La ruptura

La ruptura

«Incluso las almas más abiertas y tolerantes, en situación de conflicto, tienden a refugiarse rodeándose de espíritus similares»

Hay historias que tienen tantos protagonistas, que cuesta encontrar alguien objetivo que pueda valorarlas. Yo, aunque solo he formado parte de la historia que cuenta González Ferriz como espectador tangencial, tampoco soy objetivo. Me pasa, imagino que como a cualquiera, que al enterarme de que algo así ha sucedido, se lamenta de no haber sido invitado y no puede evitar preguntarse el por qué. En mi caso se me ocurren tres respuestas: me sobraba la edad, me faltaba el talento o no estaba dentro del espectro ideológico, por amplio que fuera, puede incluso que las tres, aunque no resulte muy alentador.

Al leer La ruptura (Penguin, 2021) uno sabe que está ante un pasaje relevante, que va mucho más allá de la descarga emocional del autor y que logra, a través de la historia de un grupo de amigos y conocidos, ofrecer algunas claves que permiten entender mucho mejor la vida política e intelectual española de la última década. Al leerlo no se puede evitar pensar que nos encontramos ante uno de esos capítulos de la intrahistoria de la que hablaba Unamuno, y que Joe Gould, el vagabundo de la novela de Joseph Mitchell, guardaba como un tesoro en cajas de zapatos en Central Park. La intrahistoria de un grupo de intelectuales que quisieron hacer política, sin conocer el precio que suelen pagar los que, con motivos más o menos nobles, deciden dedicar una parte de su vida, al noble arte de la gestión de lo común.

Es cierto que los protagonistas no pueden quejarse de ignorancia, acaso quizás de ingenuidad. Otros intelectuales antes lo habían intentado con un éxito parecido… y lo habían contado. Quizás la diferencia es que las advertencias venían de experiencias personales, de intelectuales consagrados, que al contar su historia le dieron cierto aire mítico. Ignatieff en Fuego y Cenizas o Vargas Llosa en El pez en el agua cuentan historias parecidas pero este libro reportaje, en el que Ramón también nos habla en primera persona, nos ofrece una visión más de estar por casa, sin duda más realista, de una historia con decenas de protagonistas, mientras pone sobre la mesa una interesante reflexión sobre la naturaleza de la política.

El fracaso de una (re)generación, como apunta el subtitulo, no es sólo la historia de la nueva política sino la historia de la política de toda la vida, impermeable a las influencias externas, más amiga del discurso que del ensayo, y condicionada de manera determinante por las lógicas internas y el quehacer partidista. Unas prácticas a las que el instinto de supervivencia de la nueva política se ha acogido desde muy pronto, sin entender que quizás esa endogamia era parte importante del problema, pero nunca de la solución.

Entre las causas del «fracaso» es posible encontrar algunas generalizables como el exhibicionismo público, con el que twitter nos quita todo lo que una vez nos dio, que genera una obligación de manifestarse públicamente, anulando cualquier atisbo de juicio crítico por el miedo a las lecturas maliciosas que se pudieran hacer, y que termina sustituyendo cualquier idea o reflexión, por meras consignas. Este exhibicionismo propagandístico, en el panóptico partidista, busca a partes iguales influir en la batalla de las ideas y pagar lealmente la confianza recibida. Suelen quedar en el camino el prestigio intelectual acumulado y la institucionalidad exigida a todo cargo público (pagado en ese momento pagan todos los españoles). Es aquí cuando el ser sigue al obrar, y lo que uno dice en público acaba conformando lo que uno piensa en privado, como mecanismo de autodefensa indispensable para seguir viviendo.

Hay en ese adaptarse a la causa, a veces como medio y otras como fin, otra historia conocida, y retratada magistralmente en películas como El ejercicio del poder (2013), en la que la voluntad de hacer una sociedad mejor empuja hacia lo peor al hombre con voluntad de servicio, que se desliza por un tobogán de concesiones, en la que todo se justifica AMDG, hasta que de tanto difuminarla esa causa superior termina por desaparecer, dejando a su impulsor solo, huérfano y desorientado.

Aunque Ramón apela al factor humano, especialmente al de las ambiciones profesionales frustradas o conseguidas, este más bien parece consecuencia y no causa de la ruptura intelectual, poniendo sobre la mesa lo difícil que es convivir con personas que piensan, o se manifiestan, de una manera diferente, y pone de manifiesto que incluso las almas más abiertas y tolerantes, en situación de conflicto tienden a refugiarse rodeándose de espíritus similares.

Quien busque morbo en estas páginas no lo encontrará. Y son muchas las veces que uno está deseando algo más de información, por ejemplo, llama la atención cómo brillan por su ausencia proyectos paralelos ya en marcha en aquellos años y que podían compartir objetivos como los programas de liderazgo público de instituciones como el IESE, la Fundación Rafael del Pino, Deusto o ESADE, donde han terminado recalando algunos de los protagonistas de esta historia, y que, a la luz de los resultados, deberían asumir también parte de ese «fracaso».

Y es esa sensación de fracaso, de punto final, lo que más cuesta entender en el libro. Quizás es un problema de la coyuntura actual, que no anima al optimismo; de la gestión de expectativas de los que pensaron que sería fácil porque tenían la razón de su parte; de no llegar a entender que en política no hay victorias absolutas ni derrotas definitivas; ni que los 40 son los nuevos 30… pero más allá de la melancolía que desprende el autor el lector informado descubrirá en sus páginas un capítulo fructífero de la historia de España, de esos en los que en el último segundo aparece en letras grandes y con mayúsculas un CONTINUARÁ.

