El ninismo y el pre totalitarismo en Venezuela

Nos cuenta Luis De San Martín en El Diario Exterior:

El «ninismo» es un fenómeno social que en la Venezuela revolucionaria, post-democrática o pre-totalitaria, identifica a ese sector de la población que no quiere problemas; que observa desde la barrera las confrontaciones cotidianas entre los partidarios de la imposición dictatorial y los ciudadanos que se niegan a aceptar como irreversible ese anacronismo perverso que llaman «socialismo del siglo XXI». Son un conglomerado compuesto por personas de todos los estratos sociales y niveles de instrucción que, pese a padecer a diario los efectos del peor gobierno de nuestra historia republicana, mantienen una equidistancia cínica con ambos bandos a la espera de que la balanza se incline definitivamente hacia uno de los lados.

Son astutos relativistas dispuestos a comulgar con el poder sin importar su naturaleza, es decir, les da igual que sus pretensiones sean hegemónicas y liberticidas porque al final, dicen ellos, «los políticos son todos iguales». Se creen equilibrados al pretender situarse en el punto medio entre dos posiciones antagónicas en busca de una falsa objetividad; una falacia muy extendida que no resiste un mínimo análisis, ya sea en el campo científico o político, puesto que la objetividad debe constituir una tendencia constante y sostenida hacia la verdad, y ésta, aunque escurridiza y compleja, existe más allá de los pareceres. Los hechos son tozudos y ante ellos los «ninistas» consuetudinarios optan por la técnica del avestruz (no ver) o la del camaleón (camuflarse, para pasar desapercibidos).

La neutralidad vacua de la que hace ostentación el «ninista», frente al conflicto entre un gobierno corrupto, anacrónico, paranoico, militarista e incapaz y una sociedad civil que se le resiste como gato panza arriba, es ya una toma de posición que favorece al victimario. De esta manera el «ninista» se salva de las posibles represalias hasta el instante en que la arbitrariedad toque a la puerta de su casa o en que sea salvado por quienes han arriesgado el pellejo por la libertad.

Su objetivo en la vida es que lo «pongan donde hay», ese lugar que en Venezuela significa concretamente un puesto en la administración pública, conseguido mediante el clientelismo político, en el que se trabaje poco y se cobre mucho. Llega al colmo de la contradicción cuando se define a sí mismo como apolítico, al amparo de la sombra del caudillo y sus secuaces.

Sin embargo, el «ninista» tiene conciencia y la realidad lo agobia. Por muy simplista que sea su pensamiento percibe las consecuencias del imperio del crimen en las calles venezolanas, la proliferación de vendedores ambulantes, el mal estado de los servicios públicos, la inutilidad de las instituciones y los niños malabaristas en los semáforos. Aunque se enorgullezca de una cierta dosis de anti-americanismo, intuye como peligrosas las amistades de Chávez en el panorama internacional, ámbito en el que el régimen establece relaciones carnales con una liga de dictadores y autócratas que atormentan a sus pueblos y amenazan a las sociedades democráticas.

En ocasiones, en público, disfraza con humor escatológico los excesos verbales de su comandante en jefe, mientras en privado se preocupa por la imagen que Chávez proyecta de la sociedad venezolana. Su extrema frivolidad la disfraza con apelaciones abstractas a la justicia social, la paz y la venezonalidad, conceptos que quedan muy bien en medio de una partida de dominó los domingos por la tarde. Entre güisqui y güisqui lanza frases lapidarias tales como «eso siempre ha sido así» o peor aun «los venezolanos somos así» para explicar la visibilidad obscena de la corrupción gubernamental, la indigencia omnipresente y la inanidad de las Fuerzas Armadas para restablecer nuestra soberanía en una frontera plagada de narcoguerrilleros, secuestradores y contrabandistas.

