¿Agoniza la época oscura del ‘lobby’? Un dilema tras 30 años de vacío legal y opacidad hermética

¿Agoniza la época oscura del ‘lobby’? Un dilema tras 30 años de vacío legal y opacidad hermética

El ‘lobby’ en España atraviesa una dicotomía: su alta profesionalización del lado de las consultoras y agencias, que piden regulación a gritos, choca de frente con la idea del ‘lobbismo’ rancio que sobrevive auspiciado en la falta de transparencia.

Por Alejandro Mata

“Con las leyes pasa como con las salchichas: es mejor no ver cómo se hacen”, solía decir el político alemán Otto von Bismarck. ¿Hasta qué punto en España somos conscientes de cómo se hacen las leyes? Un ejemplo: ¿cuánto peso está teniendo el ‘lobby’ inmobiliario en la futura ley de la vivienda? O más concretamente, cuánto de ‘lobby’ hay en que un ministro rechace controlar los precios del alquiler, alegando que la vivienda “es un derecho, pero también un bien de mercado”. No hay una respuesta clara, lo único que hay es un agujero legal que lleva 30 años engendrando opacidad. Entre tanto, el ‘lobby’ “nuevo” se ha ido profesionalizando, diferenciándose del ‘lobby’ de “amiguísimo”, exigiendo una regulación y dejando atrás el intrusismo y la mala imagen que le persigue. La situación es tal que el propio Gobierno ha anunciado que priorizará la tramitación de la ley que regulará a este colectivo. A España se le presenta una oportunidad: ¿estamos ante el fin del ‘lobby’ a las sombras?, ¿o será otro intento fallido?

Los ejemplos estadounidense y europeo demuestran que la regulación del ‘lobby’ no es el bálsamo de Fierabrás, pero es un paso muy importante. Sin ir más lejos, este mes el ministro de Política Territorial y Función Pública, Miquel Iceta, informó que iba a agilizar la norma que regulará a este colectivo. Un compromiso que se recoge en el IV Plan de Gobierno Abierto y que persigue crear un registro obligatorio de grupos de interés que hagan ‘lobby’ con la Administración del Estado.

Actualmente los servicios de consultoría de ‘lobbing’ mueven en España unos 100 millones de euros al año, si se cuentan los contratos de empresas españolas en el extranjero. Al poner el foco en la Unión Europa, que tiene su propio registro donde aparecen los datos de quienes ejercen esta actividad, allí compañías españolas como Telefónica invierten casi 2 millones de euros al año en hacer ‘lobby’, gastando más que IndraRepsolBBVA o Iberdrola. De hecho, la compañía de telecomunicaciones es la que más veces se ha reunido en Bruselas, de todas las empresas españolas, para ejercer presión.

A escala europea, según el Registro de Transparencia existen 12.320 entidades ‘lobbistas’ de todo tipo; las más mayoritarias son los organismos empresariales y asociaciones con intereses comerciales, que son 6.570. De todas estas entidades, empresas como GoogleMicrosoftFacebook Huawei se sitúan entre las diez compañías que más gastan y más reuniones mantienen para intentar influir en las políticas de la Unión Europea.

Los gigantes tecnológicos, a la toma de Bruselas

Belén Balanyá, cofundadora del Observatorio Europeo de Corporaciones, plantea que más que la nacionalidad de las empresas la clave es la temática. “Los gigantes tecnológicos, que hace una década no estaban tan presentes, han tomado BruselasSu presencia y despliegue son enormes, como se puede ver por la cantidad de dinero que gastan y el número de reuniones con la Comisión”.

La experta contextualiza que la UE ha regulado en la última década temas que son clave para el interés de este sector y en el que las empresas han empleado sumas millonarias en campañas para intentar moldear esas regulaciones. “Desde la reforma en 2013 de las leyes de la UE sobre protección de datos han entrado a fondo. Por ejemplo, han empleado muchos recursos en debilitar las propuestas sobre protección de datos. Pero también para evitar multas por evasión de impuestos y comportamientos monopolísticos. El mercado digital único y el ‘copyright’ son otros temas claves“.

