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Origin Embassy Madrid (Spain)
Cable time Wed, 22 Dec 2004 14:52 UTC
Classification CONFIDENTIAL
Source http://wikileaks.org/cable/2004/12/04MADRID

Manual de resistencia: de la Constitución soviética a la bolivariana

Manual de resistencia: de la Constitución soviética a la bolivariana

El pueblo cubano seguirá bromeando sobre el secreto de la supervivencia de la dictadura más longeva de nuestra época, mientras se pregunta en privado: ¿qué he hecho yo para merecer esto?

hablar en estos días, nos ofrece el título perfecto para analizar un nuevo capítulo de otra historia de supervivencia, la de la dictadura cubana. Una historia que ha conseguido mantener la isla congelada en el tiempo, convertida en un museo temático del comunismo, desde que Fidel Castro se alzó con el poder en 1959, logrando, desde entonces, sobrevivir a la caída del Muro de Berlín, el fin de la URSS, el período especial, la muerte de su fundador e incluso un nuevo relevo de poder.

Para conseguirlo Cuba se ha beneficiado siempre de la indiferencia internacional (rozando en ocasiones la admiración) y el apoyo de un “tonto útil” que ha ido cambiando, un país que ofrecía al régimen el dinero y el avituallamiento necesario para sobrevivir, a cambio de disfrutar del “prestigio” revolucionario de la isla cárcel, beneficiarse de misiones sociales (una suerte de esclavitud estatal moderna) en áreas como la salud, la educación o el deporte y, sobre todo, su asesoramiento en las artes del control social. En el comunismo no existe el altruismo, y cada vez que estos “socios revolucionarios” han entrado en crisis, el Gobierno cubano se ha sentado a contemplar cómo paseaban su cadáver, mientras aumentaba la leyenda de la inmortalidad del comunismo caribeño.

El último ‘partner in crime’ de la dictadura cubana ha sido la Venezuela de Chávez y Maduro

El último ‘partner in crime’ de la dictadura cubana ha sido la Venezuela de Chávez Maduro, con la que ha mantenido una relación de dependencia enfermiza en los últimos años. Mientras Cuba apuntalaba el sistema represivo del ejército y los servicios secretos venezolanos, Venezuela pagaba la factura en forma de subsidios y petróleo casi regalado.

Hoy, los cubanos contemplan con cierta envidia, una vez más, cómo en Venezuela aquellos que han mantenido la dictadura se tambalean ante la fuerza de una sociedad civil que, sin violentar la ley, siempre supo mantener su esperanza y lograr el respaldo de una presión internacional que ya quisieran para sí los cubanos. Mientras, el Gobierno de Díaz-Canel escribe un nuevo capítulo de su propio manual de supervivencia y ha buscado refugio en una reforma constitucional, liderada por Raúl Castro. Un nuevo texto que apuntala las viejas herramientas totalitarias en las que el régimen cubano basa su poder.

La Constitución cubana

La Constitución cubana, que hoy se somete a referéndum, contiene 224 artículos, 113 que reforman artículos ya existentes en la Constitución anterior, de 1976, añade 87 nuevos y conserva 11 artículos mientras elimina definitivamente 13. Se trata de un ejercicio de puro constitucionalismo semántico, según la tipología de Loewenstein. En contra de lo que cualquier Constitución democrática exige, la que el régimen pretende imponer, lejos de servir a la limitación del poder, se convierte en un instrumento de legitimación de quienes llevan décadas ejerciéndolo. La Constitución no cumple con los requisitos esenciales que desde 1789, en el artículo 16 de la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, son considerados imprescindibles para hablar de un Estado democrático. No consagra la supremacía del texto constitucional y su aplicación directa, imprescindible para la existencia de un Estado constitucional, ni establece un órgano jurisdiccional para su aplicación; ni siquiera respeta parte de los compromisos internacionales adquiridos por el propio Estado cubano, como la Declaración de Viena de 1993. La división de poderes, connatural a cualquier Constitución, es sustituida por mecanismos deconcentración de poderes, en el que la Constitución se subordina al poder siguiendo la vieja máxima socialista, “no se hace la Revolución con el Derecho sino con la política”. La suma de todo lo anterior convierte el texto constitucional en letra muerta, un panfleto incapaz de generar verdaderas obligaciones jurídicas.

La nueva Constitución cubana también se queda muy corta, respecto a constituciones contemporáneas, en lo que se refiere a los derechos fundamentales. Aunque amplía la carta existente en la Constitución anterior, reconociendo la propiedad privada, no se incorpora ni la jerarquía constitucional de los tratados internacionales de derechos humanos firmados por el país, ni la clausula abierta en el reconocimiento de derechos que sí incluyen, por ejemplo, constituciones más recientes. Tampoco se refiere a la universalidad de los derechos, limitando expresamente los mismos a los extranjeros con residencia legal y ni siquiera lo hace en condiciones de plena igualdad, abriendo la puerta a que la ley establezca diferencia de acceso a los mismos entre cubanos y extranjeros residentes. Sorprende, además, cómo derechos como el de la educación y la salud, emblemas simbólicos del comunismo cubano durante muchos años, se desvinculan de la ortodoxia comunista eliminando la gratuidad en el caso de la educación postgraduada, y abriendo la posibilidad que los servicios de salud no sean ofrecidos directamente por el Estado.