 

Publicado en theobjective.com

Experimentos en Twitch y ‘ciclón Ayuso’ en Facebook: así es el 4-M digital

Experimentos en Twitch y ‘ciclón Ayuso’ en Facebook: así es el 4-M digital

Los partidos vuelven a volcarse en sus redes sociales para tratar de llegar a todos los rincones del electorado. Una herramienta que ha ganado peso por la pandemia.

Por J. Bocanegra

El entorno digital lleva años siendo clave en las campañas de los partidos políticos, pero la pandemia ha agudizado más si cabe el peso de las redes sociales en las estrategias ante la imposibilidad de realizar actos masivos con los candidatos. El último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre las elecciones de la Comunidad de Madrid recoge que este tipo de plataformas será el principal medio de seguimiento de la información política entre los electores más jóvenes, algo que no pasa desapercibido en las formaciones, que buscan seducir a este electorado con algunos movimientos poco transitados y otros más explotados en contiendas previas.

Para el 68,6% de los menores de 25 años que el próximo 4 de mayo podrán votar a sus representantes en la región, la primera vía de comunicación sobre los comicios serán las redes. Así lo recogía el CIS publicado esta última semana, elevando esta categoría por encima de la televisión, que se establece como el segundo medio preferido y al que también recurrirá el 59,4%, y muy alejado de la prensa digital (47,3%). También son importantes entre los menores de 35, con casi el 50%, pero por detrás de la tele y los periódicos ‘online’. Las estrategias esbozadas por el momento dejan patente el peso que tienen, aunque no hay señales que apunten a que se puedan expandir mucho más por ahora.

Probablemente, el último gran revulsivo en el sector ha llegado con Twitch, la red para emitir vídeos en directo empleada generalmente por ‘gamers’ y que ahora otros sectores tratan de importar a sus entornos. La plataforma ha entrado en la campaña madrileña, aunque solo dos partidos tienen una cuenta abierta en ella: Vox y Más Madrid. Los primeros se están limitando por el momento a subir sus principales intervenciones públicas y con escaso contenido propio, por lo que hasta la fecha no ha sido una de sus prioridades. El caso del partido que encabeza Mónica García es distinto.

Más Madrid ha tratado recientemente de acercarse. Primero con Íñigo Errejón, fundador de la organización, y ahora, ya en campaña, con el partido optando por charlas con sus candidatos. En las últimas horas, han puesto en marcha un programa que tiene vocación de ser diario y en el que tratarán de exponer los temas que la formación quiere meter en agenda. Por el momento, la acogida ha sido relativamente baja, con poco más de 1.100 seguidores y menos repercusión que Errejón, que empezó en Twitch a finales de enero. La mayoría de sus vídeos no superan las 1.000 visualizaciones.

Fuentes de la campaña digital del partido inciden en que es una apuesta en la que se han volcado y creen que puede ser un formato para profundizar en las cuestiones que quieren poner sobre la mesa. Entienden que con dirigentes con una media de edad inferior a la del resto de partidos, entre los que algunos están ya hechos a la plataforma por dinámicas personales, puede beneficiarles sobre el resto de competidores y elevar Twitch en una herramienta interesante para sus intereses. Durante la campaña, prevén montar colaboraciones con personas influyentes de la plataforma, aunque no precisan con quién.

El ‘ayusismo’

César Calderón, consultor político y CEO de Redlines, tiene muchas dudas de la viabilidad de Twitch en este contexto, por las dificultades para captar audiencias y por la necesidad de hacer un contenido en exclusiva para ella si se quiere rentabilizar con visualizaciones. Iago Moreno, sociólogo especializado en comunicación digital y que ha trabajado como asesor para Más Madrid, cree que está probado que Twitch funciona con otros fines, pero que está por ver su eficacia en comunicación política. «Se está utilizando como antes se usaban los directos de Instagram. Twitch necesita mucha constancia y esto es algo que ha hecho bien Errejón, pero otra cosa es que vaya a llegar a funcionar en campaña para Más Madrid». También algún integrante de las listas de Podemos ha dado sus primeros pasos recientemente.

En la derecha, hay un patrón claro que marca los mensajes: el tirón de Isabel Díaz Ayuso. La repercusión que genera la presidenta parece estar muy por encima de la del resto de candidatos. Según información obtenida por el proyecto de investigación SN-Disorders de la Universidad Complutense, que monitoriza el uso de las redes en periodo electoral con datos obtenidos a través de CrowdTangle, la diferencia es «abismal». En la última semana, los grupos de Facebook favorables al PP han generado 100.000 interacciones dirigidas a la presidenta, por unas 10.000 vinculadas a Pablo Casado. En el caso de Vox, el rol es el inverso: Santiago Abascal ha provocado unas 30.000, por tan solo 5.000 de Rocío Monasterio.

Vox, que en los últimos años se había convertido en el gran agitador y dominador en redes, ha optado por un claro continuismo en esta contienda. Con mensajes agresivos y dirigidos principalmente a la izquierda, sigue apostando por vídeos cortos sobre sus actos cargados de sentido épico con bandas sonoras que bien podrían haberse sacado de ‘Los Vengadores’ y en los que casi siempre se centran en su presidente, dejando en segundo plano a la candidata madrileña, Monasterio.

