo bestia”.

“Por razones geopolíticas, Bruselas es el centro de la regulación del mundo, por eso todas las empresas tienen sus ojos puestos en Europa”

“Por cuestiones geopolíticas, la Unión Europea se ha convertido en el centro de la regulación del mundo”. Rotondo indica que desde hace unos siete años, Europa legisla sobre una enorme cantidad de materias muy complejas, como por ejemplo el Reglamento General de Protección de Datos. “Y estos son normas que afectan a empresas chinas y americanas, por eso todas las empresas tienen que tener sus ojos puestos en Bruselas“.

¿En qué se gasta el dinero el ‘lobby’?

Sin duda, Europa se ha convertido en un gran campo de batalla para el ‘lobby’, el mejor ejemplo se ve en la cantidad de millones que invierten las compañías, asociaciones y gobiernos para influenciar en la política. Los datos europeos muestran una horquilla aproximada de cuánto dinero se gastan las entidades en esto, pero no incluyen un desglose o información que sirva para conocer con más precisión en qué se gasta ese dinero.

María Rosa escribiendo en su libreta. (A. Mata)
María Rosa escribiendo en su libreta. (A. Mata)

“El coste es muy difícil de imputar. Si me voy a Bruselas ¿qué imputo?, ¿el sándwich del aeropuerto? Nadie lo sabe, porque no nos lo han dicho. No hay normas claras que indiquen cómo imputar estos costes”, precisa la experta. A pesar de eso, matiza que el dinero no es clave en este asunto; “Ada Colau, antes de ser alcaldesa, cambió la ley hipotecaria sin un duro. No está relacionado el gasto con el éxito”.

Según el estudio ‘La Visión Empresarial de los Public Affairs en España‘ realizado por APRI, cuando preguntaron a más de 70 directivos y profesionales del ‘lobby’ si querían ser regulados, el 90% de ellos estaban de acuerdo en que sí.

Este amplio consenso esconde un detalle clave: a diferencia de la Unión Europea o Estados Unidos, donde sí hay incentivos por cumplir con la ley, en España no los hay, por lo que ¿qué es lo que motiva tanto a los ‘lobbistas’ españoles que quieran ser regulados? Literalmente, la mala fama y la mala reputación, “por la falta de transparencia que existe en el sistema. Es algo que llevamos defendiendo desde hace 13 años; si se conoce lo que hacemos, no habrá sospechas sobre nuestra actividad y seremos un colectivo más”.

María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)
María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)

Rotondo reconoce que hay algunos grupos que consideran que el hecho de que se conozca su actividad es malo para ellos y se oponen. “Y es normal que a nadie le guste el escrutinio, pero es un peaje muy poco costoso para los enormes beneficios que conseguiríamos, y esta es la vía y la tendencia europea”.

Solo hay que pararse y mirar las cifras que manejan las compañías españolas en Europa para entender que hay un sector en auge y que el desinterés político está entorpeciendo una actividad democrática que necesita ser regulada. En España ya ha habido varios intentos, el más importante lo protagonizó Manuel Fraga, que intentó incluir la práctica ‘lobby’ en el artículo 77 de la Constitución española, sin éxito.

El caso Juan Guerra prende la mecha

¿Por qué, tras 30 años, los grupos de influencia todavía no están regulados? “La ausencia de una ley se debe a la dificultad de regularla y a la falta de voluntad. Los impulsos fuertes de regular a los grupos de presión en España se miden por casos de corrupción. Se aprobó la primera PNL cuando estalló el caso Juan Guerra. Cada vez que hay un escándalo vinculado a los favores se impulsa la regulación del ‘lobby’, pero una vez que el escándalo pasa el entusiasmo termina“, critica Rafa Rubio, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense.

“Los impulsos fuertes de regular el ‘lobby’ en España se miden por casos de corrupción”

El experto en Derecho Constitucional piensa que la principal dificultad es la de definir la propia ley y quién hace ‘lobby’. Ante este limbo legal, algunas comunidades autónomas y ayuntamientos han elaborado sus propios reglamentos. Rubio plantea que todas van por el buen camino, pero que en especial destaca la del Ayuntamiento de Madrid porque entiende al ‘lobby’ desde una concepción de participación política y desde ahí afronta una regulación integral.

 Rafa Rubio experto en Derecho Constitucional. (A. Mata)
Rafa Rubio experto en Derecho Constitucional. (A. Mata)

Un error ‘made in USA’

La tendencia global de la regulación del ‘lobby’ se centra en el sujeto y no en el verbo. Este error lo cometió EEUU en 1945 con su regulación y tuvo que anularla el Tribunal Supremo porque discriminaba entre unos y otros actores que trataban de influenciar en la vida política.