Derechos como el de la educación y la salud, emblemas del comunismo cubano durante muchos años, se desvinculan de la ortodoxia comunista

Todo esto mientras consagra al Partido Comunista como fuerza dirigente superior de la sociedad (art. 5) y establece como irrevocable el sistema socialista de partido único (art.4) que, por si quedaban dudas, declara perpetuo (art. 229), estableciendo el “derecho ciudadano” de “combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, (…) a cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido” (artículo 4), una amenaza explícita que institucionaliza los CDR, que no son otra cosa que los Comités de Defensa de la Revolución.

Todo lo anterior nace además viciado desde su origen. El referéndum en el que los cubanos están llamados a ratificar el texto de la nueva Constitución, difícilmente reúne las características para ser considerado como tal. No ha existido la libertad para hacer campaña defendiendo cualquiera de las opciones; ni la igualdad de condiciones en la competición electoral, ni existe la necesaria independencia del organismo electoral, ni la presencia de observadores internacionales en todas las fases del proceso. No se da nada más que la omnipresencia y poder de un Gobierno que ha puesto su enorme aparato de propaganda al servició de la campaña del ‘Sí’, violando de paso su propia ley electoral, mientras reprime a los que intentan hacer campaña por el ‘No’.

De poco servirán los debates celebrados que, a pesar de ser presentados por la propaganda como “el más colectivo de los ejercicios de pensamiento”, no se han traducido en cambios relevantes al texto original más allá del rechazo al matrimonio igualitario que formaba parte de la propuesta inicial.

De ninguna manera estamos ante el comienzo de una nueva etapa

Ganará el ‘Sí’. Lo hará, porque de ninguna manera estamos ante el comienzo de una nueva etapa, sino ante un capítulo más del manual de supervivencia del régimen cubano. El camino que el comunismo ha recorrido hasta aquí es el que pretende seguir recorriendo en adelante, mientras aumenta la división de una sociedad que, como señala Rafael Rojas, ha entrado “en una fase imparable de pluralización”.

El pueblo cubano seguirá bromeando sobre el secreto de la supervivencia política de la dictadura más longeva de nuestra época, mientras se pregunta en privado: ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Publicado en El Confidencial

 

La fascinante fascinación de Fidel Castro

La fascinante fascinación de Fidel Castro

El año de la post-verdad no podía tener mejor fin de fiesta que la muerte del dictador.

El año de la post-verdad no podía tener mejor fin de fiesta que la muerte de Fidel Castro. La cobertura informativa de los últimos días es la prueba del 9 de cómo, en tiempos de internet, la información se va apartando de los hechos deslizándose por la pendiente de la opinión, que tan buen resultado da en las cámaras de eco en las que se están convirtiendo las redes sociales.

Me fascina la fascinación con la que algunos han despedido a Fidel Castro. No se trata sólo de aquellos que parecen haber unido su futuro al destino de la Revolución, sino de personas o medios, por lo general inteligentes, cuya defensa de la democracia no se puede cuestionar pero que, ante mi fascinación, despiden fascinados a un líder militar que, sólo por poner algún ejemplo, dirigió con mano de hierro los destinos de Cuba durante más de 50 años, sin someterse ni una sola vez al refrendo de las urnas, violando reiteradamente los derechos de sus conciudadanos y dejando a su país, desde una perspectiva comparativa, en una situación mucho peor de la que se encontró en 1959.

Si atendemos a lo publicado estos días, encontramos algunos motivos de esta fascinación:

1. El primero sin duda es la disonancia cognitiva que provocan las ideologías, en este caso el comunismo. Un daltonismo, en expresión feliz, que habla de revolución o golpe de estado, presidente o dictador…, en función del color político del interesado.

2. El segundo sería su atractivo personal. Un vistazo a los álbumes y anécdotas personales publicados en los últimos días no dejan duda de que tenía un trato agradable, encantador. Quizá por eso los que le conocieron no han dudado en rendir tributo a su persona… en un ejercicio que recuerda a los vecinos del detenido que, ante las cámaras de televisión, no dudan en señalar la educación del susodicho, que cedía el paso en el portal, saludaba en el ascensor o no dudaba en ayudar a los mayores con las bolsas de la compra… “Una persona normal”.

3. El tercero tiene que ver con el encanto de su discurso, el poder de su retórica, la construcción dialéctica de la utopía comunista que, aún hoy, sigue generando simpatías. Quizás el rumor de sus discursos eternos impide distinguir las voces de los ecos, las palabras de los hechos, “la eterna y repugnante distancia entre la teoría y la práctica”, como señaló con acierto Carlos Mayoral.