Fuentes de la formación rechazan comentar sus tácticas, pero la mayoría de sus consignas van dirigidas a polarizar con PSOE y UP, tanto en Twitter como en Instagram, las dos plataformas más empleadas por los partidos españoles junto con Facebook, en la que se concentran capas de mayor edad. Donde no han terminado de despegar es en TikTok, una plataforma a la que muchos apuntaban como clave para el futuro de la comunicación política y a la que Vox se lanzó sin dudarlo, aunque parece haberla dejado aparcada recientemente y no se atisba movimiento vinculado con la Comunidad de Madrid. «España es de los pocos países hispanohablantes cuya vida política no ha saltado a TikTok», comenta Iago Moreno.

Isabel Díaz Ayuso, en una imagen de este viernes. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso, en una imagen de este viernes. (EFE)

El analista observa que la campaña de los de Abascal en redes, como ocurrió en Cataluña, va a estar centrada en trasladar hitos significativos como el del acto de Vallecas: «Van a necesitar mucho la calle, no creo que vayan a tirar mucho más de digitalización de lo que están haciendo». «Tienen poco más que desarrollar«, asegura el experto. El partido lleva meses tratando de incorporarse y simpatizar con el sector de ‘streamers’ y ‘gamers’, en el que arraigan fuertemente postulados vinculados a la derecha, y podrían tratar de incorporarlo a la campaña. En los últimos tiempos, el debate generado por el traslado de figuras del sector a Andorra para pagar menos impuestos ya elevó a Vox como el único partido que respaldaba abiertamente a los implicados, en un claro guiño.

Recientemente, el PP ha dejado claro su interés por moverse también en estos lares, impulsando a cargos del partido para ser entrevistados por ‘streamers’ de éxito ya consolidado, como Teodoro García Egea hizo en las últimas semanas con InfoVlogger, un ‘youtuber’ que ya dedicó un especial en defensa de Díaz Ayuso y en contra de «los voceros del régimen». Varios diputados populares se mueven desde comienzos de la pandemia en charlas que son emitidas en directo en YouTube, muchas de ellas compartidas con homólogos de la formación de Abascal. El objetivo: que en un ecosistema en el que sus ideas proliferan, no se lo lleve todo Vox. Los ‘streamers’, eso sí, no solo son objeto de deseo de la derecha, y un ejemplo de esto fue el mensaje que en Nochebuena dedicó Pedro Sánchez a Ibai Llanos, con un perfil más progresista y 5,6 millones de seguidores en Twitch.

Los populares, más allá de los intentos de saltar a esos espacios, se han decantado por aprovechar el tirón de Díaz Ayuso y centrar gran parte de los mensajes en torno a su figura. Poniendo al servicio de la contienda la maquinaria de un partido con semejante implantación en la región, fuentes de la campaña reconocen que están canalizando el éxito que ha supuesto el ‘ayusismo’ y aprovechando la ola de creación de contenidos ajena al partido que se ha producido en torno a su figura. La formación cuenta en estos momentos con más de 12.600 voluntarios que colaboran en un canal de WhatsApp enviando ideas sobre la campaña: 500 han formado un grupo dedicado exclusivamente a la generación de imágenes y mensajes destinados a ser difundidos en redes sociales.

Más plana es la estrategia en redes de Ángel Gabilondo, el candidato socialista y de largo el más mayor (72) de los presidenciables madrileños. Con una campaña basada en la no confrontación y en la ‘sosería‘, parece mucho más difícil crear un contenido que genere expectación atendiendo a las dinámicas de las distintas plataformas. Ha centrado la apuesta en compartir las intervenciones del exministro de Educación en el día a día en Twitter, Facebook y YouTube. Lo único fuera de lo común es un ‘podcast’ en el que se aborda un tema en cada capítulo y se recogen intervenciones de Gabilondo y otros dirigentes en foros previos.

«Cuando apuestas por una campaña seria, hacerte el gamberro en redes no es lo más recomendable. Es donde más dificultades están teniendo para hacer una campaña estratégica y que llame la atención», reflexiona Rafael Rubio, profesor de Derecho Constitucional de la UCM y que analiza la campaña en el grupo SN-Disorders. «Le está costando encontrar su hueco«, apunta el experto. Enrique Cocero, analista que formó parte del equipo de Soraya Sáenz de Santamaría y CEO de 7-50 Strategy, entiende que mientras que figuras como Díaz Ayuso y Mónica García pueden tener cabida en formatos de ‘streaming’ informales, es mucho más difícil que pase con Gabilondo.

 

Publicado por El Confidencial

¿Agoniza la época oscura del ‘lobby’? Un dilema tras 30 años de vacío legal y opacidad hermética

¿Agoniza la época oscura del ‘lobby’? Un dilema tras 30 años de vacío legal y opacidad hermética

El ‘lobby’ en España atraviesa una dicotomía: su alta profesionalización del lado de las consultoras y agencias, que piden regulación a gritos, choca de frente con la idea del ‘lobbismo’ rancio que sobrevive auspiciado en la falta de transparencia.

Por Alejandro Mata

«Con las leyes pasa como con las salchichas: es mejor no ver cómo se hacen», solía decir el político alemán Otto von Bismarck. ¿Hasta qué punto en España somos conscientes de cómo se hacen las leyes? Un ejemplo: ¿cuánto peso está teniendo el ‘lobby’ inmobiliario en la futura ley de la vivienda? O más concretamente, cuánto de ‘lobby’ hay en que un ministro rechace controlar los precios del alquiler, alegando que la vivienda «es un derecho, pero también un bien de mercado». No hay una respuesta clara, lo único que hay es un agujero legal que lleva 30 años engendrando opacidad. Entre tanto, el ‘lobby’ «nuevo» se ha ido profesionalizando, diferenciándose del ‘lobby’ de «amiguísimo», exigiendo una regulación y dejando atrás el intrusismo y la mala imagen que le persigue. La situación es tal que el propio Gobierno ha anunciado que priorizará la tramitación de la ley que regulará a este colectivo. A España se le presenta una oportunidad: ¿estamos ante el fin del ‘lobby’ a las sombras?, ¿o será otro intento fallido?