“Esto es un problema permanente, porque en el fondo todos somos un poco ‘lobbistas’. Son muchas las personas, organizaciones y empresas que en algún momento de su vida se han interrelacionado con la Administración pública tratando de defender sus intereses. Desde este punto el problema no es definir quién es ‘lobbista’ sino centrarse en quién hace ‘lobby’“.

“En el año 2000 buscabas ‘lobbistas’ en España y te salían dos, José Luis Sanchís y Hazte Oír”

Más allá del ámbito legislativo, Rubio destaca que en España ha habido un cambio exponencial en los últimos años. “En el año 2000 buscabas ‘lobbistas’ en España y te salían dos, José Luis Sanchís y Hazte Oír. Ahora buscas servicio de ‘lobby’ y te salen casi 300 resultados. Ha habido una explosión brutal desde el punto de vista del sector, cada vez hay más gente que se dedica a esto y además hay más gente que lo dice“, sentencia Rubio.

Este cambio de paradigma se ha hecho más notable no solo en las oenegés, que fueron las primeras en entender la situación, sino también en las grandes agencias y consultoras de comunicación en España, que en los últimos siete años han creado un departamento de asuntos públicos y que cada vez contribuyen más a la facturación de esas empresas.

Rafa Rubio ojeando un artículo de El Confidencial. (A. Mata)
Rafa Rubio ojeando un artículo de El Confidencial. (A. Mata)

Daniel Ureña, director general de la consultora de comunicación y asuntos públicos Mas Consulting, cuenta a este medio que fueron la primera consultora que se dio de alta en 2009 en el registro de grupos de interés de la Unión Europea. “Y eso que nuestra actividad en Bruselas no era muy alta”. Ureña cree que todo forma parte de un proceso y que tarde o temprano las compañías llegarán a la conclusión de que es beneficioso aparecer en este tipo de registros y abandonar la opacidad.

“El ‘lobby de trabuco’ ha perdido mucha fuerza”

El experto en comunicación afirma que el ‘lobby de trabuco’ (el que está basado en el tráfico de influencias) ha perdido mucha fuerza. “Hicimos un estudio en las penúltimas elecciones generales, vimos que el 60% de los diputados del Congreso eran recién llegados. Esto quiere decir que si tu aval como profesional es conocer a los diputados, pues has perdido mucha fuerza”.

Greta Thunberg. (Reuters)
Greta Thunberg. (Reuters)

Si tirar de agenda ya no es tan efectivo, ¿cómo se convence ahora a un político? Ureña es claro, dando información para que el gobernante tenga una visión más amplia y generando un clima de opinión a través de la comunicación. El experto sostiene que el mercado ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, debido al impulso del sector económico, que ha sido clave. Además, pone el ejemplo del caso de Greta Thunberg, como un personaje muy carismático que se ha convertido en una gran ‘lobbista’ que hace campaña en defensa del medioambiente.

Cultura clientelar y desigualdad

Elisa de la Nuez, abogada del Estado en excedencia y coeditora de ‘Hay Derecho‘, sostiene que la experiencia europea es muy burocrática pero iguala las reglas del juego. “Por lo menos, sirve para que todo el mundo pueda tener acceso a los europarlamentarios y quede registrado. Es burocrático y es pesado, pero tiende más a igualar“.

“Hay grandes empresas en España que no tienen necesidad de pasar por ventanilla como todas, eso forma parte de una cultura clientelar”

De la Nuez va más allá, cree que no basta con la regulación, también hay que cambiar de mentalidad. “Hay grandes empresas en España que no tienen necesidad de pasar por ventanilla como todas las demás, eso forma parte de una cultura clientelar. La prueba son las puertas giratorias, es una fuente de desigualdad. Las empresas no pagarían a expolíticos si no fuera difícil acceder”, y añade que las empresas que sean pilladas ‘in fraganti’ tienen que tener algún tipo de coste reputacional.

 

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Pedro Sánchez y Boris Johnson, cuando el virus se llama polarización

Pedro Sánchez y Boris Johnson, cuando el virus se llama polarización

Los gobiernos de España y Reino Unido son los más castigados por los ciudadanos en la segunda etapa de la pandemia. Mientras, la Italia de Conte se refuerza y Merkel afianza su liderazgo

El apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez el 12 de marzo, dos días antes de que se decretara el estado de alarma, era del 35%. Ese porcentaje de ciudadanos consideraba que el Gobierno de PSOE y Podemos estaba manejando bien o muy bien la gestión del coronavirus. Era el Ejecutivo europeo que partía con menos apoyo de todos los que YouGov, firma internacional de análisis de datos basada en internet, incluyó en sus encuestas. Solo estaba por detrás México, con un 33% de apoyos.