Estas cifras, a pesar de estar muy poco detalladas, simbolizan que hay un sector en auge en el que las entidades españolas también están participando y que el desinterés político está entorpeciendo una actividad democrática que necesita ser regulada. La Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI) es la entidad que está capitalizando las principales sinergias de la regulación del sector. María Rosa Rotondo, fundadora y presidenta de la asociación ‘lobbista’, no considera que se deba diferenciar entre ‘lobby’ bueno y malo, porque todo lo que está mal hecho está penado por ley.

“Todo lo que no debe saberse no debe hacerse”

“La regulación va a traer profesionalización, pero no va a erradicar las malas prácticas de la misma manera que la existencia del Código Penal no erradica los crímenes y los asesinatos”, plantea que lo que realmente sucederá es que se dará encuadre a una profesión. Señala que esto es algo que en Europa ya no es debate. “Como dijo un coronel, ‘todo lo que no debe saberse no debe hacerse’“, apostilla.

María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)
María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)

“Creo que las instituciones europeas son muy sólidas en la defensa de los intereses europeos. Muchas veces la defensa de nuestros intereses supone tomar decisiones tan contraintuitivas como por ejemplo darle poder a Huawei“. A pesar de eso, la ‘lobbista’ piensa que Bruselas está más que preparada para hacer frente a las contraofensivas norteamericanas y chinas. “Si estas contraofensivas existen es porque Europa legisla a lo bestia”.

“Por razones geopolíticas, Bruselas es el centro de la regulación del mundo, por eso todas las empresas tienen sus ojos puestos en Europa”

“Por cuestiones geopolíticas, la Unión Europea se ha convertido en el centro de la regulación del mundo”. Rotondo indica que desde hace unos siete años, Europa legisla sobre una enorme cantidad de materias muy complejas, como por ejemplo el Reglamento General de Protección de Datos. “Y estos son normas que afectan a empresas chinas y americanas, por eso todas las empresas tienen que tener sus ojos puestos en Bruselas“.

¿En qué se gasta el dinero el ‘lobby’?

Sin duda, Europa se ha convertido en un gran campo de batalla para el ‘lobby’, el mejor ejemplo se ve en la cantidad de millones que invierten las compañías, asociaciones y gobiernos para influenciar en la política. Los datos europeos muestran una horquilla aproximada de cuánto dinero se gastan las entidades en esto, pero no incluyen un desglose o información que sirva para conocer con más precisión en qué se gasta ese dinero.

María Rosa escribiendo en su libreta. (A. Mata)
María Rosa escribiendo en su libreta. (A. Mata)

“El coste es muy difícil de imputar. Si me voy a Bruselas ¿qué imputo?, ¿el sándwich del aeropuerto? Nadie lo sabe, porque no nos lo han dicho. No hay normas claras que indiquen cómo imputar estos costes”, precisa la experta. A pesar de eso, matiza que el dinero no es clave en este asunto; “Ada Colau, antes de ser alcaldesa, cambió la ley hipotecaria sin un duro. No está relacionado el gasto con el éxito”.

Según el estudio ‘La Visión Empresarial de los Public Affairs en España‘ realizado por APRI, cuando preguntaron a más de 70 directivos y profesionales del ‘lobby’ si querían ser regulados, el 90% de ellos estaban de acuerdo en que sí.

Este amplio consenso esconde un detalle clave: a diferencia de la Unión Europea o Estados Unidos, donde sí hay incentivos por cumplir con la ley, en España no los hay, por lo que ¿qué es lo que motiva tanto a los ‘lobbistas’ españoles que quieran ser regulados? Literalmente, la mala fama y la mala reputación, “por la falta de transparencia que existe en el sistema. Es algo que llevamos defendiendo desde hace 13 años; si se conoce lo que hacemos, no habrá sospechas sobre nuestra actividad y seremos un colectivo más”.

María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)
María Rosa Rotondo, presidenta de APRI. (A. Mata)

Rotondo reconoce que hay algunos grupos que consideran que el hecho de que se conozca su actividad es malo para ellos y se oponen. “Y es normal que a nadie le guste el escrutinio, pero es un peaje muy poco costoso para los enormes beneficios que conseguiríamos, y esta es la vía y la tendencia europea”.