Los ejemplos estadounidense y europeo demuestran que la regulación del ‘lobby’ no es el bálsamo de Fierabrás, pero es un paso muy importante. Sin ir más lejos, este mes el ministro de Política Territorial y Función Pública, Miquel Iceta, informó que iba a agilizar la norma que regulará a este colectivo. Un compromiso que se recoge en el IV Plan de Gobierno Abierto y que persigue crear un registro obligatorio de grupos de interés que hagan ‘lobby’ con la Administración del Estado.

Actualmente los servicios de consultoría de ‘lobbing’ mueven en España unos 100 millones de euros al año, si se cuentan los contratos de empresas españolas en el extranjero. Al poner el foco en la Unión Europa, que tiene su propio registro donde aparecen los datos de quienes ejercen esta actividad, allí compañías españolas como Telefónica invierten casi 2 millones de euros al año en hacer ‘lobby’, gastando más que IndraRepsolBBVA o Iberdrola. De hecho, la compañía de telecomunicaciones es la que más veces se ha reunido en Bruselas, de todas las empresas españolas, para ejercer presión.

A escala europea, según el Registro de Transparencia existen 12.320 entidades ‘lobbistas’ de todo tipo; las más mayoritarias son los organismos empresariales y asociaciones con intereses comerciales, que son 6.570. De todas estas entidades, empresas como GoogleMicrosoftFacebook Huawei se sitúan entre las diez compañías que más gastan y más reuniones mantienen para intentar influir en las políticas de la Unión Europea.

Los gigantes tecnológicos, a la toma de Bruselas

Belén Balanyá, cofundadora del Observatorio Europeo de Corporaciones, plantea que más que la nacionalidad de las empresas la clave es la temática. «Los gigantes tecnológicos, que hace una década no estaban tan presentes, han tomado BruselasSu presencia y despliegue son enormes, como se puede ver por la cantidad de dinero que gastan y el número de reuniones con la Comisión».

La experta contextualiza que la UE ha regulado en la última década temas que son clave para el interés de este sector y en el que las empresas han empleado sumas millonarias en campañas para intentar moldear esas regulaciones. «Desde la reforma en 2013 de las leyes de la UE sobre protección de datos han entrado a fondo. Por ejemplo, han empleado muchos recursos en debilitar las propuestas sobre protección de datos. Pero también para evitar multas por evasión de impuestos y comportamientos monopolísticos. El mercado digital único y el ‘copyright’ son otros temas claves«.

Estas cifras, a pesar de estar muy poco detalladas, simbolizan que hay un sector en auge en el que las entidades españolas también están participando y que el desinterés político está entorpeciendo una actividad democrática que necesita ser regulada. La Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI) es la entidad que está capitalizando las principales sinergias de la regulación del sector. María Rosa Rotondo, fundadora y presidenta de la asociación ‘lobbista’, no considera que se deba diferenciar entre ‘lobby’ bueno y malo, porque todo lo que está mal hecho está penado por ley.

«Todo lo que no debe saberse no debe hacerse»

«La regulación va a traer profesionalización, pero no va a erradicar las malas prácticas de la misma manera que la existencia del Código Penal no erradica los crímenes y los asesinatos», plantea que lo que realmente sucederá es que se dará encuadre a una profesión. Señala que esto es algo que en Europa ya no es debate. «Como dijo un coronel, ‘todo lo que no debe saberse no debe hacerse’«, apostilla.

María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)
María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)

«Creo que las instituciones europeas son muy sólidas en la defensa de los intereses europeos. Muchas veces la defensa de nuestros intereses supone tomar decisiones tan contraintuitivas como por ejemplo darle poder a Huawei«. A pesar de eso, la ‘lobbista’ piensa que Bruselas está más que preparada para hacer frente a las contraofensivas norteamericanas y chinas. «Si estas contraofensivas existen es porque Europa legisla a lo bestia».

«Por razones geopolíticas, Bruselas es el centro de la regulación del mundo, por eso todas las empresas tienen sus ojos puestos en Europa»

«Por cuestiones geopolíticas, la Unión Europea se ha convertido en el centro de la regulación del mundo». Rotondo indica que desde hace unos siete años, Europa legisla sobre una enorme cantidad de materias muy complejas, como por ejemplo el Reglamento General de Protección de Datos. «Y estos son normas que afectan a empresas chinas y americanas, por eso todas las empresas tienen que tener sus ojos puestos en Bruselas«.

¿En qué se gasta el dinero el ‘lobby’?

Sin duda, Europa se ha convertido en un gran campo de batalla para el ‘lobby’, el mejor ejemplo se ve en la cantidad de millones que invierten las compañías, asociaciones y gobiernos para influenciar en la política. Los datos europeos muestran una horquilla aproximada de cuánto dinero se gastan las entidades en esto, pero no incluyen un desglose o información que sirva para conocer con más precisión en qué se gasta ese dinero.