Seis meses después, cuando España encabeza los datos de contagios en toda Europa, la percepción apenas cambia. Según este mismo banco de datos, el porcentaje de ciudadanos que apoya la gestión del Gobierno de Sánchez es muy similar, del 33%. Ahora solo hay por detrás otro país, Reino Unido, con un 30% de apoyos. Boris Johnson partía de un apoyo mucho mayor, del 55%. Pedro Sánchez llegó a tener en junio, tras terminar la alarma y pasar la gestión a las comunidades, el apoyo del 50% de los ciudadanos. Ambos caen en valoración en mitad de un ambiente de dura crispación, donde la guerra política se suma a la batalla contra la pandemia. En España, la crisis con Madrid termina por dinamitar los puentes entre socialistas y populares. En Reino Unido, la errática gestión de Johnson tiene cada vez más fracturada a la sociedad británica.

Los expertos avisan de que aún es muy pronto para calibrar los efectos de esta segunda ola de la pandemia en términos electorales. Aún el tsunami está sobre nuestras cabezas y es difícil saber si será devastador o remitirá antes de que sea catastrófico. Las señales no son buenas pero queda mucho otoño. Sin embargo, sí que hay elementos comunes en los distintos países que permiten sacar ya algunas conclusiones.

Sin trasvase de votos

“Al final la pandemia es un ‘shock’ que no cambia las cosas en los grandes países sino que acentúa lo que ya estaba pasando. Hay mucha polarización, muchas reformas pendientes que no se han hecho. En Reino Unido pasa igual que en España. A quien no le gustaba la globalización ahora le gusta menos. La gente que estaba enfadada, ahora lo está más. Todo se acentúa. En Alemania no pasa porque no existía ese caldo de cultivo. Para analizar este fenómeno hay que analizar qué es lo que pasaba antes en cada país”, señala Luis Cornago, analista en la consultora Teneo.

Desde Londres, Cornago señala las similitudes en la erosión del liderazgo del socialista Sánchez y del conservador Johnson, que ha caído por una gestión llena de bandazos, con mensajes poco claros en asuntos clave como las restricciones o el uso de mascarillas. “En la primera parte de la crisis los gobiernos se beneficiaron del efecto que los politólogos llaman ‘rally around the flag’, el efecto caballo ganador. Los ciudadanos se repliegan, cierran filas, ocurrió en EEUU después de 11-S. Es un clásico. Suben los socialdemócratas en Dinamarca o la CDU en Alemania. En Reino Unido también subió Johnson en los primeros meses. Pero ese es un efecto temporal y aquí se ve muy bien”, apunta el consultor de Teneo.

Verónica Fumanal, presidenta de Asociación de Comunicación Política (ACOP), cree que el desgaste de los gobiernos aún no se puede medir. “La mayoría de los gobiernos todavía aprueban por la gestión de la pandemia”, anota, “no sufren desgaste porque todavía estamos en medio del tsunami”. Los ciudadanos, explica Fumanal, todavía piensan en cómo salir de esta o en qué dimensión alcanzará el desastre pero aún no pasan factura electoral. En España se vio en las elecciones vascas y gallegas, donde sobrevivieron los mismos gobiernos autonómicos. Eso sí, avisa de que se detecta una “radicalización de las posturas”, una polarización entre quienes votaron izquierda y derecha, se compactan los bloques.

La subida de Trump y Bolsonaro

Esa polarización se observa sobre todo en Estados Unidos y en España. Según los datos de Pew Research Center, el 77% de estadounidenses cree que su país está más dividido que antes de la pandemia. El 59% de españoles piensa así. Además el 70% de votantes de Donald Trump aprueban su gestión, con una diferencia de 50 puntos frente a quienes la rechazan y no votaron al republicano. España es el segundo país donde esa diferencia es mayor, de 35 puntos, entre la valoración de sus votantes y los que no votaron al PSOE. En Italia la diferencia entre lo que opinaban los votantes de derecha o de izquierda es de 18 puntos.

“Mirar a Estados Unidos o Brasil, con los líderes más populistas, da que pensar porque los datos aseguran que la pandemia ha reforzado a Trump y a Bolsonaro, pese a una errática gestión de la crisis. La polarización les ha venido para mantener o subir su apoyo. En Estados Unidos la proximidad electoral sirve para reforzar el voto natural o activarlo cuando estaba dormido”, subraya Rafa Rubio, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid.

La diferencia de Conte

El caso de Italia es paradigmático porque la primera ola fue mucho más devastadora en este país que en España y sin embargo el Gobierno de Giusseppe Conte resiste con muy buena puntuación. El 60% de italianos cierra filas con su gestión, según YouGov. “El presidente ha sido mucho más cercano a la oposición y ha contado con un apoyo de Sergio Mattarela, presidente de la República, sólido, que le ha hecho el juego. Se reunió con todos los líderes de la oposición y todo el cuerpo político entró en un modo de negociación, de acuerdo, y eso lo ha promovido de forma muy directa el primer ministro. Ha tomado decisiones visualizando de manera muy clara la profesionalidad, montó el comité de reconstrucción liderado por el exconsejero delegado de Vodafone (Vittorio Colao) que en su momento hizo mucho ruido. Ha ido llegando a consensos y acuerdo de manera visible con muchas partes de la sociedad y con eso ha conseguido involucrar a todos, también con las regiones italianas, que se han sentido copartícipes a pesar de que es un estado mucho más centralizado que España”, considera Rubio.