Muchos de ellos tienen un amigo militar con el que compiten en amplitud abdominal y elasticidad moral, a la vez que se regodean de un crecimiento económico que se nota en las largas listas de espera para adquirir vehículos último modelo, la pujante demanda de artículos de belleza y la proliferación de casinos y centros comerciales. Los oficiales de alto rango, temerarios guerreros en los campos de batalla del club social del círculo militar, se han consolidado como el verdadero partido político de la revolución bolivariana, lo que los ha transformado en eficientes agentes de trabajo temporal cuyo perfil de empleado ideal lo constituye el «ninista».

Las encuestas los sitúan entre un 20% y 40% del electorado para las próximas elecciones del 3 de diciembre, en las que los venezolanos se juegan la posibilidad de iniciar un proceso de reconciliación y reconstrucción nacional o la continuación de la barbarie nacional-populista. Saber a que va a optar el «ninista» es un enigma existencial que dependerá de las condiciones electorales del sistema automatizado de votación, es decir, si hay captahuellas, que vulneran flagrantemente el secreto del voto, el «ninista» votará por Chávez, no vaya a ser que quede registrado en una nueva lista de contrarrevolucionarios, y si las eliminan al menos se lo pensará. Hay quien ante la amenaza totalitaria sólo reacciona para pedir más hielo en el güisqui a ritmo de regaetón.

No obstante el panorama desolador que pinto con mis palabras, también hay empleados públicos y contratistas del Estado que esperan la oportunidad para cobrarse los chantajes y presiones a los que han sido objeto en todos estos años, lástima que sea imposible saber su cuantía. El estatismo económico tiende siempre a condicionar perniciosamente la autonomía de las personas.

La existencia de un significativo porcentaje de arribistas en la sociedad venezolana debe hacer reflexionar a la renacida oposición que se agrupa en torno a Manuel Rosales, toda vez que el triunfalismo es el peor aliado posible ante la complejidad y magnitud del reto planteado. Las condiciones electorales son las mismas que nos obligaron a abstenernos en las elecciones legislativas: registro electoral envenenado, captahuellas, máquinas de votación inauditables y bidireccionales, testigos de mesa oficialistas, observadores internacionales mudos, etc. Hugo Chávez cuenta con los recursos para imponerse por las malas, por lo que hay que ser responsables en la gestión de la esperanza porque, aunque el 3 de diciembre es un momento de inflexión importante, el mundo no se va acabar ese día. Como mucho será otro punto y seguido, sea cual sea el resultado.

Nuevas formas de comunicación política

La comunicación política en Cataluña siempre ha ido un paso por delante. Si en la última campaña de Jordi Pujol vs Maragall, sus contrawebs marcaron un hito y proporcionaron momentos divertidos a los que seguiamos la campaña, esta vez ha sido el video de Ciu, los blogs de los candidatos y un videojuego, elaborado por una empresa particular sin clara afiliación política.

Así nos lo cuenta el país:

El videojuego de las elecciones catalanas
Gana el que antes consiga un pacto entre los partidos catalanes
EFE – Barcelona
ELPAIS.es – 18-10-2006 – 19:51

Los protagonistas de las elecciones catalanas ya tienen su videojuego. La empresa catalana La Factoria d’Imatges ha lanzado el videojuego «El joc de la cadira» (El juego de la silla). Los jugadores deben realizar pactos virtuales entre los diferentes partidos en el menor tiempo posible. Una tarea que parece fácil, al menos en el mundo virtual.
El juego de la web www.jocspolitics.cat ha tenido una gran acogida entre los sectores políticos, medios de comunicación e internautas, según la empresa catalana.

Los jugadores deben realizar pactos virtuales entre los diferentes partidos en el menor tiempo posible. La voluntad de los promotores del juego es conseguir que los ciudadanos puedan seguir la campaña electoral catalana desde otra perspectiva, menos tensa que la real.

El juego está en catalán y aunque son mayoría los europeos que juegan, también los hay también de Estados Unidos y Argentina.