María Rosa escribiendo en su libreta. (A. Mata)
María Rosa escribiendo en su libreta. (A. Mata)

«El coste es muy difícil de imputar. Si me voy a Bruselas ¿qué imputo?, ¿el sándwich del aeropuerto? Nadie lo sabe, porque no nos lo han dicho. No hay normas claras que indiquen cómo imputar estos costes», precisa la experta. A pesar de eso, matiza que el dinero no es clave en este asunto; «Ada Colau, antes de ser alcaldesa, cambió la ley hipotecaria sin un duro. No está relacionado el gasto con el éxito».

Según el estudio ‘La Visión Empresarial de los Public Affairs en España‘ realizado por APRI, cuando preguntaron a más de 70 directivos y profesionales del ‘lobby’ si querían ser regulados, el 90% de ellos estaban de acuerdo en que sí.

Este amplio consenso esconde un detalle clave: a diferencia de la Unión Europea o Estados Unidos, donde sí hay incentivos por cumplir con la ley, en España no los hay, por lo que ¿qué es lo que motiva tanto a los ‘lobbistas’ españoles que quieran ser regulados? Literalmente, la mala fama y la mala reputación, «por la falta de transparencia que existe en el sistema. Es algo que llevamos defendiendo desde hace 13 años; si se conoce lo que hacemos, no habrá sospechas sobre nuestra actividad y seremos un colectivo más».

María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)
María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)

Rotondo reconoce que hay algunos grupos que consideran que el hecho de que se conozca su actividad es malo para ellos y se oponen. «Y es normal que a nadie le guste el escrutinio, pero es un peaje muy poco costoso para los enormes beneficios que conseguiríamos, y esta es la vía y la tendencia europea».

Solo hay que pararse y mirar las cifras que manejan las compañías españolas en Europa para entender que hay un sector en auge y que el desinterés político está entorpeciendo una actividad democrática que necesita ser regulada. En España ya ha habido varios intentos, el más importante lo protagonizó Manuel Fraga, que intentó incluir la práctica ‘lobby’ en el artículo 77 de la Constitución española, sin éxito.

El caso Juan Guerra prende la mecha

¿Por qué, tras 30 años, los grupos de influencia todavía no están regulados? «La ausencia de una ley se debe a la dificultad de regularla y a la falta de voluntad. Los impulsos fuertes de regular a los grupos de presión en España se miden por casos de corrupción. Se aprobó la primera PNL cuando estalló el caso Juan Guerra. Cada vez que hay un escándalo vinculado a los favores se impulsa la regulación del ‘lobby’, pero una vez que el escándalo pasa el entusiasmo termina«, critica Rafa Rubio, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense.

«Los impulsos fuertes de regular el ‘lobby’ en España se miden por casos de corrupción»

El experto en Derecho Constitucional piensa que la principal dificultad es la de definir la propia ley y quién hace ‘lobby’. Ante este limbo legal, algunas comunidades autónomas y ayuntamientos han elaborado sus propios reglamentos. Rubio plantea que todas van por el buen camino, pero que en especial destaca la del Ayuntamiento de Madrid porque entiende al ‘lobby’ desde una concepción de participación política y desde ahí afronta una regulación integral.

 Rafa Rubio experto en Derecho Constitucional. (A. Mata)
Rafa Rubio experto en Derecho Constitucional. (A. Mata)

Un error ‘made in USA’

La tendencia global de la regulación del ‘lobby’ se centra en el sujeto y no en el verbo. Este error lo cometió EEUU en 1945 con su regulación y tuvo que anularla el Tribunal Supremo porque discriminaba entre unos y otros actores que trataban de influenciar en la vida política.

«Esto es un problema permanente, porque en el fondo todos somos un poco ‘lobbistas’. Son muchas las personas, organizaciones y empresas que en algún momento de su vida se han interrelacionado con la Administración pública tratando de defender sus intereses. Desde este punto el problema no es definir quién es ‘lobbista’ sino centrarse en quién hace ‘lobby’«.

«En el año 2000 buscabas ‘lobbistas’ en España y te salían dos, José Luis Sanchís y Hazte Oír»

Más allá del ámbito legislativo, Rubio destaca que en España ha habido un cambio exponencial en los últimos años. «En el año 2000 buscabas ‘lobbistas’ en España y te salían dos, José Luis Sanchís y Hazte Oír. Ahora buscas servicio de ‘lobby’ y te salen casi 300 resultados. Ha habido una explosión brutal desde el punto de vista del sector, cada vez hay más gente que se dedica a esto y además hay más gente que lo dice«, sentencia Rubio.

Este cambio de paradigma se ha hecho más notable no solo en las oenegés, que fueron las primeras en entender la situación, sino también en las grandes agencias y consultoras de comunicación en España, que en los últimos siete años han creado un departamento de asuntos públicos y que cada vez contribuyen más a la facturación de esas empresas.

Rafa Rubio ojeando un artículo de El Confidencial. (A. Mata)
Rafa Rubio ojeando un artículo de El Confidencial. (A. Mata)

Daniel Ureña, director general de la consultora de comunicación y asuntos públicos Mas Consulting, cuenta a este medio que fueron la primera consultora que se dio de alta en 2009 en el registro de grupos de interés de la Unión Europea. «Y eso que nuestra actividad en Bruselas no era muy alta». Ureña cree que todo forma parte de un proceso y que tarde o temprano las compañías llegarán a la conclusión de que es beneficioso aparecer en este tipo de registros y abandonar la opacidad.

«El ‘lobby de trabuco’ ha perdido mucha fuerza»

El experto en comunicación afirma que el ‘lobby de trabuco’ (el que está basado en el tráfico de influencias) ha perdido mucha fuerza. «Hicimos un estudio en las penúltimas elecciones generales, vimos que el 60% de los diputados del Congreso eran recién llegados. Esto quiere decir que si tu aval como profesional es conocer a los diputados, pues has perdido mucha fuerza».