“De momento no observamos grandes sorpresas ni trasvases importantes de votos. El caso italiano es interesante porque hubo elecciones hace pocos días y no se votó en términos de covid. En Corea del Sur también se celebraron elecciones y fueron de continuidad. Hubo muchos artículos al principio de la pandemia que decían que esto era el fin de populismo y la vuelta al centrismo y a los tecnócratas. Tampoco ha pasado eso. Hemos visto que esto no es el fin del populismo ni lo contrario. La marca es de estabilidad en general”, señala Cornago.

Salvini cae, ¿cae el populismo?

En Italia el retroceso del partido de Matteo Salvini no puede leerse en términos de castigo al populismo porque en ese espacio de ultraderecha crece otra marca, la de Hermanos de Italia que ha aupado Georgia Meloni. En España, los expertos señalan que aún es pronto para ver qué efecto hay sobre partidos como Vox. “En España está pasando la pandemia pero también otras muchas cosas, la negociación de los Presupuestos Generales del Estado, la gestión de los fondos europeos, la coalición… De momento, no hay alternativa clara para una moción de censura. Hay que ver qué pasa con Vox. Se está creando un caldo de cultivo que habrá que esperar para ver las consecuencias. España lleva mucho tiempo políticamente jugando con fuego”, considera el analista de Teneo.

Manuel Mostaza, politólogo y director de asuntos públicos de Atrevia, cree que hubo cierto desgaste del Gobierno español al final de la primera ola y que al final de la segunda irá a más. Hay ya encuestas, como la publicada por ’20 Minutos’ y el Grupo Heneo, que sí habla ya de desgaste. “Los dos partidos en el Gobierno pierden casi cinco minutos entre los dos respecto a noviembre. El PSOE cae 2,5 puntos y Podemos alrededor de 2,2″, subraya Mostaza. Y eso que “la segunda ola está recién empezada y estamos entrando en ella”. “En cuanto acaben los ERTE, qué va a pasar con los ERE, ese es un escenario complicado para cualquier Gobierno”, advierte este politólogo.

Las CCAA se salvan, por ahora

El desgaste de momento se centra en el Gobierno de la nación por encima del coste político para las comunidades autónomas. Pero aquí también se abre otra frase. “En las encuestas sobre la Comunidad de Madrid en todas hasta ahora al PP le iba bien. Le iba bien a (Díaz) Ayuso. Qué va a pasar ahora y cuál va a ser el relato que salga de esto. Eso no lo sabemos. Está claro el interés del Gobierno en que las comunidades asuman su parte alícuota de responsabilidad en la gestión, claro, pero está por ver”, concluye.

El responsable de Atrevia insiste en que “todo va en función de cómo está afectando la pandemia“. “En Alemania o Suecia, que fue un desastre al principio pero ahora va bien, los gobiernos salen adelante. En Reino Unido o España, con malos datos, hay una erosión importante”, destaca Mostaza. “La política mejor valorada en la pandemia ha sido Inés Arrimadas, Pablo iglesias sufre peor valoración que Pablo Casado. Claro que hay un desgaste en el Gobierno. Si exceptúas el CIS, claro”, agrega.

“En general todos los gobiernos han salido reforzados de la primera ola. Lo excepcional es desgastarse o quedarse igual”, advierte Rubio. “Los países en situaciones sanitarias de crisis, cuando hay un enemigo exterior claro, tienden a unirse y solo cuando avanza el tiempo y se van viendo los resultados en el día a día, cuando se abandona la situación de excepcionalidad, los ciudadanos empiezan a tener un juicio de valor. Mientras, la gestión es tremendamente emocional y suele ser de apoyo al líder”, destaca el consultor y profesor de la Complutense.

La crisis económica

Es otra conclusión en la que coinciden todos los expertos. El verdadero coste se verá cuando azote la crisis económica. “El Gobierno va a sufrir de verdad desgaste cuando lo económico empiece a llegar al bolsillo de la gente. Cuando las ayudas que están manteniendo la situación de forma artificial acaben. Habrá un efecto cascada a nivel familiar, empresarial y económico. No solo serán los que se queden en paro, en la calle, sino que habrá mucho más detrás. Además el programa social es el ‘cuore’ de este Gobierno, al menos de su comunicación, no se va a poder cumplir y se van a poner más en evidencia sus contradicciones y sus divisiones internas”, señala Rubio.