La utilización de nuevas formas de comunicación política ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad que, no sólo garantiza cierta cobertura mediática sino que además logra llegar a un sector de la población poco dada a asistir a mítines o a creerse anuncios electorales en la televisión. Aun no sabemos qué se está preparando para las próximas elecciones autonómicas y municipales. Puede ser el momento de formatos como el videoblog, las comunidades virtuales…. o del más de lo mismo, nunca se sabe.

Los ciudadanos entran en campaña

Tras la compra de Youtube mucho se ha comentado sobre el «potencial» del video en la red. Hay otros que empiezan a sacarle otro tipo de rendimientos, ahora en campaña electoral. Nos lo cuenta el pais:

Cómo desacreditar al rival con una cámara y el apoyo de la Red
El vídeo online entra en la campaña legislativa de EE UU, donde videoaficionados graban al oponente en busca de una metedura de pata que difundir en Internet
AGENCIAS – Washington
ELPAIS.es – 16-10-2006 – 08:34

¿Quiere sorprender a su rival político durmiendo la siesta durante una sesión parlamentaria o realizando una declaración inconveniente o racista? Diríjase a Internet. Jóvenes armados con videocámaras digitales son el último arma secreta de los políticos en la campaña electoral que se celebra en EE UU. Encargados de seguir al rival, y conseguir material que lo desacredite.
Los políticos estadounidenses embarcados en la lucha electoral por la renovación del Congreso, una elección que se celebrará el próximo 7 de septiembre, han asumido el poder viral de los vídeos de Internet. Los responsables de algunas campañas han llegado a realizar incluso envíos masivos de mensajes de correo en los que se ofrecían enlaces para ver al rival en situaciones embarazosas.

«Internet y las nuevas tecnologías están cambiando radicalmente nuestras vidas, y la política no es diferente», afirma el director de la página web PoliticsOnline. En su opinión la influencia de la Red será muchísimo mayor en el futuro y «lo cambiará todo de forma radical». «Cualquier persona con una videocámara, un poco de tecnología, creatividad, energía y suerte o habilidad puede llegar a participar en el proceso político», asegura.

Carol Darr, directora del Instituto de Política, Democracia e Internet de la Universidad George Washington (www.ipdi.org) explica que los vídeos realizados por aficionados pueden calar más en la audiencia porque no recurren a la retórica política habitual, son algo «real y humano que logran captar la atención de la gente».

Por otra parte, la existencia de videoaficionados que pueden colgar el vídeo grabado a un candidato en Internet modifican la gestión de las campañas. «Limitan la posibilidad de que los candidatos se reúnan en pequeños grupos para afinar su mensaje, ver qué funciona y qué no», afirma Darr. «Si te graban en una de esas situaciones luego puedes ser acusado de cambiar mucho de opinión».

Uno de los políticos que han quedado en evidencia por obra y gracia de YouTube o Google Vídeo es el senador republicano George Allen, senador del estado de Virginia, que durante un mitin señaló a una persona enviada por su rival, el demócrata James Webb y le llamó «macaco». El vídeo en el que Allen insulta a S.R. Sidarth, un estudiante universitario, llamó la atención de los activistas demócratas y gracias a la distribución que ha logrado (tiene más de 260.000 visitas) parece haber impulsado la campaña de Webbs.

«Si lo hubierais escrito no habría tenido tanto impacto», ha asegurado a la prensa el portavoz de la campaña de Webb, Kristian Denny Todd. «Pero con el vídeo pudisteis ver su comportamiento, como lo repite, como lo hace para mofarse. Es algo que no se puede capturar con palabras. La gente tiene que verlo».

Otro vídeo que está circulando con éxito (más de 80.000 visitas) muestra al senador republicano por el estado de Montana, Conrad Burns, exhando una cabezadita durante una sesión del Senado.

Hay otros modelos como el de David Cameron o el del político laborista que ha utilizado la misma técnica para ridiculizar su iniciativa… pero de lo que no hay duda es de que este puede ser el formato de las próximas campañas electorales en nuestro país, ¿llegarán a tiempo para el 2007?