Greta Thunberg. (Reuters)
Greta Thunberg. (Reuters)

Si tirar de agenda ya no es tan efectivo, ¿cómo se convence ahora a un político? Ureña es claro, dando información para que el gobernante tenga una visión más amplia y generando un clima de opinión a través de la comunicación. El experto sostiene que el mercado ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, debido al impulso del sector económico, que ha sido clave. Además, pone el ejemplo del caso de Greta Thunberg, como un personaje muy carismático que se ha convertido en una gran ‘lobbista’ que hace campaña en defensa del medioambiente.

Cultura clientelar y desigualdad

Elisa de la Nuez, abogada del Estado en excedencia y coeditora de ‘Hay Derecho‘, sostiene que la experiencia europea es muy burocrática pero iguala las reglas del juego. «Por lo menos, sirve para que todo el mundo pueda tener acceso a los europarlamentarios y quede registrado. Es burocrático y es pesado, pero tiende más a igualar«.

«Hay grandes empresas en España que no tienen necesidad de pasar por ventanilla como todas, eso forma parte de una cultura clientelar»

De la Nuez va más allá, cree que no basta con la regulación, también hay que cambiar de mentalidad. «Hay grandes empresas en España que no tienen necesidad de pasar por ventanilla como todas las demás, eso forma parte de una cultura clientelar. La prueba son las puertas giratorias, es una fuente de desigualdad. Las empresas no pagarían a expolíticos si no fuera difícil acceder», y añade que las empresas que sean pilladas ‘in fraganti’ tienen que tener algún tipo de coste reputacional.

 

Publicado por El Confidencial

¡Madrid, llibertat!

¡Madrid, llibertat!

El equipo estratégico de Díaz Ayuso apuesta por replicar el modelo de discurso del populismo ultranacionalista. Las coincidencias con el argumentario del secesionismo catalán presenta un curioso fenómeno de comunicación política

El pasado 21 de septiembre, Pedro Sánchez visitó la sede de la Comunidad de Madrid como prueba de su voluntad de colaborar institucionalmente con el control de la expansión del virus en la región más castigada de Europa. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, respondió con un discurso ambivalente en el que mostraba su voluntad de llegar a acuerdos pero, a la vez, advertía de que la comunidad no podía ser tratada como el resto, porque era peculiar. Desde el atril, delante de la llamativa hilera de banderas españolas y de la comunidad lanzó su ya popular mensaje de que «Madrid es España dentro de España». En su intervención, concluyó que «tratar a Madrid como al resto de las comunidades es muy injusto».

El discurso de Díaz Ayuso fue objeto de todo tipo de chanzas. La peculiar definición de una injusticia basada en que te traten igual que a los demás tampoco era fácil de asimilar. Sin embargo, en ese momento empezaba a perfilarse una línea de comunicación política que intenta marcar el actual debate público. De la noche a la mañana, el PP madrileño parece haber encontrado una atalaya en la que situarse. Piensa que puede darle una posición ventajosa frente a sus oponentes. La estrategia pasa por replicar la estructura de un discurso nacionalista similar en muchos aspectos cruciales al que ha utilizado hasta la saciedad el movimiento independentista catalán.

El PP ha conseguido extender entre buena parte de sus votantes su posición de un abierto enfrentamiento entre gobierno central y autonómico. De hecho, entre ellos se ha extendido la idea de dos partes enfrentadas a las que se exige buscar una solución. Como explica Rafa Rubio, profesor de comunicación política de la Universidad Complutense, «vamos a seguir encontrándonos la pelea permanente entre dos relatos que utilizan la realidad a su antojo para defender una posición. Cuando hay tantas decisiones entrecruzadas es muy complicado atribuir la responsabilidad a unos u a otros».

El nacionalismo madrileño

Este fin de semana, el periodista Pablo Ordaz recogía en las páginas de El País el testimonio del sociólogo Narciso Michavila, el asesor electoral de Pablo Casado: «Es mi mirada de sociólogo, pero creo que la pandemia ha hecho desde la primera ola que aflore en Madrid un sentimiento que no había aflorado jamás en Madrid, y es un sentimiento de nacionalismo madrileño, provocado en parte por una especie de madrileñofobia que ha podido surgir en el resto de España por temor al contagio. (…) Y yo creo que lo que hace Isabel, y Miguel Ángel Rodríguez, es enarbolar el sentimiento nacionalista».

Efectivamente, todo el trabajo de comunicación desarrollado desde la Puerta del Sol cimenta un discurso basado en un principio conocido de todos: existe en España una región castigada y perseguida por un gobierno central autoritario y antidemocrático ante el que sólo cabe el enfrentamiento abierto en defensa de la libertad, la dignidad y la democracia. Escuchar estos días a Díaz Ayuso supone recordar palabra por palabra las intervenciones de Torra o Puigdemont, cambiando Cataluña por Madrid.

Queda la duda de a quién beneficia la situación actual. Toni Aira, profesor de comunicación política en la UPF Barcelona School of Management, afirma que «esta era la crónica de un estado de alarma anunciado, la teatralización de unos y otros llevaba a pensarlo. Ayuso quería que se le aplicara el estado de alarma para victimizarse y quitarse de encima lo más antipático de la gestión. Se ha mostrado absolutamente incapaz al frente de una crisis de estas dimensiones».