“El desastre de la segunda ola dependerá de cómo de fuerte sea. En España ya sabemos que es fortísima en relación con otros países. Hay que ver si países como Reino Unido simplemente van un par de semanas por detrás o no llegarán a esos niveles. Dependerá también de las medidas que se adopten. Se descarta un confinamiento como el de marzo pero ya sabemos que habrá restricciones y que la popularidad de estas medidas es cada vez menor. Los ciudadanos están cada vez más cansados. La vuelta al confinamiento es ahora mismo una especie de tema tabú en España. Nadie quiere tomar la responsabilidad y el contexto de polarización y de descentralización de España no ayuda”, apunta Luis Cornago. “La estrategia del Gobierno fue esa. Pasar la gestión a las comunidades, porque tenía sentido, era razonable porque las competencias son así pero había también estrategia. (Pedro) Sánchez comparece en Madrid porque reacciona y detecta una demanda de que alguien debe actuar. La gente no sabe bien de quién es competencia cada cosa. El Gobierno central se va a desgastar más también en esta segunda ola aunque es pronto para medir cuánto será ese castigo”, apunta este experto.

Fumanal subraya la tabla de valoración de los líderes en septiembre publicada por ACOP. Pedro Sánchez, con datos del CIS está en un 56% de aprobación, lejos del 71% de Merkel, pero también por encima del 41% de Johnson o del 41% de Macron, otro de los líderes europeos que más desgaste esta sufriendo, con elecciones francesas en 2022. “Insisto en que aún los ciudadanos no piensan en modo de recuperación o reconstrucción. Todavía estamos en modo rescate”, advierte.

Publicado en El Confidencial por Isabel Morillo

Jueces en campaña

Jueces en campaña

Ser seleccionado para el Tribunal Supremo es como ser un candidato político al que nadie quiere y que, sin embargo, lucha por ser elegido

La nominación de Amy Coney Barrett para ocupar la vacante de la recientemente fallecida Ruth Bader Ginsburg en la recta final de la campaña electoral puede tener efectos insospechados en los resultados del próximo 3 de noviembre. Pero, además, abre una batalla sin cuartel para lograr su confirmación en el Senado.

“El pueblo puede cambiar el Congreso, pero solo Dios puede cambiar la Corte Suprema” (George W. Norris). Algo de eso debe haber cuando la elección de los magistrados de la Corte Suprema, un proceso en el que confluyen el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, suele ser una de esas decisiones de la que se arrepienten todos los presidentes de los Estados Unidos, quizás por su irrevocabilidad.

Hasta 1987 la confirmación de los nominados para el Tribunal Supremo era un trámite rutinario, una presentación del candidato ante el Comité Judicial del Senado, centrada en su carrera profesional, sin entrar en cuestiones de su ideología o su vida personal, que generalmente se solventaba sin preguntas, no solía durar más de un par de horas y en la mayoría de los casos se adoptaba por aclamación, o sin votos en contra.

Sin embargo, la nominación de Robert Bock por Ronald Reagan en 1987 cambió para siempre un procedimiento que afecta a la clave de bóveda de la democracia norteamericana. Cuando se conoció su nombre, el senador Ted Kennedy criticó duramente la elección por “oponerse al aborto, favorecer la segregación, ir en contra de los derechos de los ciudadanos, prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución en los colegios, la censura de los artistas”… Quizá sin saberlo, el pequeño de los Kennedy estaba abriendo la brecha para que todo cambiara y sus críticas fueron el pistoletazo de salida para que una elección que, hasta ese momento había sido generalmente pacífica, se convirtiera en una batalla a muerte, donde intereses y principios se confunden.

A la contienda desatada se unieron algunas de las organizaciones civiles más relevantes del país, como la ACLU, que impulsaron campañas para evitar la confirmación. E incluso ya por entonces, destacó en la liza un senador, Joe Biden, que elaboró el conocido ‘Biden Report’, que el candidato más adelante calificaría como “un informe tan tergiversado que merecería figurar en cualquier antología de la injuria”. El resultado, además de un enconado debate en el que, por ejemplo, se llegaron a revisar los títulos de los vídeos alquilados por el candidato (entre los que se encontraban ‘Un día en las carreras’ o ‘El hombre que sabía demasiado’) fue el rechazo del candidato y, sobre todo, un sonoro fracaso de la Casa Blanca.

Su rechazo cambió las reglas no escritas para estos procesos de manera radical y, desde entonces, prácticamente todas las nominaciones se han convertido en auténticas batallas campales. Nunca una institución tan pequeña reclamó tanta atención ni detentó tanto poder.

Cada vacante desata una auténtica batalla que, además de a las instituciones, llega a los medios y a las calles, donde organizaciones de derechos invierten millones en organizar campañas de apoyo o rechazo al nominado, llegando incluso a convocar manifestaciones que se han saldado con cientos de detenidos.