Solo hay que pararse y mirar las cifras que manejan las compañías españolas en Europa para entender que hay un sector en auge y que el desinterés político está entorpeciendo una actividad democrática que necesita ser regulada. En España ya ha habido varios intentos, el más importante lo protagonizó Manuel Fraga, que intentó incluir la práctica ‘lobby’ en el artículo 77 de la Constitución española, sin éxito.

El caso Juan Guerra prende la mecha

¿Por qué, tras 30 años, los grupos de influencia todavía no están regulados? “La ausencia de una ley se debe a la dificultad de regularla y a la falta de voluntad. Los impulsos fuertes de regular a los grupos de presión en España se miden por casos de corrupción. Se aprobó la primera PNL cuando estalló el caso Juan Guerra. Cada vez que hay un escándalo vinculado a los favores se impulsa la regulación del ‘lobby’, pero una vez que el escándalo pasa el entusiasmo termina“, critica Rafa Rubio, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense.

“Los impulsos fuertes de regular el ‘lobby’ en España se miden por casos de corrupción”

El experto en Derecho Constitucional piensa que la principal dificultad es la de definir la propia ley y quién hace ‘lobby’. Ante este limbo legal, algunas comunidades autónomas y ayuntamientos han elaborado sus propios reglamentos. Rubio plantea que todas van por el buen camino, pero que en especial destaca la del Ayuntamiento de Madrid porque entiende al ‘lobby’ desde una concepción de participación política y desde ahí afronta una regulación integral.

 Rafa Rubio experto en Derecho Constitucional. (A. Mata)
Rafa Rubio experto en Derecho Constitucional. (A. Mata)

Un error ‘made in USA’

La tendencia global de la regulación del ‘lobby’ se centra en el sujeto y no en el verbo. Este error lo cometió EEUU en 1945 con su regulación y tuvo que anularla el Tribunal Supremo porque discriminaba entre unos y otros actores que trataban de influenciar en la vida política.

“Esto es un problema permanente, porque en el fondo todos somos un poco ‘lobbistas’. Son muchas las personas, organizaciones y empresas que en algún momento de su vida se han interrelacionado con la Administración pública tratando de defender sus intereses. Desde este punto el problema no es definir quién es ‘lobbista’ sino centrarse en quién hace ‘lobby’“.

“En el año 2000 buscabas ‘lobbistas’ en España y te salían dos, José Luis Sanchís y Hazte Oír”

Más allá del ámbito legislativo, Rubio destaca que en España ha habido un cambio exponencial en los últimos años. “En el año 2000 buscabas ‘lobbistas’ en España y te salían dos, José Luis Sanchís y Hazte Oír. Ahora buscas servicio de ‘lobby’ y te salen casi 300 resultados. Ha habido una explosión brutal desde el punto de vista del sector, cada vez hay más gente que se dedica a esto y además hay más gente que lo dice“, sentencia Rubio.

Este cambio de paradigma se ha hecho más notable no solo en las oenegés, que fueron las primeras en entender la situación, sino también en las grandes agencias y consultoras de comunicación en España, que en los últimos siete años han creado un departamento de asuntos públicos y que cada vez contribuyen más a la facturación de esas empresas.

Rafa Rubio ojeando un artículo de El Confidencial. (A. Mata)
Rafa Rubio ojeando un artículo de El Confidencial. (A. Mata)

Daniel Ureña, director general de la consultora de comunicación y asuntos públicos Mas Consulting, cuenta a este medio que fueron la primera consultora que se dio de alta en 2009 en el registro de grupos de interés de la Unión Europea. “Y eso que nuestra actividad en Bruselas no era muy alta”. Ureña cree que todo forma parte de un proceso y que tarde o temprano las compañías llegarán a la conclusión de que es beneficioso aparecer en este tipo de registros y abandonar la opacidad.

“El ‘lobby de trabuco’ ha perdido mucha fuerza”

El experto en comunicación afirma que el ‘lobby de trabuco’ (el que está basado en el tráfico de influencias) ha perdido mucha fuerza. “Hicimos un estudio en las penúltimas elecciones generales, vimos que el 60% de los diputados del Congreso eran recién llegados. Esto quiere decir que si tu aval como profesional es conocer a los diputados, pues has perdido mucha fuerza”.