4. La nostalgia de lo que pudo ser también se encuentra en los argumentos. Es el Castro de las buenas intenciones, pareja del Che Guevara en el baile de los iconos pop, el discreto encanto de la tentación autoritaria. Como si para lograr la absolución no fuera necesario el juicio de la Historia y bastaran sus infinitos deseos de un mundo mejor. Como repite la sabiduría popular, “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”, y gran parte de los hits que conforman sus grandes éxitos, como la guerra de Angola o los distintos intentos de sembrar la revolución en Latinoamérica, lejos de contribuir a un mundo mejor desembocaron en auténticas carnicerías, con consecuencias que han llegado hasta nuestros días.

5. Otro motivo es sin duda el de los daños colaterales necesarios. Para los que defienden este argumento los fusilamientos probados (en torno a los 7.000), los presos políticos, los campos de reeducación, la violación constante de los derechos humanos, o su amistad con dictadores como Mugabe, Videla o Franco, no serían más que el precio a pagar por un bien superior: educación y sanidad. Es la reedición caribeña de esa máxima del cinismo, “No se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos”, que tanto gustaba a otros hombres fascinantes como Stalin o Robespierre. El problema se complica cuando, 50 años y muchos huevos después, uno se pregunta: ¿dónde está la tortilla?, ¿qué parte del progreso de la segunda mitad del siglo XX se la debemos a Castro?; o, de manera mucho más simple, ¿está Cuba en mejor situación de como se encontraba en 1959?

6. Entre las causas tampoco podemos descartar la ignorancia de aquellos que, cegados por el relato de un símbolo contemporáneo, fruto, entre otras cosas, de una impresionante actividad de propaganda que empezó en los periódicos, se trasladó a la televisión y se ha extendido también a internet, evitan conocer una parte importante de la Historia, una parte macabra y dictatorial, sin la que no es posible entender al fascinante personaje.

Como han dicho muchos, el 25 de noviembre de 2016 no terminó nada. La muerte de Castro no garantiza una pronta recuperación de la democracia. No parece que ese modelo político chifa, que combina la economía china con la dictadura latinoamericana, vaya a poner punto y final a este largo experimento antidemocrático en mitad del Caribe. Fidel Castro seguirá presente en libros y artículos de todo el mundo, mientras los cubanos seguirán esperando, reservándole el trato que los países oprimidos han dado siempre a sus dictadores una vez alcanzada la libertad.

Publicado en Libertad Digital

 

El NYT o la Casa Blanca, ¿quién influye en quién?

El día 11 de octubre, dos meses antes del anuncio de normalizar relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, el New York Times publicaba un editorial sorprendente en el que abogaba de manera directa, y sin motivo aparente, por el fin del embargo. El editorial, coherente con la línea del periódico hasta la fecha, sorprendía por el momento, en plena batalla electoral de las midterms norteamericanas. En una decisión sin precedentes el periódico decidía además publicar una versión integra del editorial en castellano, y el editorial, oportunamente divulgado por los medios de comunicación oficiales y el propio Fidel Castro, recibió un amplio eco en la isla.

Una semana después el periódico insistía en el tema cubano, con otro editorial en el que ensalzaba el papel de los médicos cubanos en la lucha contra el ébola. En lo que se convertía en la segunda de una serie de siete editoriales (que incluían la petición de un canje de prisioneros) que llegarían hasta el día 15 de diciembre, dos días antes del anuncio, cuándo el NYT se refería directamente a la situación de la economía cubana y a cómo Obama con una serie de medidas podría ayudar a mejorar la economía de Cuba.

Lo explicaba unos días antes Ernesto Londoño, editorialista del NYT, a la Cadena Ser. Según el editorialista de origen colombiano, incorporado recientemente al periódico procedente del Washington Post, las editoriales buscaban influir en la administración “en un momento en el que la Casa Blanca va a tener que tomar decisiones”. Además, consciente de la dificultad de que un Congreso republicano levantara el embargo apuntaba a una serie de medidas que podría adoptar de manera directa el Presidente norteamericano: “Puede reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba, puede flexibilizar un poco más las restricciones de viaje y los mecanismos para que las personas en EUU envíen dinero a Cuba, tanto a sus familia e inviertan en los nuevos negocios en la isla”.

Como señalaba Carlos Alberto Montaner la sucesión de acontecimientos no parece casual, y la pregunta es si el New York Times ha sido capaz de marcar la agenda de la Casa Blanca, o ha sido esta la que ha ido sembrando de interés e información al equipo editorial del Times para tantear primero y preparar después a la opinión pública norteamericana.

En la entrevista citada, el editorialista del NYT anunciaba que la serie no iba dirigida sólo a Estados Unidos y que continuaría con “una serie de llamados al gobierno cubano”, quedamos a la espera, y confiamos en que la normalización iniciada no incluya el silencio del periódico norteamericano en este tema.

Aquí podéis acceder a los editoriales:

11.10 Tiempo de acabar el embargo:
19.10. La impresionante labor de los médicos cubanos
26.10 Los cambios electorales respecto a Cuba
3.11 Un canje de prisioneros
9.11 Desventuras al derrocar un régimen
17.11 La fuga de cerebros
15.12 La economía de Cuba en una encrucijada.