Ser seleccionado para el Tribunal Supremo es como ser un candidato político al que nadie quiere y que, sin embargo, lucha por ser elegido. Así es como lo describió el juez Roberts en sus audiencias de confirmación. No es de extrañar que ante esta situación la Casa Blanca se arme para estas batallas como para las campañas electorales más importantes.

El proceso de selección de magistrados se ha convertido, a la vez, en un auténtico juicio con testigos cualificados e investigaciones en profundidad y en una campaña política, en la que participan los grupos de activistas, los medios de comunicación y los partidos. Un juicio en el que las sesiones se extienden durante días, incluso semanas. En él, participan decenas de testigos y el candidato se somete a cientos de preguntas sobre su vida y sus creencias, más de 1.000 en la última confirmación, en ocasiones interminables, como la de Biden en la confirmación de Alito que duró 24 minutos, todo aliñado con una virulencia impropia de los debates parlamentarios que ha llegado a provocar las lágrimas en los familiares de algún candidato, y que terminan con resultados cada vez más ajustados.

Tampoco se ahorran atajos legales como el del filibusterismo, el intento de retrasar una decisión parlamentaria a través de una sucesión de intervenciones sin fin, y sin relación alguna con el asunto en cuestión, hasta llegar incluso a bloquearla (que amenazó los procesos de Alito y Gorsuch), o el retraso ‘sine die’ de la convocatoria de la Comisión, que afectó al último nominado por Obama, Merrick Garland, que nunca llegó a ser elegido.

Los procesos se preparan durante años, como cuenta el consultor político, y jefe de gabinete de George W. Bush, Karl Rove, que vivió el proceso: cuando la jueza Sandra Day O´Connor anunció su retirada, la Casa Blanca llevaba ya 4 años trabajando en los posibles nominados con un equipo de altísimo nivel del que formaban parte el vicepresidente y su jefe de gabinete, el Fiscal General, el jefe de gabinete y el asesor jurídico de la Casa Blanca.

Los cambios de dinámica han afectado también al perfil de los candidatos, y entre los que alguna vez fueron considerados se encuentran nombres tan curiosos como el de Mario Cuomo, Michael Sandel o Hillary Clinton (una idea sexy en palabras de su marido Bill, que fue finalmente rechazada porque como recuerda Stephanopoulos “Sexy estaba bien, pero seguro era aún mejor”).

Karl Rove ofrece una idea aproximada de la entidad del proceso cuando da la composición de estos equipos “de comunicación, prensa, asuntos legislativos, asesores y miembros del departamento de justicia”. Una cohorte de profesionales con un solo objetivo: ser el ‘sherpa’ del candidato y guiarle a través del proceso de nominación. A estos equipos han pertenecido consultores reconocidos como George Stephanopulos (All too human: a political education), Karl Rove (Courage and Consequence, 417-425), Eddie Gillespie (Winning Right, 187-232), que reconocen su importancia dedicando un capítulo en sus memorias. E incluso Fred Thompson, exsenador y famoso por su papel en la serie Ley y Orden, que ejerció de sherpa del actual presidente del Tribunal, el juez Roberts, o Steve Schmidt, que sería el jefe de campaña de McCain en 2008.

Su trabajo incluye expurgar los historiales vitales y profesionales de los candidatos, realizar entrevistas a fondo para su selección, presentar al candidato al Comité Judicial y al resto de miembros del Senado, proteger su historial y su imagen de los ataques públicos, trabajar con los grupos de activistas, responder cientos de preguntas enviadas por los senadores y preparar a conciencia al “candidato” para unas audiencias que serán necesariamente desagradables, además de gestionar el día a día de la comunicación.

Todos han tenido que lidiar con acusaciones desagradables: acoso sexual, plagio, favoritismo en el proceso de adopción de un hijo…

Todos han tenido que lidiar con acusaciones desagradables: acoso sexual (Thomas y Kavanaugh), plagio (Gorsuch), favoritismo en el proceso de adopción de un hijo (Roberts), o racismo (especialmente ofensivo al venir de Ted Kennedy y referirse al Juez Alito, hijo de un inmigrante italiano) e incluso ataques de los grupos conservadores por no ser suficientemente conservador (lo que obligó a renunciar a Harriet Miers nominada por George W. Bush).

Es muy probable que, a partir de mañana, comience una batalla similar. Antes de hacerse pública la nominación ya han comenzado las críticas, que se han centrado en la condición de católica de la nominada a la que acusan de pertenecer a la comunidad religiosa en la que supuestamente se inspiró ‘El cuento de la criada’.

Ante la posibilidad que, a pesar de estas críticas, la nominación salga adelante, dando lugar a una Corte de marcado talante conservador, se plantean ya distintas propuestas.