Greta Thunberg. (Reuters)
Greta Thunberg. (Reuters)

Si tirar de agenda ya no es tan efectivo, ¿cómo se convence ahora a un político? Ureña es claro, dando información para que el gobernante tenga una visión más amplia y generando un clima de opinión a través de la comunicación. El experto sostiene que el mercado ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, debido al impulso del sector económico, que ha sido clave. Además, pone el ejemplo del caso de Greta Thunberg, como un personaje muy carismático que se ha convertido en una gran ‘lobbista’ que hace campaña en defensa del medioambiente.

Cultura clientelar y desigualdad

Elisa de la Nuez, abogada del Estado en excedencia y coeditora de ‘Hay Derecho‘, sostiene que la experiencia europea es muy burocrática pero iguala las reglas del juego. “Por lo menos, sirve para que todo el mundo pueda tener acceso a los europarlamentarios y quede registrado. Es burocrático y es pesado, pero tiende más a igualar“.

“Hay grandes empresas en España que no tienen necesidad de pasar por ventanilla como todas, eso forma parte de una cultura clientelar”

De la Nuez va más allá, cree que no basta con la regulación, también hay que cambiar de mentalidad. “Hay grandes empresas en España que no tienen necesidad de pasar por ventanilla como todas las demás, eso forma parte de una cultura clientelar. La prueba son las puertas giratorias, es una fuente de desigualdad. Las empresas no pagarían a expolíticos si no fuera difícil acceder”, y añade que las empresas que sean pilladas ‘in fraganti’ tienen que tener algún tipo de coste reputacional.

 

Publicado por El Confidencial

¡Madrid, llibertat!

¡Madrid, llibertat!

El equipo estratégico de Díaz Ayuso apuesta por replicar el modelo de discurso del populismo ultranacionalista. Las coincidencias con el argumentario del secesionismo catalán presenta un curioso fenómeno de comunicación política

El pasado 21 de septiembre, Pedro Sánchez visitó la sede de la Comunidad de Madrid como prueba de su voluntad de colaborar institucionalmente con el control de la expansión del virus en la región más castigada de Europa. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, respondió con un discurso ambivalente en el que mostraba su voluntad de llegar a acuerdos pero, a la vez, advertía de que la comunidad no podía ser tratada como el resto, porque era peculiar. Desde el atril, delante de la llamativa hilera de banderas españolas y de la comunidad lanzó su ya popular mensaje de que “Madrid es España dentro de España”. En su intervención, concluyó que “tratar a Madrid como al resto de las comunidades es muy injusto”.

El discurso de Díaz Ayuso fue objeto de todo tipo de chanzas. La peculiar definición de una injusticia basada en que te traten igual que a los demás tampoco era fácil de asimilar. Sin embargo, en ese momento empezaba a perfilarse una línea de comunicación política que intenta marcar el actual debate público. De la noche a la mañana, el PP madrileño parece haber encontrado una atalaya en la que situarse. Piensa que puede darle una posición ventajosa frente a sus oponentes. La estrategia pasa por replicar la estructura de un discurso nacionalista similar en muchos aspectos cruciales al que ha utilizado hasta la saciedad el movimiento independentista catalán.

El PP ha conseguido extender entre buena parte de sus votantes su posición de un abierto enfrentamiento entre gobierno central y autonómico. De hecho, entre ellos se ha extendido la idea de dos partes enfrentadas a las que se exige buscar una solución. Como explica Rafa Rubio, profesor de comunicación política de la Universidad Complutense, “vamos a seguir encontrándonos la pelea permanente entre dos relatos que utilizan la realidad a su antojo para defender una posición. Cuando hay tantas decisiones entrecruzadas es muy complicado atribuir la responsabilidad a unos u a otros”.

El nacionalismo madrileño

Este fin de semana, el periodista Pablo Ordaz recogía en las páginas de El País el testimonio del sociólogo Narciso Michavila, el asesor electoral de Pablo Casado: “Es mi mirada de sociólogo, pero creo que la pandemia ha hecho desde la primera ola que aflore en Madrid un sentimiento que no había aflorado jamás en Madrid, y es un sentimiento de nacionalismo madrileño, provocado en parte por una especie de madrileñofobia que ha podido surgir en el resto de España por temor al contagio. (…) Y yo creo que lo que hace Isabel, y Miguel Ángel Rodríguez, es enarbolar el sentimiento nacionalista”.

