Llevaba tiempo sin leer un libro tan interesante sobre la transición, quizás desde el libro de Cristina Palomares. Sus autores la hija y uno de los discípulos académicos de Torcuato Fernández-Miranda, actualmente Director de mi Departamento (mi jefe académico).

El libro reivindica el papel jugado por Torcuato en la transición, su cercanía al Rey, su prudencia y discrección, su trabajo oculto, su dominio de los tiempos, su fama de hombre intrigador y poco transparente, la paternidad de la Ley para la Reforma política, su retirada con sensación de haber cumplido su tarea.

El libro cuenta con un importante cuerpo teórico, en el que analiza con rigor los porqués procedimentales de los cambios institucionales (su rechazo a la ley de asociación (todo o nada), la aprobación del trámite de urgencia que obligaba a discutir en el pleno, la reactivación del Consejo Nacional y la continuidad de sus reuniones…) pero no por eso carece de ritmo narrativo que, salvo cierta tendencia incomprensible a la repetición que se explicaría por estar escrito al alimón, hace el libro no sólo interesante sino también entretenido.

Basado en el archivo del protagonista, con un buen número de notas personales, el lector obtiene una visión privilegiada y muy bien documentada de un periodo esencial en la historia de España, el que va desde la última fase de enfermedad de Franco hasta la aprobación en las Cortes Franquistas de la Ley para la reforma política, a finales de 1976. Desde esta atalaya privilegiada, la de D. Torcuato, desde la que se contempla su sintonía con SM, el mal rollo existente entre D. Juan Carlos y Arias Navarro, el papel de Armada, eterno confidente del Rey y, en impresión de Torcuato, poco amigo de los cambios radicales; la figura de Suárez que recibe una calificación regular (como un seductor nato, docil en los momentos de la transición y equivocado cuando quiso “volar por su cuenta” y acontecimientos para mi desconocidos como la preparación de manera consensuada de la terna de candidatos a la Presidencia del Gobierno tras la dimisión de Arias, o los distintos movimientos para ocupar un lugar en esa terna. Además uno descubre un personaje, que según los autores ha sido muy mal tratado por la historia de España, tremendamente atractivo, también desde el plano personal, con una concepción del Estado, del poder y del servicio a su patria, que provoca la envidia de los que hoy seguimos la política de cerca.