La primera sería reproducir el bloqueo que sufrió Merrick Garland, al ser nominado por Obama en su último año de mandato, un precedente que ha sido invocado en el proceso que empieza hoy. Aunque la situación no es la misma, los principios han vuelto a ceder frente a los intereses de unos y otros, y los que en 2016 defendieron el derecho del presidente de nominar un candidato hasta su último día en la Casa Blanca, hoy se agarran al calendario (más allá de que exista un buen número de nominados en el último año y algún ejemplo de procesos de confirmación de una duración similar).

La historia muestra que, por su independencia y profesionalidad, una vez nombrados los magistrados actúan con libertad

La segunda, la del filibusterismoya ha sido desactivada. Los republicanos terminaron con esa posibilidad al extender a los Jueces del Supremo el uso de la “opción nuclear” (establecida por los demócratas en 2013 para sacar adelante las nominaciones judiciales federales), lo que permitiría aprobar la confirmación de Barrett por mayoría simple.

Como última opción se habla de aumentar el número de magistrados. El tamaño de la Corte Suprema, que no se establece en la Constitución, no ha variado desde 1869, y el último intento serio de cambiarlo fue realizado por F. D. Roosvelt, que fracasó en el intento. La opción de aumentarlo solo se justificaría por el miedo a una Corte excesivamente conservadora y sería una opción demasiado agresiva, al modificar una institución básica por un motivo puramente coyuntural.

De todos modos, la historia nos muestra que, como consecuencia de su independencia y su elevada profesionalidad, una vez nombrados los magistrados actúan con una gran libertad, y casos como el de jueces como Frankfurter, Black, Earl Warren o el mismo Roberts explican que pese a que en los últimos 50 años 14 jueces han sido nombrados por Presidentes Republicanos frente a 4 nombrados por Presidentes Demócratas, las decisiones del Tribunal Supremo sigan siendo una referencia jurídica y moral, y no solo en Estados Unidos.

Publicado en El Confidencial

Resiliencia

Resiliencia

Es el momento de la libertad en Venezuela, en el que se está jugando la libertad; y la libertad exige claridad en su defensa. No admite medias tintas ni amagos.

Hace un año Juan Guaidó era proclamado presidente interino de Venezuela y reconocido por más de 50 países y organismos internacionales. Estuve dudando si escribir en este mismo espacio que la cosa no sería inmediata, que Maduro tenía mucho que perder, que iba para largo, pero no quise confrontar con el optimismo generalizado que entendía que el régimen caería como fruta madura. Ignoraban quizás el ejemplo de Cuba, y el protagonismo que la dictadura castrista ha tenido en el país. No se trataba solo de financiación a bajo precio, ni de intercambio de mano de obra barata por petróleo, en un esquema muy parecido al de la esclavitud, sino de una cuestión de “principios”. Hacía ya años que Fidel Castro había bendecido a Hugo Chávez como el heredero legítimo de su Revolución, y en la supervivencia del régimen se jugaba el prestigio de La Habana.

Venezuela tiene un sitio reservado en el libro negro de la democracia del siglo XXI. Ha sido pionera en demostrar que, incluso tras el “fin de la historia”, es posible acabar con la democracia. Su constitucionalismo bolivariano, promovido activamente por asesores españoles, ha marcado el camino: desestabilizar la política, llegar al gobierno, y comenzar paso a paso a desmontar la división de poderes y acumular todos en el gobierno, normalmente a través de un proceso constituyente.

Desde la aprobación de la Constitución bolivariana de 1999, el chavismo ha ido reduciendo los espacios de libertad. De la promesa inicial de liberar a un pueblo de sus fantasmas, pasó a encadenarlo a la revolución bolivariana. Nada nuevo bajo el sol, una reedición del guion de las dictaduras comunistas que en Latinoamérica empezó Cuba hace 60 años y que aun hoy lucha por perpetuarse. Poco a poco fue llegando la ruptura progresiva de la institucionalidad, las persecuciones políticas y las torturas y asesinatos, el exilio… mientras una sociedad civil cada día más perseguida, mantenía viva la llama de la democracia a base de trabajo y esperanza

Desde la llegada del chavismo al poder, Venezuela no ha dejado de deteriorarse. De manera progresiva y constante se han ido disolviendo los distintos poderes, empezando por el militar, el judicial, el electoral…, sólo el Parlamento resiste, a pesar de los intentos de las últimas semanas. Menos libertad, menos instituciones, menos democracia, y a cambio, más corrupción de una cúpula dirigente que consolidaba sus privilegios mientras arruinaba el país, y la extensión del Estado a todos los campos de la sociedad desde una concepción totalitaria del ejercicio hegemónico del poder. Como consecuencia directa de todo lo anterior, hoy Venezuela es una maquina de producción de miseria. Un paraíso natural como Venezuela ha sido convertido en el paraíso de la corrupción, de la violencia y de la inseguridad, en un país sin ley. En el paraíso de las mafias, que arruinaron la que no hace tanto era una de las naciones más ricas de la tierra, en el que más del 20% de los niños sufren desnutrición y donde cada día es más difícil encontrar medicinas y alimentos básicos. Un país del que huyen sus ciudadanos, dejándolo todo atrás. Más de 5 millones de exiliados, una quinta parte de su población total, que, esparcidos por toda Latinoamérica y España, tratan de recomenzar sus vidas.