El modelo Republicano de campaña electoral

Una forma de entender el «incomprensible» éxito de los republicanos en las últimas citas electorales es estudiar su poderosa maquinaria electoral (GOP) a las ordenes de Ken Melhman. A través de un uso intensivo de las nuevas tecnologías los republicanos han llevado la campaña «word of mouth» hasta casi la perfección, y cada año van perfeccionando el sistema. Así han logrado mantener la movilización del voto republicano en ambas citas, y esperan poder repetir el éxito una vez más en noviembre, de ahí su relativa tranquilidad.

Así lo cuenta el New York Times:

Democrats Have Intensity, but G.O.P. Has Machine
By ROBIN TONER

WASHINGTON, Oct. 14 — Clif Kelley, a retired economist from Columbus, Ohio, is the walking, talking, fuming embodiment of what pollsters say is a defining feature of this election: the intensity of Democrats.

Mr. Kelley and a handful of fellow Democrats in Franklin County’s 21st Ward began meeting about two years ago, calling themselves Grassroots 21. Today they have a newsletter, a blog and on one recent Sunday a sprawling audience crammed into Mr. Kelley’s suburban backyard for a rally on a semi-rainy day.

Mr. Kelley reminded his friends that he vowed two years ago he would not die under a Bush administration. “You can see I’ve been holding on,” he said as the audience roared.

Mr. Kelley is 89. And angry. He says he simply “can’t wait” for Election Day.

Voter intensity is a critical element in politics, especially in midterm elections, when Americans’ interest and turnout are typically much lower than in a presidential election year. Pollsters say enthusiasm among Democrats is particularly high this year — significantly higher, by several important measures, than the intensity of Republicans.

Republican strategists counter that they can compensate for any gap in enthusiasm with their legendary get-out-the-vote operation. The party has built its electoral success in the last two elections on identifying and producing nearly every obtainable Republican vote at the polls; this time may be more challenging, they say, but no different.

“I do think our base is coming together and will be coming together later, but four weeks is an eternity in this business,” said Representative Tom Cole, an Oklahoma Republican and longtime party strategist. Republicans will ultimately be motivated to vote, Mr. Cole said, and they will turn out on Election Day even if “this is a race where professionalism has to make up for enthusiasm.”

Even so, in the latest New York Times/CBS News poll, conducted Oct. 5-8, 46 percent of Democrats said they were more enthusiastic about voting this year than in previous Congressional elections, compared with 33 percent of Republicans.

A similar trend appears in recent polls by the Pew Research Center and Gallup, which show that Democrats’ level of engagement is higher than in the midterm elections of 2002, 1998 and especially 1994, when a Republican landslide gave the party control of the House and Senate.

Democratic strategists consider this new intensity a critical advantage throughout the ups and downs of a campaign narrative driven at various times by war, national security scares, gas prices and, most recently, the scandal surrounding former Representative Mark Foley, Republican of Florida.

“There’s been a consistent pattern for the better part of a year that Democrats are pretty focused on what they’re voting for and what they’re voting against,” said Geoffrey Garin, a Democratic pollster, “while Republican voters are feeling ambivalent on both fronts.”

Voter intensity can bubble up from the grass roots, but it can also be stoked (or dampened) by the candidates’ campaigns and harnessed by a sophisticated turnout campaign.

Conservative voters have many reasons to be less enthusiastic this year, analysts say, including their party’s deficit spending and the scandal over Mr. Foley’s conduct toward Congressional pages, not to mention an array of local Republican scandals in Ohio. But if the Republican get-out-the-vote drive, known as the 72-Hour Project, lives up to its billing, said Andrew Kohut, head of the Pew center, “the turnout consequences for the G.O.P. might not be as dire as these poll numbers suggest.”