Efectivamente, todo el trabajo de comunicación desarrollado desde la Puerta del Sol cimenta un discurso basado en un principio conocido de todos: existe en España una región castigada y perseguida por un gobierno central autoritario y antidemocrático ante el que sólo cabe el enfrentamiento abierto en defensa de la libertad, la dignidad y la democracia. Escuchar estos días a Díaz Ayuso supone recordar palabra por palabra las intervenciones de Torra o Puigdemont, cambiando Cataluña por Madrid.

Queda la duda de a quién beneficia la situación actual. Toni Aira, profesor de comunicación política en la UPF Barcelona School of Management, afirma que “esta era la crónica de un estado de alarma anunciado, la teatralización de unos y otros llevaba a pensarlo. Ayuso quería que se le aplicara el estado de alarma para victimizarse y quitarse de encima lo más antipático de la gestión. Se ha mostrado absolutamente incapaz al frente de una crisis de estas dimensiones”.

La victimización como elemento movilizador

El principio de victimización, clásico de los nacionalismos excluyentes, pretende extender un impulso de movilización en torno a una serie de símbolos que, supuestamente, se ven amenazados por la vileza y la maldad intrínseca en un poder dictatorial. En el caso catalán lo representaban la Corona y el Gobierno del Estado. Mientras, desde el nacionalismo excluyente madrileño, el enemigo que acecha y ataca es un Gobierno socialcomunista que no conoce límites en su deseo de destruir el propio Estado que debe administrar. Como señala Toni Aira, “es una situación muy esperpéntica y la antítesis de lo que debería ser la acción política y más en tiempos de pandemia”.

Al igual que ha ocurrido en Cataluña, el populismo ultranacionalista vive de atribuirse una representación universal que nadie le ha dado. El pacto de los populares con Ciudadanos y la extrema derecha de Vox le permitió a Díaz Ayuso ocupar la presidencia. Desde esa posición ha asumido que lo que ella defiende es lo que los madrileños en su totalidad defienden. Al igual que Puigdemont mantiene que es la voz del pueblo catalán, la presidenta madrileña no duda en mantener que representa a los madrileños en su totalidad. Cabe recordar que el PP en las elecciones autonómicas de Madrid obtuvo el 22% de los votos. Fue apoyado por poco más de 700.000 madrileños. El PSOE fue el partido más votado, por encima del 27% y casi con 900.000 votos. Rafa Rubio cree que “el argumentario del PP reafirma un relato que va mucho más allá del Covid, es decir, la propia utilización de las instituciones por parte del Gobierno”.

Atribuirse poderes fuera del marco constitucional

En un esquema idéntico al que sigue el secesionismo catalán, su decisión de imponer un discurso unilateral, lleva al gobierno madrileño a enfrentarse a la legislación vigente que otorga al estado español atribuciones avaladas por la Constitución. La decisión de Pedro Sánchez de aprobar el estado de alarma, ante la negativa de la CAM a seguir las indicaciones del Gobierno, se considera bajo este escenario un acto de opresión y de aplastamiento de los intereses reales de los madrileños que, por supuesto, sólo representa Díaz Ayuso.

Para que este modelo de autoatribuciones funcione son necesarios símbolos que permitan la identificación del grupo dominante. Desde esa perspectiva, la derecha madrileña ha elegido hacer suyas instituciones del Estado en su conjunto, como la figura de Felipe VI. El despertar del sentimiento republicano tras los escándalos hechos públicos protagonizados por el rey emérito sirve de apoyo a un movimiento de defensa de la figura del actual monarca, tan absolutamente innecesario como aparente. La bandera española y el himno nacional pasan a ser los símbolos de una sojuzgada comunidad de Madrid porque, como dijo la presidenta: Madrid es España, dentro de España. Para Toni Aira, “el PP en Madrid ha exacerbado dos tendencias o maneras de hacer política: erigirse siempre como los más liberales pervirtiendo el propio concepto liberal y una especie de nacionalismo madrileño, envueltos permanentemente en la bandera de Madrid”.