Quizás lo más admirable de este proceso, para los conocedores de otras dictaduras latinoamericanas, sea cómo de momento se mantienen tanto el respaldo internacional como el trabajo incansable de la oposición al que, a pesar de la represión sistemática del régimen contra los demócratas, no han logrado nunca doblegar. La oposición democrática venezolana no ha dejado ni un minuto de trabajar dentro y fuera para devolver la libertad a su país. Y lo han hecho a pesar de los agoreros, de las amenazas, de las persecuciones, de las torturas y agresiones, de las detenciones (más de 15.000) e incluso de la prisión (388 presos políticos que están aún en la cárcel) y el asesinato de muchos compañeros, auténticos mártires de la democracia.

A pesar de todo, la oposición nunca ha renunciado a la vía democrática, nunca asumió la vía totalitaria, y ha considerado siempre la democracia como la única vara de medir. Demócratas pacíficos, luchadores de la libertad, convencidos que a la falta de democracia sólo se le derrota con más democracia y que nunca han cedido a tentaciones simplistas, convencidos de que su perseverancia tendría frutos. Una sociedad que, a pesar de divisiones y diferencias estratégicas esenciales, nunca dejó de fortalecerse y trabajar, nunca perdió la esperanza. Resistiendo en las instituciones, sin abandonar nunca la calle, sin acostumbrarse y, sobre todo, sin rendirse nunca.

Una sociedad que, a pesar de divisiones y diferencias estratégicas esenciales, nunca dejó de fortalecerse y trabajar, nunca perdió la esperanza

En España sabemos bien la importancia del apoyo internacional que en su momento nos prestaron países como Venezuela para acabar con la dictadura. Pero ser agradecidos no está al alcance de cualquiera y mientras unos colaboraban con esta labor de destrucción de la democracia, ejerciendo de asesores mientras se lo llevaban crudo y no dudaban en blanquear al régimen opresor y colaboraban a internacionalizar el “modelo” derramando lágrimas a la muerte del tirano, otros ejercían de palmeros entre silencios cómplices y sonrisas culpables. Ambos presumen hoy de mala memoria y miran hacia otro lado, sin retirar el doble póster del Chávez y el Che de sus armarios. Durante mucho tiempo se ha acusado a la derecha de introducir a Venezuela en la agenda política de manera artificial pero ésta vez ha sido el Gobierno el que le ha otorgado carta de naturaleza. El Gobierno español, sin duda condicionado por su acuerdo con Unidas Podemos, ha pasado de reconocer al presidente Guaidó y “avanzar con decisión junto al pueblo venezolano en el camino de la democracia” a ningunearlo como, en boca del Vicepresidente Iglesias, un líder más de la oposición venezolana, un trato similar al que le dispensa el gobierno de Nicolás Maduro. El gobierno ha ido un paso más allá y uno de sus ministros con más peso político, el señor Ábalos, se ha encontrado con la vicepresidenta del país, ignorando las sanciones de la Unión Europea que el gobierno socialista de España una vez apoyó.

Hoy, es más importante que nunca mantener la presión internacional y las sanciones impuestas a los dirigentes. Hoy, más que nunca, es importante proteger a los demócratas otorgándoles apoyo y visibilidad. Es necesario mantener viva la llama de la democracia para que nadie pueda acostumbrarse, considerar su causa una causa perdida y ver cómo normal en Caracas lo que nunca admitirían como normal en Madrid. No es hora de compadreos y confusión, que sólo sirven para blanquear un régimen de terror.

Es el momento de la libertad en Venezuela, en el que se está jugando la libertad; y la libertad exige claridad en su defensa. No admite medias tintas ni amagos, sino una disposición comprometida. O libertad o tiranía. No hay más. Porque Venezuela vive un momento crucial, y España no puede mirar hacia otro lado, no puede emboscarse tras la confusión que sistemáticamente está destilando el Gobierno. No, España no puede mirar para otro lado. No sólo por gratitud y justicia, sino que con las actitudes desconcertantes que está poniendo en juego el Gobierno, nos jugamos perder la confianza de nuestros socios europeos y dejar de liderar las políticas europeas con Latinoamérica. Venezuela grita libertad. España no puede responder con el silencio, no puede colocarse en el lado oscuro de la historia.

 

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