La victimización como elemento movilizador

El principio de victimización, clásico de los nacionalismos excluyentes, pretende extender un impulso de movilización en torno a una serie de símbolos que, supuestamente, se ven amenazados por la vileza y la maldad intrínseca en un poder dictatorial. En el caso catalán lo representaban la Corona y el Gobierno del Estado. Mientras, desde el nacionalismo excluyente madrileño, el enemigo que acecha y ataca es un Gobierno socialcomunista que no conoce límites en su deseo de destruir el propio Estado que debe administrar. Como señala Toni Aira, «es una situación muy esperpéntica y la antítesis de lo que debería ser la acción política y más en tiempos de pandemia».

Al igual que ha ocurrido en Cataluña, el populismo ultranacionalista vive de atribuirse una representación universal que nadie le ha dado. El pacto de los populares con Ciudadanos y la extrema derecha de Vox le permitió a Díaz Ayuso ocupar la presidencia. Desde esa posición ha asumido que lo que ella defiende es lo que los madrileños en su totalidad defienden. Al igual que Puigdemont mantiene que es la voz del pueblo catalán, la presidenta madrileña no duda en mantener que representa a los madrileños en su totalidad. Cabe recordar que el PP en las elecciones autonómicas de Madrid obtuvo el 22% de los votos. Fue apoyado por poco más de 700.000 madrileños. El PSOE fue el partido más votado, por encima del 27% y casi con 900.000 votos. Rafa Rubio cree que «el argumentario del PP reafirma un relato que va mucho más allá del Covid, es decir, la propia utilización de las instituciones por parte del Gobierno».

Atribuirse poderes fuera del marco constitucional

En un esquema idéntico al que sigue el secesionismo catalán, su decisión de imponer un discurso unilateral, lleva al gobierno madrileño a enfrentarse a la legislación vigente que otorga al estado español atribuciones avaladas por la Constitución. La decisión de Pedro Sánchez de aprobar el estado de alarma, ante la negativa de la CAM a seguir las indicaciones del Gobierno, se considera bajo este escenario un acto de opresión y de aplastamiento de los intereses reales de los madrileños que, por supuesto, sólo representa Díaz Ayuso.

Para que este modelo de autoatribuciones funcione son necesarios símbolos que permitan la identificación del grupo dominante. Desde esa perspectiva, la derecha madrileña ha elegido hacer suyas instituciones del Estado en su conjunto, como la figura de Felipe VI. El despertar del sentimiento republicano tras los escándalos hechos públicos protagonizados por el rey emérito sirve de apoyo a un movimiento de defensa de la figura del actual monarca, tan absolutamente innecesario como aparente. La bandera española y el himno nacional pasan a ser los símbolos de una sojuzgada comunidad de Madrid porque, como dijo la presidenta: Madrid es España, dentro de España. Para Toni Aira, «el PP en Madrid ha exacerbado dos tendencias o maneras de hacer política: erigirse siempre como los más liberales pervirtiendo el propio concepto liberal y una especie de nacionalismo madrileño, envueltos permanentemente en la bandera de Madrid».

El conflicto madrileño y el conflicto catalán

Todo lo ocurrido parece haber abierto un «conflicto madrileño» de la misma forma que subsiste el llamado «conflicto catalán». En realidad, en ambos casos, el enfrentamiento surge de la no aceptación de los dos gobiernos autonómicos de la limitación de su poder según la Constitución. Por este motivo, esgrimen con un lenguaje casi idéntico la apertura de un diálogo consistente en que deben ser aceptadas sus posiciones como única alternativa.

La representación de la realidad que pretenden transmitir es sencilla: ellos son los que defienden de verdad a los ciudadanos de sus comunidades, mientras el Gobierno del Estado busca dañarles con saña. No sólo buscan destruirles económicamente, si no que no les importa acabar con la vida de los ciudadanos que los gobiernos autonómicos sí que protegen. La idea que pretende trasladar es que todo lo que viene del Estado maligno y autoritario es negativo para los habitantes de la región, mientras todo el ansiado bienestar proviene de la bondadosa y eficaz administración autonómica.

Ciudadanos en el rol de ERC

Al igual que en el caso catalán, la coalición que sustenta el gobierno autonómico tiene serios rasgos de inconsistencia. Ciudadanos acaba por repetir, para su desgracia, el siempre incómodo rol desempeñado por ERC. Si en Cataluña, Puigdemont acaba por decidir el rumbo de la mayoría independentista, en Madrid, el PP decide con innegociable autoridad lo que hace el gobierno. Ciudadanos superó los 600.000 votos en las elecciones y quedó a menos de 100.000 del PP. Ya nadie parece acordarse.

Ayer mismo, Begoña Villacís, líder de Ciudadanos en el Ayuntamiento de la capital, realizaba unas llamativas declaraciones a los medios en las que mantenía que lo que sucede en la comunidad de Madrid supone «un fracaso de la política» que sólo puede ser superado si las partes en conflicto se sientan a hablar y a acordar soluciones. Sólo le faltó decirlo en inglés: «Sit and talk». Ciudadanos, al igual que ERC, vive en un estrecho habitáculo pese a su amplia representación parlamentaria. No se atreve a enfrentarse abiertamente a Díaz Ayuso para no ser acusado de traición al emergente movimiento ultranacionalista. Tampoco quiere secundar de forma inquebrantable todas las iniciativas del PP para no verse abocado a su desaparición por la inutilidad de su propuesta. Como ERC, es partidario del pacto, pero al final no pacta.