El conflicto madrileño y el conflicto catalán

Todo lo ocurrido parece haber abierto un “conflicto madrileño” de la misma forma que subsiste el llamado “conflicto catalán”. En realidad, en ambos casos, el enfrentamiento surge de la no aceptación de los dos gobiernos autonómicos de la limitación de su poder según la Constitución. Por este motivo, esgrimen con un lenguaje casi idéntico la apertura de un diálogo consistente en que deben ser aceptadas sus posiciones como única alternativa.

La representación de la realidad que pretenden transmitir es sencilla: ellos son los que defienden de verdad a los ciudadanos de sus comunidades, mientras el Gobierno del Estado busca dañarles con saña. No sólo buscan destruirles económicamente, si no que no les importa acabar con la vida de los ciudadanos que los gobiernos autonómicos sí que protegen. La idea que pretende trasladar es que todo lo que viene del Estado maligno y autoritario es negativo para los habitantes de la región, mientras todo el ansiado bienestar proviene de la bondadosa y eficaz administración autonómica.

Ciudadanos en el rol de ERC

Al igual que en el caso catalán, la coalición que sustenta el gobierno autonómico tiene serios rasgos de inconsistencia. Ciudadanos acaba por repetir, para su desgracia, el siempre incómodo rol desempeñado por ERC. Si en Cataluña, Puigdemont acaba por decidir el rumbo de la mayoría independentista, en Madrid, el PP decide con innegociable autoridad lo que hace el gobierno. Ciudadanos superó los 600.000 votos en las elecciones y quedó a menos de 100.000 del PP. Ya nadie parece acordarse.

Ayer mismo, Begoña Villacís, líder de Ciudadanos en el Ayuntamiento de la capital, realizaba unas llamativas declaraciones a los medios en las que mantenía que lo que sucede en la comunidad de Madrid supone “un fracaso de la política” que sólo puede ser superado si las partes en conflicto se sientan a hablar y a acordar soluciones. Sólo le faltó decirlo en inglés: “Sit and talk”. Ciudadanos, al igual que ERC, vive en un estrecho habitáculo pese a su amplia representación parlamentaria. No se atreve a enfrentarse abiertamente a Díaz Ayuso para no ser acusado de traición al emergente movimiento ultranacionalista. Tampoco quiere secundar de forma inquebrantable todas las iniciativas del PP para no verse abocado a su desaparición por la inutilidad de su propuesta. Como ERC, es partidario del pacto, pero al final no pacta.

El otro problema que vive Ciudadanos es el de compaginar su papel a nivel nacional con el que desempeña en Madrid como coaligado del gobierno. Rafa Rubio ve que “Ciudadanos ha intentado jugar la misma carta que viene jugando hasta ahora, la de ser el intermediario útil, pero esta es una posición muy compleja cuando se forma parte del Gobierno. Este intento de jugar a hacer de mediador político en Arrimadas funciona, pero en Aguado es difícil de manejar”.

El fantasma electoral

Al igual que ocurre en Cataluña, el fantasma electoral sobrevuela sobre la coyuntura actual. En el caso de Madrid, toda la presión actual la tiene Ciudadanos que es es quien sostiene el gobierno de Díaz Ayuso. Tal y como explica Toni Aira: “Ciudadanos parecen ser lo más centristas de la clase, piden sentido común y te vienen a dibujar, con poca lealtad hacia su socio, que si por ellos fuera la cosa se estaría conduciendo de otra manera. Estas diferencias podrían perfectamente no haberlas hecho públicas, como ocurre en otros Gobiernos de coalición, pero quieren ponerse en valor con el fantasma de la posible moción de censura y cuidar la relación con el PSOE”.

Algunos analistas quieren ver en el giro ultranacionalista madrileño del PP la posibilidad de forzar un adelanto electoral que le diera una mayoría suficiente para gobernar sin el condicionante de Ciudadanos y adelantando por la derecha a Vox. Parece claro que los populares están marcando la agenda informativa. El actual debate público es el que Díaz Ayuso y sus asesores han buscado. Según Toni Aira, “El PP está encantado con que esto pase y la sobreactuación lo demuestra. Se nota que lo buscaban y, finalmente, cuando les ha caído el premio gordo, están exagerando en la reacción”.