The Republican machine was on full display last weekend in Ohio, where volunteers worked phone banks in all 88 counties on what the party called Super Saturday. They contacted 100,000 carefully selected potential Republican voters and knocked on the doors of 50,000. When the day was done, Jason Mauk, the political director for the state party, said, “I think that really discredits the notion that Republican voters and volunteers are not energized.”

At one of those phone banks, in downtown Columbus, the energy level was high, fueled by endless trays of doughnuts, bagels and pizza. Shift after shift of volunteers rotated through, with a steady murmur of voices reading a script, urging a vote, offering to arrange an absentee ballot: “This is a very important election year, and your vote will help determine Ohio’s future.”

One of the volunteers, Laurie Sutton, said: “I hit the phone banks every night. I’m addicted to it.”

At midday, several of the top Republican candidates came by to rally the troops. Betty Montgomery, who is running for state attorney general, acknowledged the challenges facing Republicans this year but summoned the memory of the Ohio State football coach Woody Hayes. “We know how to win,” she said. “We know the fundamentals. He would say, ‘Execute the fundamentals!’ ”

Ms. Montgomery recalled the 2004 election, when Ohio delivered the presidency to Mr. Bush, largely on the basis of the Republican turnout operation. “We blew their socks off,” she said of the Democrats. “They didn’t know what hit them.”

But Ohio Democratic leaders say they do know what hit them two years ago and vow that it will not happen again. “The Republicans talk about that 72-hour operation as if it’s the best thing since electricity,” said Chris Redfern, chairman of the Ohio Democratic Party. “The fact is, I believe we will be competitive.”

Underscoring the rivalry, Ohio Democrats said they also completed 100,000 calls that Saturday. Around the country, though, some Democrats wonder whether their party can match the well-financed 72-Hour Project, created by the Republican National Committee; some of the outside groups who worked on voter turnout for the Democrats in 2004 have curtailed their efforts, although party campaign committees insist that they have stepped forward to fill the gap.

Ohio is a state where the partisan war has raged, with little interruption, since 2004. But polls suggest that around the nation, voters understand what is at stake in these midterm elections.

Two major factors drive the Democratic intensity, analysts say: anger about the war in Iraq and other Bush administration policies, and optimism about their chances this year.

“I feel like there’s some hope to get more Democrats elected this time,” said Virginia Crossett, 53, a Democrat and veterinary technician in Louisville, Ky., who was interviewed in a follow-up to the recent Times/CBS poll. Half of the Democrats who were more enthusiastic about voting said they felt that way because victory was in reach.

“I think most of the Republicans are doing a horrible job, and I don’t feel like my life is any better whatsoever in the last six years — and probably worse,” Ms. Crossett said.

The flip side to the Democrats’ optimism, of course, is that the prospect of Democratic control is a powerful motivator for many Republicans.

“A lot of issues are important to me, major issues like the war on terror, what’s going on in Iraq, North Korea and Iran, immigration and the Mexican border,” said Rick Nunley, 40, a Republican from North Canton, Ohio, who works in industrial sales. “Those issues will be affected drastically in the not-too-distant future if there are major policy changes or shifts in the government.”

Republicans say they will keep working to harness their vote. Holly Pendell, a veteran Republican volunteer who works for the United States Chamber of Commerce, was canvassing a suburban Columbus subdivision last Sunday with her “walk book” that identified which houses to visit. The advertising campaign started so early and became so intense that people “can’t even make sense of the ads,” Ms. Pendell said. “That’s why door-to-door is so important.”

Democrats say they will be doing the same, while also counting on the intensity of the Clif Kelleys of the country. When the Democrats lost the presidential race in Ohio two years ago, it was a painful defeat to many on the local level. But Grassroots 21 has made real progress in its neighborhood, Mr. Kelley said, and “it gave us confidence that we could so something.”

“What really pushes us now is the issues,” Mr. Kelley said. “We’re mad. I’m mad.”

The group, in fact, recently adopted a new logo: the Fighting 21st.