El otro problema que vive Ciudadanos es el de compaginar su papel a nivel nacional con el que desempeña en Madrid como coaligado del gobierno. Rafa Rubio ve que «Ciudadanos ha intentado jugar la misma carta que viene jugando hasta ahora, la de ser el intermediario útil, pero esta es una posición muy compleja cuando se forma parte del Gobierno. Este intento de jugar a hacer de mediador político en Arrimadas funciona, pero en Aguado es difícil de manejar».

El fantasma electoral

Al igual que ocurre en Cataluña, el fantasma electoral sobrevuela sobre la coyuntura actual. En el caso de Madrid, toda la presión actual la tiene Ciudadanos que es es quien sostiene el gobierno de Díaz Ayuso. Tal y como explica Toni Aira: «Ciudadanos parecen ser lo más centristas de la clase, piden sentido común y te vienen a dibujar, con poca lealtad hacia su socio, que si por ellos fuera la cosa se estaría conduciendo de otra manera. Estas diferencias podrían perfectamente no haberlas hecho públicas, como ocurre en otros Gobiernos de coalición, pero quieren ponerse en valor con el fantasma de la posible moción de censura y cuidar la relación con el PSOE».

Algunos analistas quieren ver en el giro ultranacionalista madrileño del PP la posibilidad de forzar un adelanto electoral que le diera una mayoría suficiente para gobernar sin el condicionante de Ciudadanos y adelantando por la derecha a Vox. Parece claro que los populares están marcando la agenda informativa. El actual debate público es el que Díaz Ayuso y sus asesores han buscado. Según Toni Aira, «El PP está encantado con que esto pase y la sobreactuación lo demuestra. Se nota que lo buscaban y, finalmente, cuando les ha caído el premio gordo, están exagerando en la reacción».

Dos frentes fragmentados e indefinidos

La estrategia de Díaz Ayuso y su asesor de cabecera, Miguel Ángel Rodríguez, se apoya en la fijación de dos frentes en conflicto. En realidad, la situación es mucho más compleja. Dentro del PP, no existe un consenso total respecto a que la batalla planteada desde la Puerta del Sol beneficie al PP en su conjunto. Hay quien cree que se trata de posicionar a la presidenta de Madrid como futura candidata a suceder a Pablo Casado y hacerla aparecer como la que mejor puede confrontar con Pedro Sánchez.

Para Vox y Ciudadanos, el actual escenario es más que incómodo. Vox, en Madrid, se queda sin hueco si es el PP el ariete contra el Gobierno de coalición. En toda esta batalla está intentando quedarse al margen colocando la moción de censura de Abascal como su escenario ideal. Ciudadanos vive su particular penitencia. Nada bueno va a obtener de la actual conflagración. Su papel queda desfigurado y sin un rol significativo.

Para Pedro Sánchez, el «conflicto madrileño» choca abiertamente con su propuesta de una respuesta unitaria frente a la emergencia sanitaria y económica. Dos no acuerdan si uno no quiere. Parece claro que la derecha no va a facilitar una posición de consenso nacional en los tiempos actuales. Unidas Podemos necesita tener su propio espacio político. La tensión existente le permite asumir un papel más relevante en sus manifestaciones públicas, aunque, por contra, tiene que resistir un ataque permanente al ser utilizado como flanco prioritario de las embestidas contra el Gobierno de coalición.

Por José Miguel Contreras y Eva Baroja
Publicado por eldiario.es
La comunicación política «es como el maquillaje», indican los expertos

La comunicación política «es como el maquillaje», indican los expertos

«Trata de ocultar aquello que no queremos que se note y destacar lo que más nos favorece», explican los consultores

Por J.M. Requena

La comunicación política «es como el maquillaje», ya que «trata de ocultar aquello de lo que no queremos que se hable y destacar lo que más nos favorece». Así lo explicó ayer Rafael Rubio, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y consultor político en una charla, dentro de los Encuentros de la Juventud de Cabueñes, con Fátima Micheo, exsubsecretaria de Comunicación de Presidencia del Gobierno de la República Argentina. «Es un juego permanente para tratar de destacar lo bueno y hacer pasar desapercibido lo malo, eso es crear agenda política: que se hable de los temas que más nos favorecen, en los que estamos más a gusto, con los que más nos identificamos y nos puedan hacer ganar más votos», incidió Rubio en el coloquio, moderado por el redactor jefe de LA NUEVA ESPAÑA Eduardo Lagar. Cuando no se puede lograr, los gabinetes de comunicación tratan de lanzar «cortinas de humo» con temas que perjudiquen menos al político y que puedan desviar la atención.

Rubio se mostró «dispuesto a trabajar con cualquiera, me caiga bien o mal, siempre que, de salir bien la estrategia, no fuera un perjuicio para la sociedad». Y remarcó que «el único que audita es el mercado, pero a veces premia la falta de honestidad». Para Micheo, «la comunicación política busca el consenso, explicar las medidas del gobierno y generar entendimiento, aceptación y no enfrentamiento», con lo que «debemos trabajar para que se entienda por qué hacemos lo que hacemos».

No obstante, indicó que «se están acelerando tanto los tiempos en la toma de decisiones que se complican mucho el diseño de las políticas y su comunicación». «El denominador común de las políticas de comunicación es el caos: tenemos estrategias de comunicación, sabemos qué tenemos que transmitir, pero después no es tan fácil porque hay pocas ventanas de oportunidad para comunicar lo que queremos», indicó. «Los dirigentes acostumbran a gastar más tiempo respondiendo a los ataques que les llegan», remató.

Publicado por La Nueva España