Dos frentes fragmentados e indefinidos

La estrategia de Díaz Ayuso y su asesor de cabecera, Miguel Ángel Rodríguez, se apoya en la fijación de dos frentes en conflicto. En realidad, la situación es mucho más compleja. Dentro del PP, no existe un consenso total respecto a que la batalla planteada desde la Puerta del Sol beneficie al PP en su conjunto. Hay quien cree que se trata de posicionar a la presidenta de Madrid como futura candidata a suceder a Pablo Casado y hacerla aparecer como la que mejor puede confrontar con Pedro Sánchez.

Para Vox y Ciudadanos, el actual escenario es más que incómodo. Vox, en Madrid, se queda sin hueco si es el PP el ariete contra el Gobierno de coalición. En toda esta batalla está intentando quedarse al margen colocando la moción de censura de Abascal como su escenario ideal. Ciudadanos vive su particular penitencia. Nada bueno va a obtener de la actual conflagración. Su papel queda desfigurado y sin un rol significativo.

Para Pedro Sánchez, el “conflicto madrileño” choca abiertamente con su propuesta de una respuesta unitaria frente a la emergencia sanitaria y económica. Dos no acuerdan si uno no quiere. Parece claro que la derecha no va a facilitar una posición de consenso nacional en los tiempos actuales. Unidas Podemos necesita tener su propio espacio político. La tensión existente le permite asumir un papel más relevante en sus manifestaciones públicas, aunque, por contra, tiene que resistir un ataque permanente al ser utilizado como flanco prioritario de las embestidas contra el Gobierno de coalición.

Por José Miguel Contreras y Eva Baroja
Publicado por eldiario.es
La hora de la 1

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La comunicación política “es como el maquillaje”, indican los expertos

La comunicación política “es como el maquillaje”, indican los expertos

“Trata de ocultar aquello que no queremos que se note y destacar lo que más nos favorece”, explican los consultores

Por J.M. Requena

La comunicación política “es como el maquillaje”, ya que “trata de ocultar aquello de lo que no queremos que se hable y destacar lo que más nos favorece”. Así lo explicó ayer Rafael Rubio, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y consultor político en una charla, dentro de los Encuentros de la Juventud de Cabueñes, con Fátima Micheo, exsubsecretaria de Comunicación de Presidencia del Gobierno de la República Argentina. “Es un juego permanente para tratar de destacar lo bueno y hacer pasar desapercibido lo malo, eso es crear agenda política: que se hable de los temas que más nos favorecen, en los que estamos más a gusto, con los que más nos identificamos y nos puedan hacer ganar más votos”, incidió Rubio en el coloquio, moderado por el redactor jefe de LA NUEVA ESPAÑA Eduardo Lagar. Cuando no se puede lograr, los gabinetes de comunicación tratan de lanzar “cortinas de humo” con temas que perjudiquen menos al político y que puedan desviar la atención.

Rubio se mostró “dispuesto a trabajar con cualquiera, me caiga bien o mal, siempre que, de salir bien la estrategia, no fuera un perjuicio para la sociedad”. Y remarcó que “el único que audita es el mercado, pero a veces premia la falta de honestidad”. Para Micheo, “la comunicación política busca el consenso, explicar las medidas del gobierno y generar entendimiento, aceptación y no enfrentamiento”, con lo que “debemos trabajar para que se entienda por qué hacemos lo que hacemos”.

No obstante, indicó que “se están acelerando tanto los tiempos en la toma de decisiones que se complican mucho el diseño de las políticas y su comunicación”. “El denominador común de las políticas de comunicación es el caos: tenemos estrategias de comunicación, sabemos qué tenemos que transmitir, pero después no es tan fácil porque hay pocas ventanas de oportunidad para comunicar lo que queremos”, indicó. “Los dirigentes acostumbran a gastar más tiempo respondiendo a los ataques que les llegan”, remató.

Publicado por La Nueva España