Se busca democracia alternativa. Solzhenitsyn en ABC «Mi modelo… no es el sistema occidental de partidos, que sólo buscan subir al poder»

Seguimos encontrando ideas en la reflexión sobre el modelo de democracia del siglo XXI. Rusia ha optado desde hace tiempo por lo que su presidente Putin denomina democracia dirigida, que nadie sabe bien en qué consiste pero da un poco de miedo. Desde Estados Unidos Alexander Sozhenitsyn aporta alguna idea interesante.

En primer lugar sobre el precio de la descivilización, algo que cada vez me da más vueltas, cuando una civilización comienza su declive y abandona sus valores esenciales, abre la puerta a otras civilizaciones más solidas a ocupar su sitio. Eso dicen que pasó en Grecia, en Roma, y, según cuentan, a los mayas (dicen que Mel Gibson en su Apocalipto lo describe con acierto)… no sé por qué leer la siguiente frase me provoca cierto temor:

El conjunto de la humanidad había de pagar forzosamente por la pérdida del sentido de limitación autoimpuesta, de moderación autoimpuesta de sus deseos y exigencias, por la franca avaricia de los ricos y poderosos (personas y también Estados), y por el desgaste de los sentimientos de benevolencia humana.

Cuando leo las recetas neocon, con todo el respeto, para acabar con el terrorismo en píe de guerra, no termino de ver su eficacia. No sé por qué creo que la solución es más costosa pero mucho más eficaz, el fortalecimiento de nuestros valores…. y que sólo así se podrá plantear cara ciertamente a una neocolonización (aquí todos somos neos) por parte del Islam.

En lo que se refiere al futuro de la democracia, otro apunte interesante para reflexionar:

En lo que respecta a la esperada democratización de Rusia, presenté mi propio modelo ya en 1990 (en un ensayo titulado «Cómo reorganizar Rusia»), un plan para la creación progresiva de estructuras democráticas, empezando por una administración local autónoma y ascendiendo hasta el nivel gubernamental. La actividad de la administración local autónoma en muchos países occidentales es un modelo que yo animo a mis conciudadanos a emular. Mi modelo es distinto del sistema parcialmente parlamentario que domina en Occidente. La existencia de partidos políticos cuya única preocupación es subir al poder no me parece algo positivo, sino todo lo contrario. Hasta el momento, mi propuesta no ha sido recibida con simpatía. Aun así, preferiría ver una futura democracia rusa que una traducción heredada de Occidente.

Para quien quiera leerla entera.

Movimientos sociales o garitos progubernamentales

Soy un estudioso perplejo de la democracia participativa. He de confesar que desde que empezé a trabajar el tema, en 1996, era un defensor apasionado de cualquier forma de participación política paralela al Estado, ya fuera realizada por movimientos sociales, ongs, lobbies o cualquier otro tipo de organización.

A lo largo de estos años he ido perdiendo el candor inicial, aunque teoricamente sigo convencido de la necesidad que tiene la propia democracia de encontrar complementos, vías que le unan más estrechamente a la sociedad, la experiencia me va demostrando como habitualmente estos grupos suelen ser simplemente la «cara social» de organizaciones como partidos políticos, o incluso estados, que tratan de reforzar la labor de su organización matriz.

De ahi que actualmente observe con escepticismo el renacer de la democracia participativa o deliberativa que desde hace unos años ocupa un lugar relevante en las constituciones y en la retórica latinoamericana: Venezuela, Colombia, Bolivia… ahora quizás Ecuador…

Sigo perplejo, convencido de que hay que articular vías reales de participación para convertir a los votantes en ciudadanos, pero no encuentro un ejemplo del que tirar. Cuando lo encuentro, como estas declaraciones de Evo Morales, no hace más que aumentar mi miedo.

«Sólo las Fuerzas Armadas y los movimientos sociales pueden y deben garantizar la verdadera nacionalización de los recursos naturales, no solamente de los hidrocarburos».

Extraños compañeros de viaje.